Moonlight

“The child needs a helping hand or he’ll grow to be an angry young man some day”

El subtítulo de este comentario sobre Moonlight es una cita de “In the ghetto”, la maravillosa canción popularizada por Elvis Prestley acerca de un chico de barrio que cae en la delincuencia por culpa de la sociedad en la que nace y crece. Y viene a cuento porque Moonlight, la cinta de Barry Jenkins, podría ser algo así como una adaptación cinematográfica de dicho tema, si no fuera porque ya es de por sí una adaptación de la obra  In Moonlight Black Boys Look Blue de Tarell Alvin McCraney.

¿Recuerdan Precious, la película de Lee Daniels de 2010? Durante un tiempo parecía que no se la podía criticar negativamente, porque si lo hacías eras un racista, un insensible y una bestia sin corazón (algo así dijo incluso Isabel Coixet en su día). Quizás por eso en su momento la crítica fue unánime en sus alabanzas, pese a que se trataba de un puro y duro telefilme de sobremesa enmascarado como gran película y sostenido enteramente por la enorme interpretación de Mo’Nique en uno de los personajes más asquerosos y odiosos de los últimos diez años.

Lo mismo ocurre un poco con Moonlight. Cabe preguntarse si la unanimidad de la crítica acerca de sus valores cinematográficos viene precisamente de evitarse esas acusaciones de insensibilidad y racismo. Porque siendo justos, la película no es más que un conjunto de tópicos andantes envueltos en tono políticamente correctísimo. A saber: niño sensible que es abusado por sus compañeros de colegio y por su madre, gay, enamorado de su mejor amigo, que busca una figura paterna en un bondadosos traficante y acaba siendo también él mismo un camello de barrio. Más obvio, imposible. Más políticamente correcto, imposible. Y además, tiene un tono sorprendentemente frío, seguramente para evitar ser manipuladora en su manejo de las emociones (lo cual es positivo), pero termina poniendo demasiada distancia con el espectador. Esa emotividad de la que habla toda la crítica no se encuentra por ningún lado.

Por suerte, el segundo episodio es una pequeña maravilla que tira para arriba con la película entera. Ahí sí pone Barry Jenkins la carne en el asador, sacando un extraordinario partido a la actuación de los jóvenes Ashton Sanders (fantástico) y Jharrel Jerome, especialmente en la escena íntima que comparten en la playa y en los brutales acontecimientos que se suceden después. Es el único de los tres segmentos que resulta sobresaliente. Lo demás es una cinta correcta, bien hecha y bien actuada (atención a Mahershala Ali, el mejor situado para llevarse el Oscar al Mejor Actor Secundario, y a quien habíamos visto antes en Los Juegos del Hambre o este mismo año en Figuras ocultas), con momentos brillantes, pero demasiado fría, prosaica y sobre todo políticamente correcta y nada arriesgada.

Lo mejor: Su segundo capítulo y la actuación de los jóvenes protagonistas.
Lo peor: No es ni de lejos tan buena como se está diciendo.

Calificación: 6,5/10

 
 

Título original: Moonlight

Año: 2016

Duración: 111 min.

País: Estados Unidos

Director: Barry Jenkins

Guión: Barry Jenkins (Historia: Tarell Alvin McCraney)

Música: Nicholas Britell

Fotografía: James Laxton

Reparto: Trevante Rhodes, Naomie Harris, Mahershala Ali, Ashton Sanders, André Holland,Alex R. Hibbert, Janelle Monáe, Jharrel Jerome, Shariff Earp, Duan Sanderson, Edson Jean

Productora: A24 / Plan B Entertainment / Upload Films

 

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