Whiplash

Bombo, platillo y alma

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Tienes fe en la música. Sabes que dedicándote al 150% puedes conseguir algo. Sólo necesitas bombo, caja, timbal, snare, crash y charles: una batería; el resto lo pone tú. Sabes que contando con estas herramientas puedes convertirte en una leyenda, en un mito de la música, en una pequeña parte de la historia; pero no todo el mundo lo ve, y ahí es donde surge el miedo. Parte de tu entorno duda de tu supuesto «virtuosismo», piensan que has llegado al límite y no tienes la pasta necesaria para llegar a algo más que tocar con los dedos la sombra de los grandes. «No llegarás a nada», «no eres Buddy Rich ni Gene Krupa». «Olvídate del Bird Charlie Parker». «Esto es un hobbie» dicen, un capricho. Una forma más de llamar la atención ante un mundo que te mantiene en un plano secundario, teniendo poco en cuenta tanto tu recorrido como tus propios sentimientos. Son los mismos que te etiquetan como «el típico chaval que tiene dudas acerca de su futuro», y que prefiere tocar la batería para aislarse en detrimento de tomar decisiones de importancia en su vida. ¿Ese eres realmente tú?

Lo único que sabes es que cuando suena la música te conviertes en otra persona. Ganas en ambición y en carisma, transformas tu propio yo en una bestia compleja que multiplica sus brazos cual monstruo mitológico para crear un sonido bello y profundo. No tocas, te dejas guiar por el corazón. Dios, si es que existe, ha descendido para transformarte en un ente magnífico a los mandos de, para muchos, un mero instrumento de acompañamiento (insensatos). Desciendes a tu estado más primario para encontrar ahí la sensibilidad del ritmo, la armonía del instante, la belleza del momento. Ahí es donde consigues trascender, alternar la sencillez con magia, dominar esa dualidad entre la potencia desmedida y la sonoridad más sensible. Eso es música. Eso es Jazz. Eso es Whiplash.

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Damien Chazelle (Guy and Madeline on a Park Bench, 2009) ha creado algo grande, algo diferente. Ha sido capaz de darle una vuelta más de rosca a la típica historia entre aprendiz y maestro ya vista con anterioridad (véase Karate Kid), generando una pieza llena de matices contando con unos aliados de impresión: música jazz e interpretaciones de quilates. El autor consigue atrapar al usuario con cada toma, con cada gesto, con cada canción. Te sientes tan identificado con el personaje del aprendiz (Andrew Neiman-Miles Teller) que sufres lo sufre, tienes sus mismos miedos e incluso puedes llegar a sentir su propia ansiedad en cada paso hacía su carrera hacía el éxito. Tus odios son sus odios, sus estigmas. Y ahí es donde aparece el enemigo, el maestro, tu antítesis (Terence Flecher- J.K.Simmons). Cada golpe, cada mala palabra, cada acto violento de este alimenta tu espíritu, tu fuerza vital para poder lograr tu objetivo fundamental: «ser alguien».

El dúo protagonista ofrece un show repleto de luces, repleto de golpes ligeros y de pura creatividad en el proceso. Su puesta en escena es tan genial, rezuma una familiaridad y cercanía tan latente que, tal como se ha remarcado con anterioridad, hacen que uno se sienta parte del show creado por ambos. Lo suyo es pura química. En cada mirada, en cada gesto y en cada palabra sientes esa rivalidad (no tan insana como parece) entre «el talento» y  «la experiencia». Teller se frustra como nadie y toca como pocos; Simmons por su parte retrata a la perfección el vacío existencial del genio sin talento, del trabajo duro y el sacrificio de aquel que ha llegado a mucho sin llegar a ser realmente alguien. Juntos abren una guerra artística directa, electrizante y tormentosa directa al corazón y cerebro del espectador; crean un programa en directo donde somos los artistas invitados, donde participamos de esa ambientación positiva y negativa que crea la pareja durante toda la cinta.

Si bien Whiplash carece de una historia totalmente original y de un guión del todo cultivado; pero tiene lo que otras no tienen: interpretaciones cojo*udas y corazón en cada toma. Hay veces en las que no hace falta nada más. Por mucho que tu idea sea simple, que pueda resultar excesivamente sencilla a parte del público; si logras conectar con el espectador, dotar de alma a tu propuesta, lo tienes todo ganado. Damien Chazelle ha creado un producto refrescante y sincero, algo buscado, pero sumamente eficiente en su concepción.

Déjate llevar por la música. Déjate llevar por el talento. Fuera tensión. Disfruta. Ya veremos en los Oscar.

Calificación: 8/10

 
 

Whiplash_cartelTítulo original: Whiplash

Año: 2014

Duración: 103 min.

País: Estados Unidos

Director: Damien Chazelle

Guión: Damien Chazelle

Música: Justin Hurwitz

Fotografía: Sharone Meir

Reparto: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser, Austin Stowell, Jayson Blair, Kavita Patil, Kofi Siriboe, Jesse Mitchell, Michael D. Cohen, Tian Wang,Jocelyn Ayanna, Tarik Lowe, Marcus Henderson, Keenan Henson

Productora: Sony Pictures Classics / Blumhouse Productions / Bold Films / Exile Entertainment / Right of Way Films

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