Mad Men

El fin de una era

Se acabó la fiesta.

Después de ocho años en antena y siete temporadas, Mad Men, la reina de los Emmy y los Globos de Oro en categoría de Drama durante años, ha dicho adiós a sus espectadores manteniendo alto el pabellón de representante de una época, la de las décadas de los 50 y 60, que cambiaron Estados Unidos y lo convirtieron en el país que es hoy en día. Esto, por supuesto, significa también despedirse de sus grandes personajes que han acompañado muchas noches a fans de todo el mundo con sus problemas y tensiones laborales y, por supuesto, con sus enmarañadas vidas personales y amorosas. Y sobre todo, supone decir adiós no sólo a una de las series dramáticas más logradas sino también a uno de los protagonistas icónicos de los últimos veinte años de la televisión americana: el inefable as de la publicidad e irredento seductor Don Draper.

¿Ha sido satisfactorio dicho final, dicho adiós a las aventuras y desventuras de los trabajadores de Sterling Cooper (o Sterling Cooper Draper Pryce, o cualquiera de sus sucesivas variantes)? Eso debe decidirlo cada espectador. Para quien esto firma ha faltado más dramatismo, ha sobrado algún detalle morboso (el destino de Betty, ex-mujer de Don) y se ha echado en falta alguna concesión a las especulaciones que los fans llevaban haciendo durante años, por ejemplo acerca de los extraños y algo inquietantes créditos iniciales. Lo que está claro es que el final ha estado a la altura de lo que ha venido siendo la serie durante sus últimas tres temporadas, es decir, una buena producción dramática llena de lujo, protagonizada por excelentes actores y con guiones realmente notables, pero en modo alguno a la altura del nivelazo de sus primeras cuatro tandas de episodios. Digamos que, en el momento en que Matthew Wiener, el creador de la serie, firmó el divorcio de Don y Betty (una trama sentimental que daba mucho, muchísimo juego) y decidió prescindir de January Jones (reducida desde entonces casi a invitada de lujo), la serie perdió interés al desaparecer uno de sus pilares fundamentales. Casi al mismo tiempo comenzaron también los problemas en la empresa y, ciertamente, ninguna de las asociaciones posteriores entre los personajes tuvo nunca el interés y el carisma que sí tenía la primigenia Sterling Cooper, por muchos detalles y suicidios sorprendentes que metiera Wiener por medio.

Sin duda, la mejor virtud de la serie ha sido la extraordinaria capacidad de Weiner para la caracterización y desarrollo de personajes, y la fascinación que han provocado las distintas relaciones entre ellos. Allí donde la ficción se hacía quizás más floja y densa (es decir, en las tramas de oficina, por así llamarlas, que envolvían los distintos casos laborales de la agencia de publicidad) emergía con singular brillo el apartado más emocional de la trama. Wiener nunca tuvo miedo de romper las parejas, de separar a los amigos, de recuperar relaciones en los momentos más insospechados para volverlas a romper cuando el público menos lo esperase. Ahí está el eterno tira y afloja de Roger y Joan, por ejemplo, con su imagen de amantes sin compromisos que escondía unos sentimientos mucho más profundos de los que ellos querían admitir, los tejemanejes sentimentales de Peggy (con o sin Pete por medio) y por supuesto el turbulento matrimonio de Don y Betty,  marcado por las continuas infidelidades de él, salpicado de broncas y reconciliaciones apasionadas y culminado en un divorcio materializado muy poco después del nacimiento de su tercer hijo. El happy ending americano entendido a la antigua usanza nunca estuvo en el guión de Mad Men. Nunca hubo intención de filmar un cuento de hadas, pero sí de hacer un retrato de cómo era Estados Unidos en una época enormemente convulsa y de muchos cambios y de presentar al espectador unos personajes complejos llenos de luces y sombras. Ahí está Peggy, por ejemplo, y su transformación de inocente y cuasi-monacal secretaria a dura mujer de negocios. O Joan, bastante insufrible en sus inicios como secretaria que miraba a todo el mundo por encima del hombro con notable sarcasmo y chulería sólo por tener un sitio privilegiado en la cama de uno de los jefes, y convertida después en una responsable y sufridora madre que lucha por abrirse camino en el machismo del mundo laboral. Qué decir también de Roger, un sinvergüenza encantador con capacidad para llevarse a todo el mundo a su terreno, irresponsable en sus relaciones familiares y un completo inepto emocional que, sin embargo, sufre mucho a lo largo de las temporadas. Y el gran protagonista, Don, un triunfador con tendencia a la autodestrucción (quizás no física, pero sí moral y familiar), Don Juan irreductible e irresistible con poco respeto por las mujeres que deciden (pobres de ellas) amarlo y, sin embargo, un buen hombre y un tipo fiable en casi cualquier circunstancia. Jon Hamm, en una interpretación simplemente memorable, se ha encargado de poner cara, cuerpo y alma a este tipo cuyas acciones pocas veces se pueden defender o justificar, que saca muchas veces de quicio con su egoísmo, pero que aun así resulta tan atractivo, carismático e irresistible que es imposible que no caiga bien al espectador.

Con el fin de Mad Men acaba sin duda una era en la televisión estadounidense, la marcada por una serie que, pese a haber ido de más a menos, seguramente será recordada como una de las ficciones más completas, complejas y mejor escritas y actuadas de principios del siglo XXI. No es casualidad que sus cuatro primeras temporadas ganaran el Emmy como Mejor Serie-Drama de forma consecutiva. Los halagos no la han acompañado desde su comienzo porque sí. Mad Men es historia y leyenda viva de la TV porque ha conseguido contar una historia adictiva y hacer atractivo un mundo a priori tan poco interesante en la ficción como la publicidad.

Recordada sea.

Calificación: 7,5/10

 
 


Título original:
Mad Men (TV Series)

Año: 2007

Duración: 45 min.

País: Estados Unidos

Director: Matthew Weiner (Creator), Phil Abraham, Lesli Linka Glatter, Tim Hunter, Jennifer Getzinger, Michael Uppendahl, Matthew Weiner, Andrew Bernstein, Alan Taylor,John Slattery

Guión: Matthew Weiner, Kater Gordon, Marti Noxon, André Jacquemetton, Maria Jacquemetton, Lisa Albert, Robin Veith, Erin Levy, Bridget Bedard, Tom Palmer, Chris Provenzano, Cathryn Humphris, Dahvi Waller

Música: David Carbonara

Fotografía: Chris Manley, Phil Abraham, Steve Mason, Frank G. DeMarco, Bill Roe

Reparto: Jon Hamm, Elisabeth Moss, Vincent Kartheiser, January Jones, Christina Hendricks, John Slattery, Aaron Staton, Rich Sommer, Robert Morse, Bryan Batt,Michael Gladis, Alison Brie, Jared Harris, Jessica Paré, Maggie Siff, Mark Moses,Christopher Stanley, Rosemarie DeWitt, Peyton List, Kiernan Shipka

Productora: Emitida por la cadena AMC; Lionsgate Television

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