Straight Outta Compton

Los chicos del barrio

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Corrían los últimos años de la década de los 80 cuando el rap, un género musical relativamente joven aún a día de hoy, se debatía sobre el camino que debía tomar en su futuro más inmediato. Muchos de los productores, Djs y MCs del panorama aún no habían sabido (o decidido) liberarse de los vestigios formales y esenciales del funk o el jazz (principales fuentes e influencias del mismo) y entre baile y baile; entre grooves y breaks, el discurso de paz, unidad y el mensaje constructivo pretendía abrirse camino entre las miserias que hacían mella en los barrios marginales para que los jóvenes más desfavorecidos tomasen conciencia sobre su situación. Así pues, podría decirse que el hip-hop nació con un pié en la pista de la discoteca y otro en la calle, llegando a convertirse rápidamente en un instrumento de expresión infalible y dando la oportunidad a cualquiera que pudiera agarrar un micro y escribir rimas sobre una libreta de expresar lo que le diera la real gana, como le pareciese oportuno. En otras palabras, de repente surgía en territorio norteamericano un género que brindaba una libertad y flexibilidad creativa casi inauditas, algo que inmediatamente sería abrazado por aquellos que hasta entonces nunca habían tenido voz y tenían mucho que decir. Como consecuencia, lo que en otras ocasiones solo se queda en mera música se convertiría de pronto en una cultura, una forma de vida y un instrumento de denuncia el cual sería aprovechado por los artistas para hablar de aquello que muchos querían obviar.

Aquello del efecto «acción/reacción» es siempre implacable. Las épocas convulsas siempre traen nuevos puntos de vista y el cambio de década en los Estados Unidos fue una transición especialmente agitada; la pobreza, la violencia callejera, los abusos policiales y los problemas raciales estaban en su punto de ebullición, una situación que en puntos clave como la ciudad de Los Ángeles llegaría a tomar tintes trágicos, llegando a hacerse insostenible y traduciéndose incluso en graves disturbios y saqueos callejeros. Es en este contexto cuando cobra una importancia vital la emersión de N.W.A. (Niggas With Attitude) una de las bandas de rap que cambiarían para siempre las reglas del género (las cuales hasta entonces básicamente seguían la «doctrina constructiva» de la Costa Este), para dotarlo de una rabia, un descaro y una actitud contestataria implacable. DJ Yella, Dr. Dre, Eazy-E, Ice Cube y MC Ren harían historia con su música rebelde e incendiaria, poniendo patas arriba a la sociedad y escena musical Yankee. Estados Unidos vería nacer «su propio punk» y a partir de entonces ya nada sería lo mismo, pues los pilares de su cultura y moral se verían continuamente agitados por la crónica alternativa de aquellos que habían decidido darle voz a la calle, llevándola con toda su crudeza y sin ningún tipo de filtros directamente desde los ghettos como Compton hasta los barrios residenciales y estratos más privilegiados del país.

Straight Outta Compton (película homónima, por cierto, con el álbum más popular de N.W.A.) no es más (ni menos) que el relato cinematográfico de todo esto que hemos contado. Una obra que, además de aportar un interesante valor testimonial sobre lo acontecido, pretende retratar e incluso reivindicar los méritos y vicisitudes de aquellos chicos que salieron de un barrio conflictivo cualquiera para tomar por asalto las radios, la industria musical y los medios audiovisuales de casi todo el planeta.

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Se ve que F. Gary Gray, Andrea Berloff y Jonathan Herman (director y respectivos guionistas de la producción) no han querido ahondar demasiado en las contradicciones y polémicas que la actitud de un grupo tan brutalmente honesto como N.W.A. puede despertar. Así pues, lo primero que llama la atención a medida que vamos viendo Straight Outta Compton (2015) es la mirada excesivamente benevolente y la evidente glorificación que se presta a un conjunto que no dejaba de tener sus propias discordancias. El resultado de esta imparcialidad es una continua caída en maniqueísmos que a más de uno puede molestar si lo que andaba buscando es una crónica realista con unos personajes mínimamente creíbles, ya que el trazo con el que estos están dibujados en tan grueso y superficial que es inevitable no darse cuenta de que estamos ante una visión secuestrada por el estereotipo y el interés comercial que mantienen las icónicas figuras de estos raperos. Es en medio de este poco veraz panorama cargado de chicos duros y ambiciosos, tiburones de la industria y agentes de la ley corruptos por sistema donde la película encuentra su Talón de Aquiles y se desangra como obra narrativa de cierta integridad. (Algo que no deja de ser sorprendente, teniendo en cuenta la nominación de su guion cara a los próximos Oscars 2016).

El segundo gran defecto que hace a Straight Outta Compton una obra menor es su evidente carencia de ritmo. Y es que, aunque suene paradójico en una cinta de estas características, se pasa demasiado de puntillas por ciertos pasajes de la historia del grupo y después de (ojo) sus más de dos horas y media de metraje se tiene la sensación de que se han caído en demasiadas irregularidades y problemas de enfoque. Con todo, estamos ante una de esas películas que se deja ver fácilmente, sin duda, gracias al eficaz impulso de una logradísima ambientación y una banda sonora de lujo, además de un puñado de actuaciones que, a pesar de estar basadas más en el mimetismo que en la naturalidad, imprimen un carácter fiel a la filosofía y las circunstancias que alumbraron a este grupo de artistas.

Así pues, resumiendo, estamos ante uno de esos biopics musicales que se rinden ante la grandeza de aquellos a quienes retratan, aunque el precio a pagar sea el de la imparcialidad y lo superficial tome el protagonismo. Pese a ello, N.W.A. es un grupo que ya de por sí tiene el suficiente peso e interés como para dedicarle un visionado a la propuesta de F. Gary Gray. Por supuesto, los aficionados al género tienen una cita ineludible ante la pantalla, pues sin duda son los que más podrán disfrutar de la experiencia que supone revisitar la escena West Coast de los noventa y saber un poco más sobre Dr. Dre, Ice Cube, Eazy-E y compañía, retornando de camino a sus ritmos incendiarios rodeados del imponente sonido de una buena sala de cine.

En cuanto al resto de mortales, los habrá que no terminen del todo convencidos si someten a la cinta a una visión menos subjetiva por lo que Straight Outta Compton es más o menos recomendable en función de cuáles sean los gustos musicales de quien la ve, algo que parece tan de Perogrullo como que estamos ante una de esas películas que hay que ver, sí o sí, en versión original si no queremos que todo sea una catástrofe.

Calificación: 5,5/10

 
 

Straight_outa_cartel_Ge_MC1Título original: Straight Outta Compton

Año: 2015

Duración: 147 min.

País: Estados Unidos

Director: F. Gary Gray

Guion: Andrea Berloff, Jonathan Herman

Música: Joseph Trapanese

Fotografía: Matthew Libatique

Reparto: Keith Stanfield, Aldis Hodge, Jason Mitchell, Paul Giamatti, Alexandra Shipp, Keith Powers, Orlando Brown, Corey Hawkins, O’Shea Jackson Jr.

Productora: Circle of Confusion / Cube Vision

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