Passengers

Los amantes pasajeros

Hecho el chiste fácil en el título de esta crítica, vamos al turrón con Passengers.
Muchas de las cosas que se le están criticando son ciertas. Sí, es una suerte de mezcla entre WALL-E y Titanic. Sí, es un blockbuster pensado únicamente para entretener. Sí, tiene cosas de juzgado de guardia. Sí, usa y abusa del atractivo de su guapísima pareja protagonista (Jim en la ducha y sin camiseta, Aurora en la piscina cuatro o cinco veces).

Pero , ¿por qué pedirle peras al olmo cuando está tan claro lo que la película quiere ser? ¿Por qué esperar de ella lo que no cabe esperar? ¿Por qué es malo que una película de gran presupuesto busque simplemente hacernos pasar un rato entretenido y bonito en una sala de cine? ¿Cuándo aprenderemos a pedirle a las películas exactamente lo que nos están intentando ofrecer y nada más?

Passengers no es Interstellar (Christopher Nolan, 2014), ni tampoco La llegada (Denis Villeneuve, 2016), por citar dos ejemplos recientes de ciencia-ficción absolutamente magistral, seria e inteligente. Ni siquiera es Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), aunque la homenajee claramente con esos paseos espaciales tan espectaculares. Desde luego que no se puede comparar con la belleza de WALL-E tampoco. Es simple y llanamente una historia de amor en una nave espacial entre dos personas que viven la soledad más absoluta y aterradora, y que en un determinado momento se ven envueltas en una aventura. Ya está. Eso es lo que es. Al que no le convenza, que no la vea, pero resulta absurdo criticarle que no sea más intelectual, profunda o compleja. No era ese su juego, señores, y dentro de lo que sí es su juego tampoco es tan estúpida como se está diciendo.

Passengers tiene dos problemas, mencionados ambos en prácticamente todas las críticas negativas que ha recibido, que son mayoría. El primero es que, como hemos dicho, es una historia de amor, y sobre eso gira todo el asunto. El cine romántico pocas veces goza del favor de la crítica simplemente por ser cine romántico, y en parte se lo ha ganado a pulso, puesto que es cierto que es un cine que rara vez innova y que casi siempre parece hecho con el piloto automático y sin un ápice de verdadera emotividad. No obstante, en Passengers funciona como un reloj para quien no le pida nada más, recordamos. Las escenas que detallan el romance entre Jim y Aurora sin duda van a hacer las delicias de los más románticos, pero también de aquellos que sí entren en el juego y se dejen seducir por una relación que se desarrolla dentro de unos parámetros muy singulares y que sí desprende una emoción especial. El segundo problema de Passengers con la crítica es que su excusa argumental no gusta. Sin destripar nada, en un momento determinado uno de los personajes hace algo moralmente reprobable, y la polémica queda servida no sólo entre los críticos, sino también entre los espectadores.

Para quien esto firma, el problema de esta decisión polémica no es la decisión en sí misma (toda la película depende de ella, por cierto), sino la interpretación de Chris Pratt. Al Star-Lord cinematográfico empieza a vérsele un poco el plumero. Su simpatía, su carisma y su físico le han valido hasta ahora para hacer personajes como los de Jurassic World o la misma Guardianes de la Galaxia, pero simple y llanamente no tiene el empaque dramático necesario para resultar creíble en los momentos cumbre de Passengers. No hace falta más que ver la risa que provoca su reacción en el momento inmediatamente posterior al despertar de Aurora para darse cuenta de que Pratt no era el actor más indicado para ser Jim Preston. Gran diferencia con Jennifer Lawrence, por cierto. Lawrence tiene aquí, y esto es uno de los fallos más serios de la cinta, uno de los personajes más pobres y menos complejos de su carrera hasta la fecha, pero como ella es una señora actriz salva la papeleta perfectamente, dotando al personaje de Aurora de una dignidad y fuerza que seguro que no tenía sobre el papel (atención a cuando descubre un importante secreto o cuando sale a buscar a Jim al espacio).

Passengers es también una cinta bastante más divertida de lo que parece a simple vista, gracias sobre todo al personaje de Michael Sheen, aunque se echa en falta algo más de importancia del bueno de Arthur. Lo mismo ocurre con el personaje de Laurence Fishburne, visto y no visto, el cual podría haber dado para mucho más. Pero, como decimos, Passengers es sobre todo una historia de amor, con diálogos a veces un poco sangrantes (el sonrojante momento de “si tú mueres, yo muero”, muy similar al “si tú saltas, yo salto” de la antes citada epopeya trágica de James Cameron) y momentos poco creíbles (el momento escudo, por ejemplo) de esos que sin embargo nos tragamos sin quejarnos en multitud de otros blockbusters.

Sería una pena no apreciar los valores de esta película solamente por tener también sus fallos. Sería una pena no disfrutar con su apabullante aspecto visual, con esos efectos visuales o con la maravillosa fotografía de Rodrigo Prieto. Sería una lástima no disfrutar de escenas tan logradas como las de los paseos espaciales, la pérdida de gravedad en la piscina o la tensión de la media hora final.

Una de esas películas que van a gustar mucho más al público raso que a los entendidos. Prepárense, porque Passengers no se va a llevar ningún Oscar, pero Jim y Aurora van a ganarse muchos, muchos fans.

Lo mejor: Se pasa en un suspiro, no engaña a nadie y es una auténtica belleza formal.
Lo peor: La flojera de los diálogos.

Calificación: 7,5/10

 
 

Título original: Passengers

Año: 2016

Duración: 116 min.

País: Estados Unidos

Director: Morten Tyldum

Guión: Jon Spaihts

Música: Thomas Newman

Fotografía: Rodrigo Prieto

Reparto: Chris Pratt, Jennifer Lawrence, Michael Sheen, Laurence Fishburne, Andy García, Julee Cerda

Productora: Columbia Pictures / Lstar Capital / Village Roadshow Pictures / Original Film / Company Films / Start Motion Pictures

 

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