La señal

Ratas de laboratorio


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Existen varias películas dentro de la última producción de William Eubank, La señal (The Signal, 2014). O más bien, para ser más exactos, lo que hay en ella es un puñado de géneros que no terminan de mezclarse de una forma homogénea. Como resultado, tenemos una de esas cintas que parece que nunca se termina de decidir sobre lo que nos quiere contar y cómo quiere contárnoslo. Una producción difícilmente defendible desde un punto de vista formal mínimamente crítico. Aunque será mejor vayamos punto por punto.

La señal arranca como un thriller que nos cuenta la historia de unos jóvenes estudiantes que determinan seguir la pista de un misterioso hacker que se inmiscuye en sus ordenadores. Así pues, en sus primeras escenas todo fluye bajo los patrones típicos de una película del género. Se nos presenta a sus tres personajes principales, Nic (Brenton Thwaites), su novia Haley (Olivia Cooke) y su amigo inseparable, Jonah (Beau Knapp). Los tres viajan por carretera para trasladar a Haley a un destino el cual supone un pronunciado bache en la relación sentimental que ésta mantiene con Nic. A medida que suman kilómetros el viaje se hace más tenso, pues no solo los sentimientos están a flor de piel por causas sentimentales, sino que se suma a la ecuación las continuas intromisiones que el enigmático hacker ejecuta en el sistema de seguridad de sus portátiles. Atraídos por el juego de genios que el informático les representa, deciden hacer un desvío en el camino para encontrarse con él cara a cara. Han conseguido localizar sus coordenadas, y a pesar de que puede suponer un peligro, no piensan dejar escapar la oportunidad de dejar en evidencia al desconocido as de los ordenadores. A partir de este momento, los patrones cambian. La historia dará un giro hacia el terreno del terror psicológico, pues mientras los protagonistas abordan el lugar donde se supone que habita el hacker, Haley desaparece. Además, ocurrirá un incidente (que no vamos a desvelar) que acabará llevando a Nick y Jonah a un misterioso hospital que parece regido por el gobierno y que está a bajo el mando del doctor Wallace Damon (Laurence Fishburne), un incansable individuo que somete a Nick a interminables interrogatorios, pero no facilita ninguna información sobre lo que se supone que ha ocurrido. Es a partir de entonces cuando todo vuelve al terreno del thriller y más tarde se mezcla con elementos propios del cine de acción, pues el misterio de intentar de averiguar los motivos por los que tienen cautivos a los protagonistas en un mar de pasillos blancos y hombres con trajes protectores y escafandras se unirá a la adrenalina del intento de fuga y supervivencia que estos traman.

Como pueden comprobar, no exagerábamos cuando decíamos que  hay una mezcla de géneros llamativa en el último trabajo de William Eubank. Acción, misterio e incluso terror cohabitan en la cinta, todo bajo un envoltorio propio de la ciencia ficción. Sin embargo, estos elementos no se funden en un todo compacto, haciendo que al final se tenga la sensación de que estamos ante un producto que, a pesar de tener ciertos aspectos atractivos, se pierde en una narrativa demasiado errante y nos deja con un sabor de boca agridulce.

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Es verdad que a veces las producciones de ciencia ficción se ven sometidas a un plus de exigencia en cuanto a coherencia se refiere si la comparamos con referencias de otros géneros. También es cierto que quizás sea injusto esta doble vara de medir, aunque no carece de lógica pensar que aquellos autores que deciden contarnos una historia que eche mano de la ciencia para asentar sus pilares deberían plantear un discurso, cuanto menos, congruente. El caso es que La señal se aleja mucho de causar sensaciones de continuidad en cuanto a su tono y trama se refiere. Todo parece fruto de la improvisación y su linea argumental se revela plana e infantiloide a medida que los minutos avanzan. Lo que arranca como una historia atractiva y misteriosa se transforma en un subproducto que tiene más que ver con la ciencia ficción y las producciones fantásticas dirigidas a los adolescentes que con otras obras más serias. Todo se antoja demasiado plano y banal una vez visto el desenlace propuesto por Eubank y sus guionistas. Es difícil quedar con una sensación satisfactoria cuando se destruye una premisa interesante para apostar por lo de siempre. Al final hay demasiada acción insípida, demasiada inocencia imberbe, demasiada falta de ambición; su estrepitoso final es la prueba de que los responsables no supieron cómo dar forma a una buena idea. Hay demasiadas trampas en La señal como para terminar tomándosela en serio. Demasiados retales; demasiados parches. Para colmo, el malogrado montaje no ayuda en demasía a disipar la sensación de malestar y confusión que genera el desorientado guión.

A pesar de lo poco logrado de las lineas generales que se trazan en La señal, podemos encontrar varios puntos dignos de tener en cuenta. El conjunto de actores realiza su trabajo con diligencia, lo que aporta un empuje extra al desmerecido conjunto. Laurence Fishburne, quien es, sin duda, el atractivo principal del reparto ejerce sin pena ni gloria (tampoco caben muchos registros detrás de su cuadriculada escafandra) en su rol de malo de la película, por lo que tampoco su presencia es una excusa perfecta para pagar los euros en taquilla; aunque bueno, loa acérrimos del actor seguro que lo agradecerán. Igualmente su fotografía y su nivel estético destaca sobre los demás elementos, haciendo de este apartado el más notable de toda la producción, por lo que podemos intuir que en este campo William Eubank puede ofrecer cosas interesantes en un futuro. Pero lo más importante que tal vez se puede decir de la película es que, a pesar de sus defectos, no aburre. Es extraño, pero a pesar de su aparente indecisión por definirse y de su poca profundidad, sus 95 minutos pasan con rapidez y sorprendentemente la cinta se revela como una opción efectiva para matar el tiempo.

En definitiva, se pueden rescatar ciertos momentos puntuales y algunos apartados técnicos de la película. Pero por desgracia se nos queda la sensación de que William Eubank aún está demasiado inmaduro para ofrecernos algo de más calado. Se le notan los vicios de quien aún tiene su arte por depurar; abusos de cámara lenta, excesiva preocupación por la factura estética en detrimento del contenido y demasiados altibajos narrativos, por poner algunos ejemplos.

No niego que concibo que haya quienes disfruten con La señal, pues la película funciona si se le presta un visionado relajado. Lo que ya sería más extraño es que se convirtiera en una cinta de culto, ya que su nivel expositivo deja mucho que desear. Desde un punto de vista crítico el resultado se acerca al aprobado, pero no lo alcanza por poco. A lo mejor con un desenlace menos ridículo hubiese cambiado la historia.

Sea como sea, el experimento, aunque fallido, interesa. Aunque solamente sea para que nos conste la existencia de Eubank como un cineasta «nuevo» interesado en el tan difícil y popular género de la ciencia ficción.

Calificación: 4/10

 
 

La_señal_GE_MC_CartelTítulo original: The Signal

Año: 2014

Duración: 95 min.

País: Estados Unidos

Director: William Eubank

Guion: William Eubank, Carlyle Eubank, David Frigerio

Música: Nima Fakhara

Fotografía: David Lanzenberg

Reparto: Laurence Fishburne, Brenton Thwaites, Olivia Cooke, Beau Knapp, Lin Shaye,Robert Longstreet, Jeffrey Grover

Productora: Automatik Entertainment / Low Spark Films

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