Jurassic Park (saga)

La vida se abre camino

Año 1993.

Terminada (por aquel entonces) Indiana Jones, una de las sagas aventureras más importantes y exitosas de la Historia del Cine, Steven Spielberg y el mundo necesitaban una nueva película de aventuras con la que fascinar a los aficionados a los efectos visuales impactantes y sobre todo el sabor auténtico de la aventura en el cine, esa que emociona, entretiene, divierte, pone el corazón en un puño, hace temer al espectador por la suerte de los protagonistas y los entusiasma con sus arriesgadas y peligrosas peripecias.

El punto de partida para el llamado «Rey Midas de Hollywood» fue la novela de Michael Crichton Jurassic Park, publicada en 1990, y, salvando las diferencias entre un material y otro (los cambios seguramente no gustaron demasiado a los fans más acérrimos de Crichton, como suele ocurrir con las adaptaciones literarias), lo que le salió a Spielberg fue una de las cintas de aventuras más espléndidas y recordadas de los últimos veinticinco años, si no más. ¿Hace falta resumir el argumento? Un empresario llamado John Hammond (Richard Attenborough), propietario de la compañía InGen, crea un parque temático con dinosaurios reales revividos mediante un complicado proceso de excelencia genética. Antes de inaugurarlo invita a la isla Sorna, en la linea costera de Costa Rica, a algunos expertos para que avalen el proyecto, entre los que se encuentran los paleontólogos Alan Grant (Sam Neill) y Ellie Sattler (Laura Dern) y el matemático Ian Malcolm (Jeff Goldblum), además de los nietos de Hammond, entre otros. Por supuesto, la excursión de fin de semana no sale como estaba prevista y, cuando los invitados quedan abandonados en el parque a merced de unos dinosaurios liberados de sus cercados electrificados por un trabajador traidor, empieza la carrera por sobrevivir…

Spielberg diseñó un entretenimiento de primerísimo orden que no da respiro al espectador y lo mantiene en vilo con las aventuras que les ocurren a los personajes. Apostando claramente por ciertas notas del mejor cine de terror en la tradición monster movie (las apariciones del Tiranosaurio Rex o los velocirraptores son verdaderamente aterradoras, y el director no se corta a la hora de incluir momentos gore como el del descubrimiento que hace Ellie Sattler en el barracón…), Jurassic Park es aventura clásica, de la que pisa el freno y no lo suelta hasta el apoteósico final, acumulando secuencias para el recuerdo como la mencionada del barracón, cada uno de los ataques del Rex (especialmente el primero en el coche), el acecho de los velocirraptores en la cocina o la primera vez que Grant y Sattler ven los diplodocus en el agua. Por supuesto, los espectaculares efectos visuales contribuyeron a hacer la película todavía más grande. Nunca se había visto nada parecido a los dinosaurios de Jurassic Park. Nunca había sido posible creer de esa manera que los dinosaurios estaban realmente vivos. Era, simple y llanamente, la película de aventuras más alucinante y técnicamente lograda vista en años, coronada además por un guión trepidante y lleno de entretenimiento.

El éxito, por supuesto, no se hizo esperar. Como decimos, la propuesta era totalmente novedosa y fantástica, y eso se premió con una entonces astronómica recaudación de 914 millones de dólares mundiales en taquilla, una cifra que dejó con la boca abierta a todo el mundo y que convirtió a los dinosaurios de Spielberg en reyes históricos de recaudación hasta la llegada de Titanic (James Cameron, 1997) y sus mastodónticas cifras cuatro años más tarde.

Con un éxito así, una secuela no podía hacerse esperar mucho. Para ello, Michael Crichton hubo de escribir una secuela de su primera aventura jurásica (la primera secuela que escribía en su carrera), y así lo hizo, presionado por los fans y el propio Spielberg. El resultado fue El mundo perdido, que salió a la venta en 1995 y fue adaptada al cine en 1997. En esta ocasión, la trama seguía (en la película, de nuevo bastante diferente a la novela) a Ian Malcolm (Jeff Goldblum), superviviente de la primera aventura, en una suerte de misión de rescate de su novia Sarah (una entonces desconocida Julianne Moore), quien ha sido enviada por Hammond (Richard Attenborough) a la isla Sorna, verdadero laboratorio de Jurassic Park, donde ahora los dinosaurios viven en libertad después de que las instalaciones fueran abandonadas. Pese a que la excusa argumental (en la que luego se mezclan las luchas de poder dentro de InGen con algo de ecologismo y una cacería por la selva en la que los cazadores pronto se convierten en «cazados» por los dinosaurios carnívoros) es sensiblemente más pobre que en Jurassic Park, El mundo perdido sigue siendo una entretenidísima y notable cinta de aventuras que combina muy bien el enorme carisma del personaje de Malcolm con secuencias tan inspiradas como las del ataque de los tiranosaurios a la caravana, el acecho de los velocirraptores o la mencionada caza de los empleados de InGen de ciertos dinosaurios herbívoros con el objetivo de capturarlos y formar con ellos un nuevo parque recreativo. El problema principal, dejando de lado la repetición del esquema de la primera, es la parte final, cuando la acción se traslada a San Diego. Esa especie de epílogo «kingkongesco» del T-Rex aterrorizando la ciudad son los minutos que le sobran a la película y lastran su buen devenir hasta el momento. Con todo, para cualquiera que no le pida peras al olmo, El mundo perdido cumple muy bien con sus propósito de entretener y aterrorizar con nuevos dinosaurios y los clásicos de la primera parte, y sigue presentando un estupendo reparto de secundarios en el que destacan un novato Vince Vaughn, Arliss Howard, el ya tristemente fallecido Pete Postlethwaite y los ya no tan niños Joseph Mazello y Ariana Richards en un cameo al principio de la cinta.

Una historia muy distinta fue Jurassic Park III. Con Spielberg ya fuera de la ecuación y reducido a las siempre difusas funciones de productor ejecutivo, las riendas de la secuela las cogió Joe Johnston, quien traía en su curriculum colaboraciones con George Lucas en Star Wars como técnico de efectos visuales y también con el propio Spielberg en Indiana Jones, y venía de disfrutar unos años antes del éxito de otro blockbuster familiar como Jumanji (1995). Sin embargo, en esta ocasión, sí se ve ya muy claramente el agotamiento de la fórmula. Más allá de hacer pasar un rato medianamente entretenido al espectador, Jurassic Park III no aporta nada verdaderamente interesante. Solo la recuperación de Alan Grant como protagonista (esta vez contratado por un matrimonio adinerado para viajar a Sorna en calidad de guía en una misión de rescate del hijo adolescente del matrimonio, desaparecido por allí mientras practicaba paravelismo) y la secuencia del ataque de los pteranodones dan alguna alegría. Lo demás es lo de siempre pero con mucha menos calidad, porque ya lo hemos visto todo dos veces antes. Y encima, el protagonismo del Rex es sacrificado en favor de un dinosaurio bastante parecido, el Stegosaurus, bastante parecido al Rex pero sin el cariño que, se puede decir, los espectadores tienen ya al enorme reptil. La película contaba, una vez más, con secundarios de altura, como William H. Macy y Téa Leoni en las pieles del atribulado matrimonio, e incluso incluía una breve reaparición de Laura Dern como la recordada Ellie, pero ni siquiera eso es suficiente para salvar la película del tedio y de la vagancia creativa en la que cae desde el primer minuto.

Veremos qué nos depara Jurassic World, la cuarta y nueva producción de la saga jurásica, que llega este viernes 12 a los cines de medio mundo, España incluida, bajo la batuta de Colin Trevorrow y con actores como Chris Pratt y Bryce Dallas Howard encabezando el reparto. Ya no hay ni rastro de Malcolm, Grant o ningún otro personaje de las primeras y queridas películas, pero la premisa es de lo más suculenta: el parque originalmente imaginado por John Hammond se ha hecho realidad y lleva años funcionando sin problemas, hasta que una nueva atracción creada para paliar la crisis económica que vive el negocio en los últimos tiempos se desmadra sin control… con los visitantes y trabajadores por allí en medio, claro está. Y los Velocirraptores. Y el Tyranosaurio.
Viejos conocidos, nuevos dinosaurios, nuevos personajes, y la misma intención de seguir entreteniendo con unos animales que, aunque extintos, ya son como de la familia. Como bien decía Ian Malcolm en la primera película, la vida se abre camino. Jurassic Park está de vuelta, y es para quedarse. Disfruten.

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