Reina y patria

La importancia de retirarse a tiempo

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Casi treinta años han tenido que pasar para que John Boorman termine entregando una secuela de su popular producción, Esperanza y gloria (Hope and Glory, 1987), una notable película de base autobiográfica que nos contaba la historia de un niño inglés que sobrevivía a la guerra tomándosela como una experiencia apasionante que ponía fin a una desesperante rutina diaria. Aunque, a decir verdad, Reina y patria (o Queen and Country, tal y como se llama originalmente dicha secuela) podría pasar por una película totalmente independiente debido a que el dilatado lapso de tiempo que ha transcurrido entre una y otra ha hecho que parezcan películas totalmente desconectadas entre sí. Y es que, si bien los principales nexos entre una y otra quedan bien claros (de nuevo tenemos a Bill Rohan como protagonista, de nuevo a la guerra como trasfondo y de nuevo los tintes de biopic), el trabajo de Boorman luce tan desmejorado que no solo convierte cualquier tipo de contraste entre ambas en algo insultante, sino que nos hace reflexionar sobre si de verdad era necesario que un director tan veteranísimo siguiese en activo a pesar de la evidente merma de sus facultades artísticas.

Vaya por delante que seguir al pie del cañón dando batalla tras las cámaras a los 82 años es algo encomiable, pues podemos interpretarlo como una señal clara de que estamos ante un autor que se toma el cine como una forma de vida. Pero igualmente, por loable que esto sea, tendríamos que tener en cuenta que requerir al público dos horas de su vida para mostrarles una obra que transcurre a medio gas es casi pedirles un favor que va más allá del desembolso económico que supone el pasar por taquilla. O dicho de otra forma, el principal defecto de Reina y patria radica en que su manifiesta falta de fuerza le hace perder atractivo no solo ante el resto de la filmografía del director (lejos quedan propuestas como Excalibur, la propia Esperanza y Gloria o la mítica Deliverance) sino ante la amplia oferta que ofrece actualmente la cartelera.

Con todo, en el relato de Boorman siguen atisbándose las técnicas de los viejos lobos del oficio. Aunque más allá de la intención satírica que subyace en un texto que quiere sacar los colores a las arcaicas formas del ejército británico y al choque de mentalidades entre las distintas generaciones de la época en lo que a los conceptos de patriotismo se refiere, poco queda de aquel director revolucionario (y esto podríamos haberlo puesto en mayúsculas perfectamente) que sacudió al cine americano de los setenta junto a aquella escuela de autores formada por Dennis Hopper, Warren Beatty, o los mismos Scorsese y Coppola. Será que, además de la música, el tiempo también amansa a las fieras, por lo que nos es imposible pensar que una retirada a tiempo siempre es mejor que obstinarse en seguir en activo al precio que sea.

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Lo curioso en todo esto es que no se puede decir objetivamente que Reina y patria sea una mala película. Lo que ocurre es que estamos ante una cinta que nunca se termina por definir entre la comedia y el drama, impidiendo que el espectador pueda adentrarse con comodidad en el relato que Boorman propone. Su continua vacilación en cuanto al tono que ésta pretende adoptar y su escasa capacidad para ofrecer un desarrollo argumental mínimamente interesante termina produciendo la ingrata sensación de que estamos ante una historia descuidada que no ha sabido eclosionar más allá del germen de la idea que le dio su base. Si cabía duda sobre ello, su atropellado desenlace no hace más que confirmar lo que sospechábamos, Boorman ha dejado descuidados demasiados flecos y como consecuencia estamos ante una propuesta que peca de falta de definición, seguramente por los motivos que ya hemos expuesto con anterioridad. Por tanto, como decíamos, su talón de Aquiles no está tanto en sus fallos, como en su achacable falta de virtudes; algo que, sin duda, termina produciendo igualmente el desinterés en el espectador medio que decida acercarse a verla.

Ante una propuesta de tales características, el factor marketing se convierte en algo fundamental. Ya se sabe; cuando no funciona el boca a boca hay que despertar el interés de alguna otra manera. Y el camino que han encontrado los responsables de esta película en cuestión tiene que ver con la recriminable estrategia de venderla como lo que no es. Y digo esto porque, aunque su cartel y alguno de sus trailers puedan sugerir que estamos ante un drama histórico de tintes románticos (que algo de eso hay, ojo), los tiros van por otro lado en la cinta de John Boorman. Vamos, que poco van a encontrar aquí los que busquen una historia al estilo de Expiación, más allá de la pasión de Joe Wright, por poner un ejemplo. Guardando las distancias en cuanto a resultados se refiere, Reina y patria tiene más que ver en intenciones con obras como M.A.S.H. (1970) de Robert Altman que con los dramas belico-románticos que estamos acostumbrados a ver en estos tiempos. Se ve que el espíritu crítico, anti-belicista y contra-cultural aún pervive en aquel que formó parte de una de las generaciones más iconoclastas de la historia del cine norteamericano; aunque, por desgracia, igualmente se denota que su inmortal espíritu rebelde ha sido mermado por el implacable paso de los años, por lo que, por mucha crítica al patriotismo que haya, por mucho humor negro y mala uva que contenga su obra, se ve que el veneno de Boorman ya no es que no haga daño, sino que ha sido rebajado a una sustancia tan ligera que apenas provoca una reacción digna de tener en cuenta, algo que es imperdonable en cualquier obra de arte.

Por mucho que estemos hablando de una de las figuras más míticas de nuestros cineastas actuales, hay que ser un poco objetivos. Estamos ante una película que no da la talla, ni satisface. Eso sí, ni Reina y patria desmerece su destacada carrera como director de cine, ni en realidad se percibe como una obra necesaria más allá de lo que pueda ofrecer como apuntes personales sobre la vida del propio autor.

Calificación: 3’5/10

 
 

Reina_y_patria_cartel_Ge_MC1Título original: Queen and Country

Año: 2014

Duración: 114 min.

País: Reino Unido

Director: John Boorman

Guion: John Boorman

Música: Stephen McKeon

Fotografía: Seamus Deasy

Reparto: Callum Turner, Caleb Landry Jones, David Thewlis, Richard E. Grant, Tamsin Egerton, Vanessa Kirby, Sinéad Cusack, David Hayman, Brían F. O’Byrne, Gerran Howell

Productora: Merlin Films

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