Festival de San Sebastián 2018 (Día 6)

Claire Denis decepciona en un día marcado por el cine asiático

La sexta jornada comenzaba con Vision, la nueva película de la directora japonesa Naomi Kawase, quien no pudo presentarla en San Sebastián al cancelar su visita por motivos personales. Está protagonizada por la francesa Juliette Binoche y y por el actor nipón Masatoshi Nagase. La trama narra el viaje de Jeanne (Binoche) hasta Japón en busca de Vision, una extraña planta medicinal que cura la debilidad humana, la agonía y el dolor. Allí conocerá a un guarda forestal que le hará revivir recuerdos de un antiguo amor. La película muestra a dos personajes que se encuentran totalmente solos, perdidos y sin un rumbo fijo, el guarda forestal anclado en un bosque sin salir de allí y Jeanne con la esperanza de encontrar algo que altere su vida, llámese planta medicinal o a ella misma. En la propuesta de Kawase no hay grandes diálogos donde los personajes expresen sus sentimientos a través de las palabras sino que se detiene en observar a estos a través de sus miradas, sus actitudes y sus huellas del pasado. Ese misterio que rodea a la personalidad de sus protagonistas se añade a la gran belleza que se muestra a través de los paisajes, del bosque donde se encuentran, ese paisaje que será parte decisiva del desarrollo de estas personas, hasta que aparece la citada Vision y se acaba el dolor humano. Es muy sugerente la obra de Kawase, pero no desarrolla demasiado la historia de sus dos protagonistas, por lo que el espectador puede perderse en ese universo tan oscuro creado alrededor de dos seres destinados a unirse.

En segundo lugar, y también dentro de Sección Oficial, se proyectó Baby, dirigida por el cineasta chino Jie Liu. El filme está protagonizado por Yang Mi, quien interpreta a una joven de 19 años abandonada al nacer por sus padres y con la asociación de malformaciones VACTERL. Con la ayuda de su madre de acogida trabaja en un hospital de limpiadora hasta que un día se topa con la llegada de un padre con un recién nacido que padece su misma enfermedad y los padres se niegan a tratarlo. Desde ese momento empieza una lucha por parte de la protagonista por intentar ayudar como sea a ese bebé para que sea tratado. Se manifiesta también una crítica a cómo se ejecuta en China el sistema de adopción y acogida de niños, a los padres que son capaces -o se ven obligados por la situación- de abandonar a sus hijos, o a la incapacidad de no poder hacerse cargo de tu madre adoptiva por la falta de dinero, todo ello sumado a la indiferencia con que actúa la administración y la escasez de oportunidades de las personas que sufre algún tipo de incapacidad. Con todo, es una obra menor dentro de la Sección Oficial, se comprende y empatiza con lo que se está contando, pero aparte de la dura denuncia que hay durante el desarrollo del filme, solo es destacable la interpretación de la protagonista, que muestra en todo momento convencimiento, indignación, rabia y decisión ante todos los movimientos que ejecuta para poder conseguir lo que pretende: salvar a ese bebé que tiene su misma enfermedad congénita.

Ya en la tarde, y dentro de la sección Perlas, se presentó Ash Is Purest White de Jia Zhang-ke. Esta coproducción entre China, Francia y Japón cuenta la historia de amor entre Qiao (interpretada por Zhao Tao) y Bin (Liao Fan), un mafioso de baja clase, que tras una revuelta en una plaza, ella dispara con una pistola para proteger a su novio y por ello le caen cinco años de prisión. A la salida de la cárcel, Bin reniega de ella. Se trata de una historia de amor y traición transcurrida durante varios años y ambientada en los bajos fondos de China. Uno de los aciertos del filme está en reflejar el ambiente que rodea a estos mafiosos locales (que llegan a ser patéticos), por eso uno de los tonos que más destaca es el humor absurdo propiciado por unos diálogos que provocan la carcajada en el espectador pero que en el fondo desprenden ternura, ya que nos encontramos ante la historia de dos personajes fracasados, y somos testigos de su éxito triunfal y su caída en picado, de cómo aprender a vivir sin tantos lujos y sobreviven de otra manera. Esa alternancia entre lo cómico y lo dramático es uno de los aspectos más plausibles, junto a toques musicales muy presentes durante el desarrollo de la cinta. Pero realmente, en Ash Is Purest White todo lo marca el amor, el propio y el que se demuestran el uno al otro. Son los dos grandes temas de la película: el amor y la comedia, la pasión sumergida en momentos cómicos que en el fondo están repletos de tragedia.

Finalmente le llegó el turno a Claire Denis, quien presentó en Sección Oficial High Life, donde narra la vida en el espacio de Monte (Robert Pattinson) y su hija Willow, quienes habitan en una nave espacial absolutamente aislados. La hija de Monte nació en contra de la voluntad de su padre, a través de un esperma robado con el que se inseminó a una de las prisioneras. Pasado un tiempo, ellos dos son los únicos superviviventes de un grupo de prisioneros condenados a muerte y enviados al espacio para ser utilizados como conejillos de indias en una misión que tiene lugar en uno de los agujeros negros más cercano a la Tierra. El argumento, así leído, parecería poder ofrecer algo interesante, pero el filme no causa emoción alguna ante lo que se está viendo, todo resulta tan vacío y frío que resulta complicado empatizar o cautivarse por lo que les ocurre a estos individuos durante casi dos horas de duración. Postiviamente se destaca la interpretación de Robert Pattinson y las primeras escenas, donde aparece su personaje solo con su bebé; a partir de ahí se sumerge la película, a través de unos flashbacks, en algo francamente aburrido. Algo similar a lo que le ocurre a First Man, donde el sopor también hacía acto de presencia.

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