SEFF 2015. Crónica del miércoles 11 de noviembre

El inicio del fin de tramo

The_Sky_MC

Bono de transporte, metro y ya estamos de vuelta. De nuevo en los cines de Nervión Plaza, aquí en Sevilla capital, para volver a presenciar lo mejorcito del panorama europeo, intentando encontrar esa joya diferente que aparece cada año por estas latitudes.

Estos días ha habido de todo, para que engañaros. Muchas sorpresas como la francesa Mustang, la potente The Childhood of a leader y alguna que otra decepción como la inefectiva y tremendamente vacía O’Futebol. Aquí hay para todos los gustos, y la verdad que casi casi todo está resultando redondo este año. Seguimos teniendo el riesgo de la sección de Resistencias, algunos patinazos en Las Nuevas Olas y la calidad superior de la oferta de la Sección Oficial. ¿Quién ganará? ¿Quedará alguna bala en la recámara de esta edición? Esas preguntas todavía siguen en el aire y se irán respondiendo en estos 3 días que quedan.

Hoy la cosa ha empezado floja. Bastante mejorable la verdad. La primera que ha caído ha sido The Sky Trembles and the Earth Is Afraid and the Two Eyes Are Not Brothers, del realizador Ben Rivers (Two Years at Sea, 2011), un auténtico ejercicio de paciencia por parte del espectador que lleva el cine experimental hasta los umbrales del sentido común. Su última propuesta se aleja de toda realidad para sumergirnos en el proceso de desevolución del ser humano y el descenso hacía sus propios infiernos, en un paraje incomparable: el norte de África y su inenarrable atracción. Todo nace inicialmente del rodaje de un cinta de un realizador foráneo, mostrado aquí como un simple detrás de las cámaras, para finalmente derivar en un secuestro y posterior viaje a la oscuridad del desierto y la absorbente extrañeza de sus gentes, de sus costumbres y de sus indescifrables pasajes. Un duelo Occidente-Oriente.

Aburrida, infumable, repetitiva (planos copiados e interminables) y con una narración inexistente; la nueva «obra» de Rivers intenta tirar del estilo más Jodorowsky para marcarse finalmente un teatro triste y sin sentido en el que lo único salvable es la imaginación del respetable para encontrar su mensaje. Jugar con el espectador es muy distinto a quedarte con él y hacer que todo el esfuerzo proceda de su libre interpretación puede resultar un timo para el respetable. Casi nada se salva aquí. Fotografía y poco más. Para alejarse lentamente y sin mirar atrás.

Parabellum_MC

Ya de tarde, siguieron los experimentos. Apareció ante mis ojos, una pieza extraña, algo magnética pero incompleta. Se trataba de Parabellum, ópera prima del realizador Lukas Valenta Rinner, una odisea distinta por un mundo apocalíptico demasiado normal y poco distópico. Aquí aparece un grupo de personas que se enrola en un campamento en el que aprenderán a sobrevivir cuando llegue «El Día D». Tras la caída de un meteorito todo cambiará para ellos. Tendrán que empezar a aplicar todo lo que aprendieron, dejando atrás todo lo que fueron y soportando la presión añadida de su nueva situación.

Muy académica. Demasiado académica. La cinta aparece como una especie de cuento por fascículos en el que se obvia la destrucción, la acción y la intensidad para ofrecernos una visión más extraña, cercana y estructurada del fin del mundo. Lo que falla aquí no es su carcasa (fotografía a destacar), ni ese estilo a la hora de conectar situaciones; lo que aquí falla es la nula capacidad de transmisión de unos personajes desdibujados con ninguna influencia en la trama. Al menos no resulta un trabajo dañino, ni aburrido. Eso es lo único salvable de un proyecto demasiado verde.

Al final, y para finalizar la jornada (un buen final de día sin duda),  nos esperaba una buena dosis de esa «nueva comedia española», la bizarra y desternillante Taller Capuchoc. Ya en la sala fuimos testigos de la dialéctica de su director, Carlo Padial, que presento su trabajo y explico brevemente sus razones para crear proyectos pequeños. Según Padial; De vez en cuando el director de cine se merece hacer cine; un descanso entre la excesiva burocracia de las productoras y los problemas de filmación que desenfocan la labor del artista. Capuchoc es uno de esos descansos, de esos oasis: un checkpoint para seguir tirando, un mixtape entre lp’s, una bomba de oxígeno.

Capuchoc_MC

Un escritor (Miguel Noguera) sufre en sus propias carnes el fracaso, nadie compra su libro y resulta poco más que un creador anónimo. Tiene poco dinero en el banco y vive en soledad; pero se le aparece ante él una oportunidad inmejorable para mejorar y prosperar en su carrera: dar clase en un taller de escritura. Pero no quiere hacerlo, lo ve inútil, lo considera una real gilipollez, aunque finalmente lo acepta por la pasta no sin gritarle al mundo y amargando de paso a su psicoanalista.

El estilo más Padial y más VengaMonjas se asocia para ofrecer un metraje repleto de humor absurdo experimental y una interpretación hiperrealista por parte de Miguel Noguera (haciendo de él mismo) que alargan más si cabe la sombra de esa nueva comedia que aparece ante nosotros como una evolución natural de «los chanantes» y anteriormente de la corriente creada por José Luis Cuerda (Amanece que no es poco). Zooms perpetuos, interpretaciones-diálogos bizarros sin sentido e imágenes aleatorias («made in» Dídac Alcaraz), convierten a Taller Capuchoc en un producto raro pero atrayente. Es imperfecto, pero al menos hace que llegues a la carcajada.

Sin más, con una risa en la cara me despido de este miércoles, ya cercano al final de este festival repleto de sorpresas. Dios bendiga al cine.

 

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