La casa junto al mar

Desbrozando caminos

El punto de partida de La casa junto al mar es todo un clásico en el cine. Unos hermanos que se ven en la necesidad de reunirse en la morada familiar después de años sin verse todos juntos debido a la grave enfermedad de su progenitor. Como en tantos otros títulos que vertebran su estructura argumental sobre este asunto, la cinta de Robert Guédiguian se nutre de la melancolía, de los remotos recuerdos, del anhelo de una infancia perdida, de los tiempos mejores. De los sueños juveniles observados con la perspectiva que otorga la madurez.

Los personajes se mueven bajo los ecos del pasado. Anclados en un tiempo que se fue, que se evaporó en algún momento cada vez más lejano. E intentan rescatarlo repitiendo situaciones vividas anteriormente, cocinando recetas antiguas, manteniendo habitaciones y lugares intactos, enamorándose de personas más jóvenes que ellos. Pero el camino transitado jamás podrá volver a serlo nuevamente. La calidez del pueblo costero ha dado paso al turismo veraniego, los barcos pesqueros quedan relegados por los yates, los aviones y trenes pasan a formar parte del paisaje, la globalización se ha impuesto y el mercado manda por encima de ideales.

La lectura política que impregna Guédiguian en su relato acerca de una ideología de la lucha obrera que parece haber sido diluida a favor del dinero y la apariencia, aunque hay quienes se empeñen en mantener su corazón lo más honesto posible (“Al igual que hacen todos, pensar con la derecha y sentir con la izquierda”, como se dice en el filme), se respalda formalmente con numerosas metáforas visuales sobre un presente en constante movimiento, evolución y ahogamiento. Al contrario de la nostálgica elegancia en la que se muestra el pretérito con ese emotivo y divertido flashback.

Presentada en la 74 edición del Festival de Venecia, la cinta se apoya en las deliciosas interpretaciones de un inspirado elenco, todos ellos ubicados perfectamente en el microcosmos del realizador francés. También ayuda el hermoso paraje marsellés, plasmado por Pierre Milon como un luminoso paraíso, el incesante sonido de las olas y la cadencia rohmeriana con la que pululan por pantalla los utópicos personajes de Guédiguian, quienes deben hacer frente a la enfermedad, a la muerte, al siempre irracional amor, a los cambios sociales e ideológicos, las transformaciones urbanísticas, la especulación inmobiliaria, y hasta a la inmigración. Vivimos en tiempos sombríos, como dijo Bertolt Brecht.

Calificación: 7/10

 
 

Título original: La villa

Año: 2017

Duración: 107 min.

País: Francia

Director: Robert Guédiguian

 

Guion: Robert Guédiguian, Serge Valletti

 

Fotografía: Pierre Milon

Reparto: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin, Yann Tregouët, Geneviève Mnich, Fred Ulysse

Productora: Agat Films / France 3 Cinéma / Canal+

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