Vikings

El verdadero asalto

A veces la televisión da sorpresas. A veces, algunas series terminan siendo mejores de lo que el público esperaba o incluso de lo que sus responsables esperaban. A veces, una propuesta nacida al amparo de una moda con el único propósito de entretener acaba por encontrar no sólo su sitio en el cruel mundo de las parrillas televisivas y las audiencias que imponen siempre su ley, para bien y para mal. Ese es el caso de Vikings.

Sobrepuesta ya de sobra a las inevitables comparaciones iniciales con Juego de Tronos (a la que se parece más bien poco, pero cuyo enorme éxito sin duda animó a poner en marcha Vikings y presentarla de inicio como una propuesta más sobre las luchas de poder, religión y amor, aderezada con grandes dosis de violencia y también de desnudos, todo ello con la cultura vikinga y las invasiones de la futura Inglaterra de fondo), la ficción irlandesa ha alcanzado el cenit de su propia identidad narrativa en la tercera temporada. Los defectos, como la frialdad que desprendían las historias en la primera temporada y su incapacidad para generar una verdadera fascinación o adicción en los espectadores, cada vez están más corregidos y minimizados. Las virtudes siguen siendo las mismas y aumentan la calidad con el paso de los capítulos. Y por supuesto, tiene Vikings a Michael Hirst como showrunner, lo cual es una gran ventaja. Hirst, resbalones aparte (ese pequeño desastre que fue Camelot en 2011, a pesar de su estelar reparto con Joseph Fiennes y Eva Green a la cabeza), ha demostrado sobradamente su talento para las ficciones históricas y pseudo-históricas y para tratar como nadie las maniobras politicas y sentimentales de famosos líderes, ya sea Enrique VIII de Inglaterra (Los Tudor), Alejandro VI (Los Borgia), Isabel I de Inglaterra (Elizabeth y Elizabeth. La edad de Oro, dirigidas por Shekhar Kapur en 1998 y 2007 con Cate Blanchett como inolvidable monarca) o este Ragnar Lothbrok de Vikings. Hirst, innegablemente, es un maestro en este tipo de historias y sus propuestas siempre rezuman elegancia y talento narrativo.

Esta tercera temporada ha sido ejemplo una vez más de ficción bien hecha. Ya no es solo que los decorados, vestuarios y efectos sean excelsos y ayuden a conseguir una ambientación sobresaliente, o que la serie sea un excelente producto de entretenimiento puro. Vikings, cada día más, es un drama maravillosamente escrito, con personajes cada vez mejor delineados y desarrollados, cada vez menos dependiente de los golpes de efecto de sangre y sexo (muy estudiados y medidos para que cumplan una función dentro de la trama, sobre todo la violencia… ¿se acuerdan de la brutal y muy impactante escena del Águila de Sangre en la temporada pasada, o del terrible castigo público de Judith en esta tercera? Escenas que no escatiman gore pero que tienen su razón de ser dentro de la historia) y más y más segura en cada capítulo acerca de la historia que quiere contar y cómo contarla para atraer al espectador. Enormemente interesante ha sido observar los problemas de Lagertha para mantener su autoridad en un mundo de hombres, los crecientes malos sentimientos de Loki, la posición incierta de Rollo dentro del ejército y la familia real, el paso definitivo a la madurez de Bjorn (único hijo vivo de Ragnar y Lagertha y primogénito del rey) o las negociaciones con los líderes británicos (atención al sibilino Linus Roache como el rey Ecbert de Wessex). Pero sin duda, el gran acierto de la temporada es la evolución de Ragnar y Athelstan, por separado y como pareja de extraños amigos. Una de las mejores cosas de la serie siempre ha sido esa acentuación de la amistad sincera entre el ya rey vikingo y el antiguo monje cristiano, por encima de las diferencias religiosas y la pasada esclavitud del segundo respecto del primero. Athelstan, para disgusto de muchos, se convirtió en el consejero y amigo predilecto de Ragnar, y la manera en que George Blagden (visto en la versión fílmica de Los Miserables) ha interpretado su paso de inocente monje a fiero guerrero en conflicto con su fe y su identidad, que incluso cae en las tentaciones de la carne, ha sido una delicia de contemplar. Ragnar, por su parte, ha alcanzado en esta tercera temporada el cenit de su desconfianza y su paranoia como líder, sin perder, eso sí, su enorme carisma y su talento para la estrategia. Es cada vez más difícil saber lo que piensa realmente o a quien profesa su simpatía, aparte de a Athelstan, y eso acrecienta su misterio y su atractivo como personaje y como hombre. Hay que aplaudir también la actuación del australiano Travis Fimmel en la piel de este absorbente protagonista, pues con una mirada, un silencio o unas pocas palabras murmuradas es capaz de expresar toda la complejidad del personaje.

Por desgracia, la temporada no ha sido perfecta. De hecho, es posible que en conjunto haya sido algo inferior a la segunda. el motivo cabe encontrarlo en un par de motivos que fácilmente se podían haber evitado como errores. El primero es la reducción del personaje de Aslaug al ostracismo casi absoluto. No es que la segunda mujer de Ragnar haya importado mucho nunca (a veces daba la impresión de que solamente estaba ahí para abrirse de piernas para el protagonista y para hacer alguna profecía de vez en cuando), pero en esta temporada ha tenido bastante poco que hacer aparte de sufrir por la supervivencia de sus hijos y constatar que el matrimonio con Ragnar está bastante muerto. Cosa normal, teniendo en cuenta que empezaron la casa por el tejado desde el primer momento y que nunca se han amado, al menos no como Ragnar amó (¿y quizás todavía ama?) a su primera esposa, la valiente y aguerrida Lagertha. El segundo problema, al menos para quien esto firma, reside en los últimos cuatro capítulos, dedicados en exclusiva a la invasión de París llevada a cabo por las fuerzas de Ragnar. Cuatro capitulos. Casi cuatro horas de batalla casi ininterrumpida. Demasiado. Sobre todo cuando lo mismo se podría haber contado en dos capítulos perfectamente, dejando más tiempo para lo que sin duda es más interesante, como son los tejemanejes políticos de uno y otro bando y, por supuesto, la inestable relación entre Ragnar y quien antaño fuera su mejor amigo y principal valedor, Floki, uno de los personajes más traicioneros y odiosos que pueblan hoy en día la televisión.

Sin embargo, aunque la temporada haya ido de más a menos, no hay duda de que los guerreros escandinavos llegaron para quedarse y han encontrado ya su público y su propio estilo dentro de la ficción pseudo-histórica y épica que campa a sus anchas hoy por las pantallas. Y ahora sí, esta vez sí, hay muchas ganas de seguir presenciando las luchas de poder y las aventuras de Ragnar Lothbrok y los suyos. Si Odín y Thor lo permiten, así será durante al menos una temporada más. Disfrútenlo.

Calificación: 8,5/10

 
 

Título original: Vikings

Año: 2013

Duración: 44 min.

País: Irlanda

Director: Michael Hirst (Creator), Ciaran Donnelly, Johan Renck, Ken Girotti

Guión: Michael Hirst

Fotografía: John S. Bartley

Reparto: Travis Fimmel, Clive Standen, Katheryn Winnick, Gabriel Byrne, Jessalyn Gilsig,Gustaf Skarsgård, George Blagden, Tadhg Murphy, Diarmaid Murtagh, David Pearse, Vladimir Kulich, Donal Logue, Alyssa Sutherland, Thorbjørn Harr, Linus Roache, John Kavanagh, Alexander Ludwig, Gaia Weiss, Philip O’Sullivan, Ivan Kaye, Moe Dunford, Amy Bailey, Angus MacInnes

Productora: Coproducción Irlanda-Canadá; Irish Film Board / Take 5 Productions / World 2000 Entertainment

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