Otras secciones del 67º Festival de San Sebastián (I)

Assayas derrapa y Costa-Gavras ensalza al exministro Varoufakis

La Red Avispa

Dentro de las proyecciones especiales debido a los Premios Donostia se exhibió la última película del francés Olivier Assayas, La Red Avispa, con motivo del premio concedido a Penélope Cruz, quien interpreta aquí a una cubana a la que su marido abandona huyendo del régimen castrista. Una fallida propuesta que no funciona a nivel dramático ni político, ni siquiera como película de acción. Un embrollo narrativo que provoca confusión con la entrada y salida de tantos personajes y con la introducción de excesivos giros; con una voz en off que aparece en mitad del metraje, una obsesión injustificada por las relaciones sentimentales y unos diálogos torpemente explicativos. También es un pésimo retrato de Cuba, por parcial y pueril. Sin duda alguna una mancha en la filmografía del respetado Assayas, en donde Leonardo Sbaraglia viene a ser lo mejor de esta coproducción entre el país galo, España, Bélgica y Brasil.

El Premio Donostia al actor canadiense Donald Sutherland se acompañó con la exhibición de Una obra maestra (The Burnt Orange Heresy en su título original), uno de sus últimos trabajos en el cine y que dirige el italiano Giuseppe Capotondi. Entre el mejor diseño de cine europeo y el telefilme se mueve este thriller que tiene como protagonistas a un crítico de arte (Claes Bang interpretando a un personaje similar al que realizó en The Square), un coleccionista millonario (Mick Jagger) y un misterioso pintor que no muestra sus obras (Donald Sutherland). Una conferencia sobre la percepción del arte y las infinitas interpretaciones que poseen las obras abre con fuerza esta película que va desarrollándose sin riesgos pero con elegancia, para finalmente desembocar en un torbellino de imposturas narrativas, infantiles metáforas y obviedades en la trama. En algunos tramos recuerda a la notable La mejor oferta (Giuseppe Tornatore, 2013), pero en su conjunto no llega a la altura de aquella. Una obra maestra, coproducción entre Reino Unido y Estados Unidos, deja algunos apuntes de interés acerca de la finitud, la crítica de arte y el papel que juega el crítico.

Adults in the Room

El otro Premio Donostia recayó en el veterano director griego Costa-Gavras, quien vino a presentar su nueva película, Adults in the Room, basada en el libro de memorias del exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis durante su etapa en el Gobierno. La frase del título corresponde a Christine Lagarde (cuando ocupaba la presidencia del FMI) pronunciada con sarcasmo bajo intensas discusiones, producidas en una de las innumerables reuniones del Eurogrupo para tratar la dura crisis económica que azotó Grecia y que aún hoy sigue sufriendo. Y esto es precisamente lo que narra Costa-Gavras: reuniones, negociaciones y cenas entre políticos y tecnócratas –en su mayoría varones- para dar solución a esa tragedia griega. El director orquesta una hagiografía del exministro a la vez que dibuja un vodevil con las instituciones políticas de Europa, poniendo en evidencia el enfrentamiento existente entre la dictadura de la austeridad y el incremento de medidas para activar el empleo. Las desabridas interpretaciones y su excesiva duración no juegan en su favor, así como su tono discursivo durante todo el metraje y su más que cuestionable cariz cómico, pero lo que convierte a Adults in the Room en una propuesta plausible es el coraje de Costa-Gavras por llevar a la pantalla una recreación de lo que significó un periodo ya histórico de Grecia y la Europa presentes. Eso y su desenlace, donde la palabrería cae derrotada ante los encantos y el poder de la imagen.

La Gala de RTVE acogió con escasa fortuna el estreno de Adiós, dirigida por el sevillano Paco Cabezas. Arquetípico filme de acción al que no le falta un cliché que tiene a bandas de narcotráfico de las 3.000 viviendas y a la corrupción policial como protagonistas. Personajes paródicos, escenarios adulterados y escenas inverosímiles. El retrato de Sevilla que se hace es lamentable, integrado torpemente en la narración, al contrario de otras películas recientes que tenían a la ciudad hispalense como escenario (El autor, Tu hijo). Duele más por tratarse de un sevillano el responsable de esta perpetuación de rancios tópicos, y no solo porque Sevilla es mucha más que la droga, el Betis, la copla y Juan y Medio, sino porque quien se atreva a tratar estos temas y adentrarse en sus barrios marginales no debería hacerlo de forma tan manida y tosca.

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