Pero que todos sepan que no he muerto

Desenterrando la impunidad

¿Por qué plantar un árbol sobre una fosa muda repleta de cadáveres? El acto de sembrar parece reflejar la intención positiva de mirar hacia el futuro. Pero la raíces de esa nueva vida también pueden aumentar la acidez del suelo y hacer desaparecer todo el pasado de muerte callada que se entierra bajo sus pies. La documentalista estadounidense Andrea Weiss en Pero que todos sepan que no he muerto (Bones of Contention, 2017) recoge testimonios que afirman que el franquismo utilizó planes de reforestación para rizar el rizo en su intención de borrar las ejecuciones practicadas por el régimen. Una vez oídas estas palabras, los numerosos árboles de la carretera andaluza Víznar-Alfacar que Weiss recoge en su documental cobran un sentido más profundo. El de ahondar en su reivindicación de justicia con los crímenes efectuados por la dictadura.

Eliminados los vestigios de las atrocidades solo quedan los recuerdos individuales para documentar el pasado. Así, recopilar la memoria personal se convierte en una tarea que recupera a su vez la memoria colectiva. Recorriendo hoy cámara al hombro algunos escenarios de la historia de los olvidados tras la Transición, Pero que todos sepan que no he muerto vuelve sobre heridas abiertas del pasado reciente. Dos son los frentes de su atención: por un lado las víctimas de los fusilamientos realizados desde el alzamiento nacional de 1936 y, por otro lado, el acoso sufrido por el colectivo LGTBI durante los casi cuarenta años de dictadura franquista (acoso con coletazos ochenteros incluidos).

Entrevistas a representantes de asociaciones, escritores, activistas o simples ciudadanos manifestándose se entremezclan con imágenes de archivo fijas y en movimiento. Los documentos en blanco y negro (procedentes de entidades públicas, archivos extranjeros y manos privadas) coronan la denuncia sobre la represión que caracterizaba al régimen. Todo articulado con la poesía de Federico García Lorca como hilo conductor y bajo la alegoría resultante de tomar el asesinato del granadino como símbolo de la aniquilación de mentalidad y valores de la Segunda República Española. Y es que la dimensión alcanzada por Lorca le convierte en bandera que Weiss utiliza para cohesionar su discurso por representar tanto a los caídos en las cunetas como a las víctimas de la persecución homosexual.

Tras pasar por la 67º edición del Festival Internacional de Cine de Berlín y por el madrileño LesGaiCineMad 2017, este documental llega a las salas comerciales españolas denunciando las graves violaciones de derechos humanos acaecidas durante la dictadura de Franco. Weiss con anterioridad ya había desarrollado proyectos editoriales y cinematográficos relacionados con la homosexualidad y la imagen de la misma proyectada por el cine. Ejemplo de ello es su libro Vampires and violets: lesbians in film (Penguin, 1993) o su documental A bit of Scarlet (1997, Reino Unido). Probablemente los dos años que la cineasta vivió en Barcelona tuvieron que ver con su decisión de crear Pero que todos sepan que no he muerto: 75 minutos de grito audiovisual (de apariencia serena, desarrollo estándar y alma comprometida) con intención de remover conciencias anestesiadas por el paso del tiempo.

Calificación: 7/10

 
 

Título original: Bones of Contention

Año: 2017

Duración: 75 min.

País: Estados Unidos

Director: Andrea Weiss

Guion: Andrea Weiss

Fotografía: Carmen Vidal Balanzat

Productora: Jezebel Productions

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