Mateo

«Qué pronto aprendemos a matar»

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Dirigida por María Gamboa en 2014, Mateo es el primer largometraje que la realizadora presenta a ojos de los espectadores. Co-producida por Colombia y Francia, la película es la opción elegida por el país sudamericano para presentar su candidatura a los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa, lo que ya dice bastante de las expectativas y la acogida que la cinta ha obtenido en los diferentes festivales en los que ha sido exhibida. De hecho, ha sido aplaudida por el público de toda la sala en su primera proyección en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2014, en la sección Europa Junior.

La historia de Mateo (co-escrita por María Gamboa y Adriana Arjona) se sitúa en uno de los barrios marginales de Barrancabermeja, Colombia y es todo un alegato en pro de la resistencia comunitaria concebida como respuesta contra la violencia que ejercen los habituales grupos de extorsionistas de perfil violento que trufan el país. De hecho, la directora deja clara su intencionalidad de crear conciencia y denunciar a lo largo del corto metraje de la película e incluso en sus créditos finales, los cuales homenajean a las diferentes comunidades que luchan contra la violencia callejera en la difícil realidad del atribulado país. Mateo es un drama social bienintencionado y necesario, aunque por desgracia bastante descompensado en cuanto a virtudes y defectos se refiere.

El protagonista de la cinta (que presta su nombre al título de la misma) es un chaval de 16 años que vive en un barrio deprimido del citado municipio de Barrancabermeja. Hijo de madre humilde y trabajadora, se deja querer por la tentación de la delincuencia trabajando como recaudador para su tío Walter, un prestamista que utiliza métodos de extorsión para recaudar desorbitados intereses a los comerciantes de la ciudad. Acosado continuamente por la pobreza, Mateo ve en Walter la personificación de un futuro pleno con dinero fácil garantizado, lejos de las estrecheces económicas. Arrastrado por las dificultades de su situación y por la inmadurez típica de su edad, se hará un hueco en la organización criminal hasta convertirse en el ojo derecho del jefe de la banda que tiene a todos los comercios de la zona bajo su control. Todo parece fácil visto así, excepto por el detalle de que la madre de Mateo no quiere vivir a base del dinero sucio que Mateo consigue, ella prefiere ser pobre pero honrada, y como la mayoría de las madres de este mundo, lo que más desea es que su hijo viva alejado de la violencia callejera y se centre en los estudios o al menos en algo parecido.

El conflicto de la cinta surge cuando Walter encomienda a Mateo una misión algo peculiar: Infiltrarse en un grupo de teatro de la zona organizado por un peculiar párroco donde al parecer algunos de los chicos que trabajaban para el violento capo se han unido, dejando de trabajar de repennte para él, desestabilizando su organización de extorsión sistemática. Según Walter, cada uno de los chicos que ha pisado dicho grupo de teatro se ha convertido en una especie de afeminado que sólo se preocupa de fumar porros. Además, le han llegado comentarios de que el párroco que coordina el lugar sermonea y agita a la comunidad en contra de su organización. Por tanto, el objetivo prioritario de Mateo es conseguir de primera mano toda la información posible sobre quienes son esos chicos, y qué se dedican a hacer con ese maldito sacerdote; misión que al final se convertirá en una experiencia de autoconocimiento, en una especie de epifanía que producirá un replanteamiento de valores por parte del impulsivo adolescente.

Mateo es una cinta que expone lo que puede pasar cuando a la violencia se le planta cara con valentía y anteponiendo la sensibilidad comunitaria y el peso inefable de la cultura y los valores cívicos. Si algo queda claro viendo la cinta de María Gamboa es que el arte y la educación es una combinación que junto al amor y a la esperanza pueden poder en jaque al odio más envenenado y los problemas que éste acarrea a cualquier sociedad con más problemas de lo debido. Como hemos dicho, Mateo derrocha buenas intenciones, y se le agradece. Ésa es su gran virtud, su espíritu combativo y su alegato fresco y resistente. Sus ganas de animarnos a reflexionar para que cambien las cosas. En cambio la cinta presenta varios problemas que lastran el resultado final de ésta como obra cinematográfica.

El apartado que más daño hace a la producción es el de las interpretaciones. Aunque bien es cierto que Carlos Hernández (Mateo) y los principales actores de la película sobrellevan su papel con bastante oficio, el plantel de secundarios se presenta estrepitosamente fallido; tanto es así que abundan frases que parecen olvidarse a medio camino de su dicción e incluso se tiene la sensación de captar alguna que otra mirada furtiva a cámara. Esta cuestión es imperdonable a la hora de enfrentarse a una producción audiovisual de ficción ya que se rompe de manera radical la sensación de verosimilitud necesaria para dejarse llevar por la trama. O dicho de otra forma, no existe buena película si hay malos actores. No importa qué papel tengan en la historia, cuando ocurren este tipo de cosas, la magia del cine se viene abajo; se le ven las costuras al traje, le vemos el truco al ilusionista… Por tanto, éste es un factor crucial que me fuerza a no considerar la película como una obra a destacar. Se puede tener una buena intención, se pueden apuntar maneras en cuanto a realización, puedes tener la gracia de tratar un tema tan complicado como la violencia callejera con un toque de dulzura y elegancia inaudito, pero si luego lo estropeas mostrando una evidente dejadez en la dirección de ciertos actores, todo lo conseguido termina malográndose.

Con esto no quiero decir que Mateo sea una película a evitar, al contrario. Es una propuesta bastante fresca, valiente e interesante que aporta un toque distintivo e idealista (demasiado quizás) a un tema que es muy susceptible de caer en el morbo excesivo e injustificado. En la película de María Gamboa la violencia se palpa, pero no la vemos explícita excepto en los estallidos puntuales que se presuponen en un ambiente tan hostil. La directora prefiere mostrarnos el otro lado de una realidad social aterradora, el de la esperanza, el de la lucha y el de la imaginación y las ganas de vivir la vida exprimiendo cada minuto de ella y abriendo nuestra mente y espíritu hacia el arte y en definitiva hacia los demás.

Si relajamos nuestro rasero y nos olvidamos del aspecto comentado y de ciertas cuestiones relacionadas con su resolución, tenemos una película de esas que inspiran ligeramente y te hacen reflexionar, no sólo respecto a la sociedad donde vivimos sino sobre cuál es nuestro rol dentro de ella y cuál es nuestra esencia como individuos.

Tiene mucho mérito cuando el afán de veracidad y sencillez despierta cuestiones menos tangibles. Ése es un mérito que no se le puede negar a todo el equipo implicado en el rodaje de Mateo. Se agradecen sus objetivos, pero se lamentan sus carencias, no por ser muchas, sino precisamente por ser escasas, pero imperdonables.

Calificación: 5/10

 
 

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Título original: Mateo

Año: 2014

Duración: 89 min.

País: Colombia

Director: María Gamboa

Guion: Adriana Arjona, María Gamboa

Música: Marc Huri, Camilo Sanabria

Fotografía: Diego Jiménez

Reparto: Carlos HernándezFelipe BoteroSamuel LazcanoMiriam Gutiérrez

 Productora: Coproducción Colombia-Francia; DíaFragma / Fábrica de Películas / Ciné-Sud Promotion

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