La prima Angélica

Ayer fue hoy y quizás lo sea por siempre

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Carlos Saura. Escritor, fotógrafo, guionista y aclamado director de cine español, nació en Huesca allá a principios de la década de los 30 en los albores de una España dividida que pronto explotaría en una cruenta guerra civil. Hijo de un abogado y una pianista, abandonó su carrera de Ingeniería Industrial para dedicarse a lo que realmente llevaba en sus genes, hacer cine. Para ello, acudiría sin cesar al Instituto de Investigaciones y Estudios Cinematográficos, centro en el que por cierto, llegó a trabajar como profesor.

Tuvieron que llegar los años 50 para que el director filmase sus primeros cortometrajes. Flamenco (1955), Pequeño río Manzanares (1956), o La tarde del domingo (1957), serían las primeras obras de lo que a día de hoy es una extensísima filmografía.

Desde entonces, y hasta los años que hoy nos alumbran, su cine se ha visto influenciado por diversas corrientes y movimientos cinematográficos. En ocasiones, el realizador bebe del Neorrealismo de esencia puramente italiana, para otras veces abrazar sin cobardía el Surrealismo más alegórico y plagado de símbolos. De hecho, podría citarse al maestro Luis Buñuel como una de las referencias más directas en algunos de sus trabajos, ya que en sus películas suelen darse la mano realidad y metáfora con asiduidad haciendo así del cine de Saura un universo plagado de alusiones sociopolíticas de muy distinta formalidad. Aunque Saura no sólo se interesaría por estas facetas del cine, sino que coquetearía continuamente con el género musical, haciendo del Folklore español y su cultura, una constante a disfrutar en sus obras.

Entre su amplio abanico de referencias, destacan películas como Cría Cuervos (1975), Peppermint Frappé (1967), su adaptación de Bodas de sangre (1981), o cintas como, La caza (1965),  El 7º Día (2004), y ¡Ay, Carmela! (1990). Aunque en esta crítica nos vamos a centrar en la producción que nos entregó en el año 1973, La prima Angélica; cinta elegida en el 17º Festival de cine de Málaga como “Película de oro”, la cual servirá como elemento central del homenaje que se realizará (entre otros artistas) al consagrado director español.

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La prima Angélica es sin duda una de las películas más importantes que Carlos Saura rodó durante los años 50 y 60, época en la que Elías Querejeta ejercería de productor de gran parte de su cine. En esta ocasión, con la ayuda de un poderoso y vanguardista guión coescrito junto a uno de las grandes figuras de nuestro cine, el ya mítico Rafael Azcona, la película se convertiría en uno de los puntos más álgidos, singulares y atractivos de toda su carrera cinematográfica, aunque quizás no por ello uno de los más conocidos ni populares.

Cabría señalar que La prima Angélica es una cinta que no es fácil de digerir y que transcurre con pausa notable. Pero también es cierto que propone mucho más de lo que parece en un principio.

En sus primeros planos veremos a un hombre que exhuma los restos de su madre para trasladarlos hasta su pueblo natal y allí volver a enterrarlos junto a su familia. Este hombre es Luis, quien al regresar al lugar donde pasó gran parte de su infancia inicia un retorno a sus recuerdos y sus antiguas obsesiones, una amplia galería de sinsabores y pequeños placeres que desfilarán de nuevo por su corazón. Cada lugar, cada rincón de su pueblo o de la casa donde se crió le evoca recuerdos y viejas sensaciones que hacen que el pasado vuelva a su presente en forma de olores, sonidos, voces, canciones, caricias, y miedos.

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Queda claro que la memoria es uno de los temas principales de los muchos que trufan la película de Carlos Saura. El reencuentro de Luis con la familia y los lugares que lo vieron crecer son el resorte que desatan las emociones pasadas, haciendo que éstas despierten renovadas y cargadas de una fuerza inaudita. Su prima Angélica, su abuela materna y sus dos tías, la que estaba soltera y la que tenía un esposo falangista, sus padres, tanto tiempo ausentes, el colegio religioso donde estudió, las aulas donde resonaban las voces de los curas, el estallido de la guerra cuando apenas era un niño… pero sobre todo, por ello la hemos mencionado la primera, Angélica. Si algo viene a la mente de Luis al pisar su pueblo son las sensaciones relacionadas con su prima Angélica, a la que después de tantos años separados, vuelve a ver, ya casada y con una hija que es la viva imagen de ella cuando era niña y que conserva su mismo nombre, una especie de reencarnación y vivo ejemplo de la memoria de la chica que su madre fue. Ejemplo que turbará aún más la memoria y los sentimientos de Luis.

Todo este torrente de tiempos y vivencias pretéritas sirven a Saura para hacernos reflexionar sobre la esencia de la memoria, el pasado, y por qué no decirlo, lo presente, futuro y eterno. En muchas de las escenas de Mi prima Angélica, veremos que Luis, quien por cierto está interpretado muy correctamente por José Luis López Vázquez, intenta agarrar con sus manos momentos que ya se fueron. Su pasado le pertenece porque lo atesora en su cabeza, para su gozo y para su pesar, pero a pesar de ello, el pasado es algo que se puede acariciar, pero no cambiar. Es por ello que la memoria es un elemento de esencia agridulce, nos susurra siempre al oído lo que fue, pero igualmente nos sugiere sin tapujos lo que pudo o no pudo ser. ¿Qué hubiera sido de Luis si no hubiese estallado la Guerra Civil?, ¿Qué hubiera sido de su vida si su padre no hubiera abrazado aquellos ideales de izquierdas?, ¿Qué hubiera ocurrido con su vida si el sinsentido del conflicto político no se la hubiera desgarrado en dos?, ¿En qué variaría su presente?, ¿Cómo sería ahora su familia?, ¿Con quién compartiría su corazón?. Carlos Saura y Azcona, con una inteligencia inmensa, hacen personal un asunto que afectó a una nación entera. Cuando uno ve su película, comprende perfectamente que al igual que su protagonista, todo un país y las generaciones que vivieron la guerra se preguntan de la misma forma que Luis, qué habría sido de ellos si la guerra no hubiese irrumpido en sus vidas de esa forma.

Pero no es de la guerra en sí de lo que nos habla Saura. La guerra es el contexto de lo más importante. Son igual de relevantes en cuanto al papel que juegan en el destino del personaje principal la educación religiosa y represiva, el rencor político, y el tabú que suponían algunas fronteras filiales y sentimentales, que cuando joven, Luis experimentó.

Por supuesto, no voy a desvelar de dónde viene el gran conflicto de la película, quiero tener en cuenta a quienes aún no hayan visto la cinta. Pero sin duda, como ya señalaba con anterioridad, pensar que Mi prima angélica es una película más que trata sobre la Guerra Civil Española, sería quedarse tristemente en la superficie de todo. Por fortuna hay miles de matices más que alimentan el atractivo a la hora de verla.

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Aunque sin duda, su aspecto clave a señalar radica en su atrevimiento formal. Si bien técnicamente Saura no destaca por ser un preciosista en la fotografía y hace un uso más bien funcional de los planos, en esta película se saca de la manga un recurso narrativo que aunque no fuera novedoso, resulta fresco o cuanto menos llamativo. Y es que a medida que Luis visita los lugares que frecuentó en tiempos pasados y los recuerdos retornan a su mente, lo que veremos no serán Flashbacks al uso, sino que observaremos al Luis adulto revivir, volver a conversar y casi tocar con sus manos, situaciones ya vividas. Es esta confluencia de esferas temporales una metáfora perfecta que nos dice claramente que por muy vivo que tengamos un recuerdo, y muy a pesar nuestro, no podremos cambiarlo. Lo ocurrido, ocurrido está. Por tanto, el presente puede hacernos esclavos de tiempos pretéritos si les dejamos que nos acompañen de la mano y dialoguen eternamente con nosotros mientras seguimos nuestro camino hacia el futuro.

Así pues, mientras decidimos si olvidar y seguir adelante, si intentar recuperar lo que no pudo ser, o por el contrario estancarnos en el recuerdo, el tiempo en sí se nos escapa. Y ésa es la gran ironía de todo, que a pesar de tener una eternidad por delante, las horas nunca se paran a esperarnos. Simplemente transcurren y nosotros vivimos atados en mayor o menos medida a lo que fuimos, o en el caso de Luis y de muchos otros, como por ejemplo su prima Angélica, atados a lo que las circunstancias les obligaron a ser. O más bien a no ser.

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Gran elección para homenajear a Saura, es claramente una cinta a reivindicar, aunque ya fuese premiada en Cannes. No se pierdan la oportunidad de probar con alguna película de este gran director, es una pieza clave para entender el cine español, y por qué no, parte de nuestra cultura e historia más reciente.

Calificación: 8/10

 
 

La_prima_Angélica_cartel_original_ficha_MCTítulo original: La prima Angélica

Año: 1973

Duración: 107 min.

País: España

Director: Carlos Saura

Guion: Carlos Saura y Rafael Azcona

Música: Varios

Fotografía: Luis Cuadrado

Reparto: José Luis López Vázquez, Lina Canalejas, Fernando Delgado, Julieta Serrano, Lola Cardona, Josefina Díaz, José Luis Heredia, Encarna Paso, Luis Peña, María de la Riva, Marisa Porcel

Productora: Elías Querejeta P. C.

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