Joven y bonita

Las cuatro estaciones de Isabelle

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Es innegable. El sexo y la adolescencia siempre fueron de la mano. Si bien es verdad que existen tantos y tan diferentes casos como personas hay en este mundo, el despertar sexual que acontece en dicha etapa de nuestra juventud puede dar lugar a las situaciones más variopintas que nos podamos imaginar. Y en una etapa de la vida en la que la personalidad está en eterno conflicto y los sentimientos dependen de tantos factores, las relaciones sexuales puede llegar a tener un papel fundamental a la hora de definir lo que somos y lo que seremos.

En el caso de Isabelle, la protagonista de Joven y bonita (Jeune et Jolie, François Ozon, 2013), su primera experiencia sexual con otra persona resultó frustrante e incluso podríamos decir que determinante. A pesar de haber experimentado anteriormente con su cuerpo, como hace la mayoría de los adolescentes de este mundo, cuando le llegó el momento apenas cumplidos sus 17 años, el disfrute fue nulo. Todos seremos testigos al principio de la película de la que quizá sea una de las escenas clave de todo el metraje, en ella veremos a Isabelle pasar como un doloroso trámite lo que ella pensó que sería una experiencia bonita y placentera. En otras palabras, la pérdida de la virginidad de nuestra protagonista, será el punto de partida real de toda la historia que el director francés nos propone. Todo vendrá derivado de aquella noche de vacaciones de verano en la que una playa fue el testigo del despertar sexual real de Isabelle.

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Se va el verano, y con el otoño Isabelle y su familia vuelven a su casa en la ciudad. Ella, sus dos padres, y su hermano menor, con quien por cierto guarda una estrecha relación, forman una familia burguesa de clase media alta arquetípica de cualquier ciudad del país galo. Nada parece contrariar la acomodada vida del clan; los hijos estudian, los padres trabajan, planean sus próximas vacaciones para el mes de Febrero… parece que se comunican y conversan con normalidad.  Pero hay algo oscuro que se cuece a fuego lento y que ignoran. La joven Isabelle, una vez liberada de la idealización del sexo y consciente del poder que su atractivo físico y su esplendorosa juventud suponen, decide ejercer en secreto la prostitución de alto standing. El otoño de Isabelle supondrá una especie de viaje iniciático en el que las verdades del sexo por dinero y las relaciones humanas saldrán a flote por sí solas, abriéndole los ojos aún más y dándole a conocer de la fibra que están hechas ciertas esferas del mundo.

Si François Ozon rodó el verano de Isabelle con un punto Voyeur y profundizando en la inocencia su protagonista, el otoño olerá casi literalmente a sexo descarnado. Es en este tramo de la película cuando la historia se vuelve seca, cruda y explícita. E incluso podría afirmarse que es en este punto cuando el magnetismo de la cinta alcanza sus puntos álgidos.

A medida que Isabelle vaya haciendo dinero, conozca a su amplia gama de clientes, y vaya afianzándose en su arriesgada doble vida, las interrogantes asaltarán la mente del espectador. ¿Por qué toma Isabelle esta controvertida decisión?, ¿Es por pura frustración sexual, o hay algo más que desencanto y atracción por el dinero en grandes cantidades?. La pregunta nos la responde ella misma una vez avanza la trama, aunque por supuesto, es una interrogante que en esta crítica no se va a desvelar. Lo que ocurra en el invierno y la primavera de Isabelle es ya asunto de quien decida ir al cine.

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De esta premisa coge impulso la última película de François Ozon, director francés que a pesar de presumir de una amplia filmografía, aún no posee mucho reconocimiento fuera de las fronteras que supone el idioma francófono. Aquí en España nos pueden sonar títulos como su anterior película, En la casa (Dans la maison, 2012), o su comedia dramática de tintes eróticos Gotas de agua bajo piedras calientes (Gouttes d´eau sur pierres brulantes, 2000).

Los que no tengan experiencia previa con alguna película del realizador galo, deberán ser advertidos de que se van a encontrarse con una cinta de corte realista, deliberadamente lenta, apabullantemente explícita y en definitiva, muy afín al estereotipo del cine europeo que está viendo la luz desde hace unos años.

Sin duda el atractivo central está en el personaje que encarna Marine Vatch. De hecho, es el pilar esencial que pone en jaque de todo el universo aburguesado en el que Joven y bonita está contextualizado. François Ozon es un director que gusta de tocar las fibras sensibles de lo erótico, lo sexual y de la psicología femenina en general. Y a decir verdad, en esta ocasión ha conseguido un retrato bastante inquietante y enigmático de una mujer que está en pleno autoconocimiento de su cuerpo y su inteligencia como arma para sobrevivir o quizás, mejor dicho, vivir disfrutando de los lujos y de la adrenalina que supone el riesgo de llevar una doble vida de estudiante y prostituta. Queda muy claro lo que Isabelle aparenta por fuera, pero pocos saben lo que pasa por su cabeza o lo que siente en cada momento. De hecho, el mismo espectador será testigo del hermetismo casi hierático que la protagonista del film desprende durante toda la historia, estando ahí, como ya se ha mencionado, el punto fuerte de la cinta, ya que Isabelle es un enigma apetecible de descifrar.

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Sin embargo, una película es mucho más que la mera construcción de un personaje. A veces funciona esa fórmula, pero si no se es lo suficientemente habilidoso, se puede dar la sensación de que más que un retrato psicológico, se está haciendo un ejercicio de tintes fetichistas que no interesa a nadie más que a quien lo ha rodado. Quizás sea éste el mayor peligro que corre la película de François Ozon. Su apuesta por Isabelle y la actriz que la encarna es tan rotunda, que el espectador se puede sentir hastiado y apático por que no se le ofrezca un poco más del mundo que la rodea. Aunque a decir verdad, Ozon intenta transgredir las fronteras de lo psicológico para denunciar (o al menos sacar a la luz) los trapos sucios de las altas esferas de la sociedad francesa. Parece insinuarnos que no todo es tan bonito detrás de la fachada de corrección y éxito que aparentan las capas más acomodadas de la sociedad. Aunque la intencionalidad crítica del director es tan tímida, que apenas tiene peso en la historia.

Una vez dicho todo esto, puede que os estéis preguntando: ¿Pero entonces es una película buena o no?. La respuesta es fácil. Si su protagonista consigue atraparte lo suficiente, te va a dar igual todo lo demás. Si eres de los que necesitan algo más, o de los que simplemente no lo apuestan todo a un personaje, no vas a salir totalmente satisfecho de la sala de cine. Si se fijan, incluso esta misma crítica se ha centrado casi exclusivamente en Isabelle. Todo tiene su lógica. Ella es el centro, la razón, y toda la película en sí.

Pueden probar a ver si caen en sus redes. Nunca viene mal experimentar. Al fin y al cabo siempre hay una primera vez para todo, ¿no?.

Calificación: 5/10

 
 

Jeune-et-Jolie-cartel_original_ficha_MCTítulo original: Jeune et Jolie

Año: 2013

Duración: 95 min.

País: Francia

Director: François Ozon

Guion: François Ozon

Música:  Philippe Rombi

Fotografía: Pascal Marti

Reparto: Marine Vacth, Géraldine Pailhas, Frédéric Pierrot, Charlotte Rampling, Johan Leysen, Fantin Ravat, Nathalie Richard, Laurent Delbecque, Akéla Sari, Lucas Prisor

Productora: Mandarin Films

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