Verano 1993

La verdadera patria

«¿Ella es la nena de la hermana de la Esteve? ¡Pobreta!». Este comentario pronunciado por una señora comprando en la carnicería hace referencia a Frida, una párvula de tan solo seis años que acaba de ver como su mundo se desborona por completo. Sus elementales esquemas de infante se evaporan. Ha perdido a sus padres de forma extraña y en un corto espacio de tiempo, e inmediatamente es enviada a vivir con sus tíos y su prima en un pequeño pueblo rural, a las afueras de la ciudad. A pesar de todas las desgracias que le han sobrevenido tan repentinamente, sin embargo, ni una lágrima ha brotado por sus mejillas. «¿Y por qué no estás llorando?» le pregunta incrédulo otro niño.

La ópera prima de la realizadora catalana Carla Simón nos narra su propia experiencia, plasma en pantalla lo que tuvo que afrontar en su infancia, centrándose en su difícil adaptación a un nuevo entorno y a una nueva familia durante los meses estivales a los que se refiere el título de la obra. A ella le tocó presenciar cómo sus nuevos padres eran continuamente juzgados, señalados y eran objeto de habladurías en el pueblo, cómo se compadecían constantemente de ella o cómo dejó de ser la hija única que se llevaba todas las miradas y atenciones a sentirse una intrusa en un nuevo hogar. Todos estos advenimientos de la vida resultaron ser una explosión de dudas, incertidumbres y nuevas vivencias para la directora, recordemos que con una muy corta edad. Porque cuando se es un crío resulta complicado descifrar el mundo de los adultos (un mundo que nuestras protagonistas intentan emular sacando a relucir las actitudes más humillantes de este), así como conocer el mecanismo de los sentimientos, las complejidades de la pubertad, o las respuestas de defensa que adquirimos con el tiempo para sobrellevar las tragedias que se nos presentan. Con tan pocos años no se sabe muy bien por qué se ríe uno, por qué se excita, por qué se llora, o por qué no se hace si se supone que tienes que hacerlo, ya que hay que enfrentarse a situaciones jamás experimentadas e interiorizadas hasta ahora.

Que Simón nos oculte la enfermedad de sus padres y no se pronuncie durante todo el metraje resulta altamente ingenioso, inteligente y necesario para mostrarnos lo tabú que era esta enfermedad en la sociedad española de la época. Como reflejo de esto, los espectadores seremos testigos de secuencias durísimas y desagradables en relación a este letal virus y el desconocimiento general de la población acerca de sus características o riesgos de contagio. Bastante acertado es, igualmente, la decisión de relatarnos la historia a través de la perspectiva de Frida (descomunal Laia Artigas, que exhibe una ternura, un encanto y una naturalidad sublimes) como si se tratara de un delicado cuento de hadas, algo trágico, pero esperanzador al fin y al cabo, ayudado de los maravillosos trabajos de Santiago Racaj al frente de la dirección de fotografía y de Ernest Pipó como autor de la banda sonora. La mirada melancólica, ingenua e inocente de la cría hace romper el corazón a cualquier persona que tenga la capacidad de sentir.

A Carla Simón no le han parado de llover los elogios por parte de la crítica y el público a partes iguales, así como de recibir numerosos  premios desde que se estrenara en la pasada Berlinale, donde salió galardonada por partida doble. Más tarde se sumaron la Biznaga de Oro a la mejor película en el Festival de Málaga o la nominación al Discovery Awards en los premios de la EFA. Además, se trata del largometraje que la Academia de Cine Español ha seleccionado para que nos represente en la próxima edición de los premios Oscar, una acertadísima decisión de los académicos, otrora no tan inteligente en sus deliberaciones. Resulta paradójico y muy ocurrente que este año sea una película en lengua catalana la que represente a España con todo lo que está cayendo actualmente.

Concluyamos afirmando que Estiu 1993 es una absoluta obra maestra sobre la pérdida, la infancia y la familia, con ecos del cine de Víctor Erice, Carlos Saura o Boudewijn Koole. Estoy convencido que ese señalado verano marcó con fuego la vida de esa niña para siempre, dejando una huella indeleble en su identidad. Ahora esa niña, ya adulta, se desnuda emocionalmente para narrarnos una parte de su existencia en una hermosa película y así intentar comprenderse mejor ella misma. Porque para saber quiénes somos, de dónde venimos y por qué hacemos las cosas que solemos hacer en nuestro presente es necesario remontarse a cuando fuimos chiquillos. Pues como decía el poeta alemán Rainer Maria Rilke «la verdadera patria del hombre es la infancia».

Calificación: 9/10

 
 

Título original: Estiu 1993

Año: 2017

Duración: 97 min.

País: España

Director: Carla Simón

Guion: Carla Simón

Fotografía: Santiago Racaj

Música: Ernest Pipó

Reparto: Laia Artigas, Bruna Cusí, David Verdaguer, Paula Robles, Paula Blanco, Etna Campillo, Jordi Figueras, Dolores Fortis, Titón Frauca, Cristina Matas, Berta Pipó, Quimet Pla, Fermí Reixach, Isabel Rocatti, Montse Sanz, Tere Solà, Josep Torrent

Productora: Inicia Films / Avalon P.C

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