Festival de San Sebastián 2018 (Día 3)

Bollaín emociona, Chazelle aburre y ‘Girl’ se reivindica como pieza fundamental del cine LGTBI

El clima en San Sebastián comienza a estropearse, por la mañana sol y por la tarde ya han caído las primeras gotas. Al contrario que el tiempo, las películas de esta jornada han sido realmente buenas, con la excepción del nuevo trabajo de Damien Chazelle, del que hablaré más adelante. En primer lugar, hay que destacar la nueva película de Icíar Bollaín, Yuli, un canto y homenaje al oficio de la danza que mezcla realidad y ficción. Enmarcada dentro de la Sección Oficial, el filme de Bollaín se centra en la figura de Carlos Acosta, el primer bailarín negro que fue protagonista en el Royal Ballet de Inglaterra. Para hacer un repaso por la vida de este bailarín, desde sus comienzos en el ballet hasta que consigue llegar al estrellato, decide la cineasta incluir en el casting al propio Carlos Acosta como si fuera una especie de narrador que con la ayuda de un álbum de fotos va desgranando distintos momentos claves en su carrera para convertirse en primera figura del ballet. Uno de los aspectos que puede chirriar es que la directora no decide hacer un documental sobre la figura del bailarín e incluir los testimonios del mismo, sino que opta por hacer ficción de algo real y contar la historia con el propio protagonista, siendo las aparaciones de Acosta lo que le resta importancia al filme dando la sensación de que aportan poco, además de quitarle ritmo a la narración. Por lo demás, es una obra que emociona gracias a las escenas de danza que acompañan a la trama. Otra cuestión que se ha comentado por los corrillos del festival es si Yuli están bien ubicada en Sección Oficial, algo que tiene más que ver con los gustos de cada uno, pero lo que es innegable es que desde que comenzó el festival esta ha sido una de las obras que más aplausos ha tenido al final de la proyección.

Si hubiera que medir la calidad de una película por la cantidad de aplausos que recibe al final -que no deja de ser una mera anécdota para nada decisiva a la hora de juzgar una obra- costaría darle un aprobado al nuevo largometraje de Damien Chazelle, que lleva el título de First Man (proyectada dentro de la sección de Perlas). En este caso debo coincidir con el poco entusiasmo con el que ha sido recibida la cinta, y no es para menos, porque esta no llega en ningún momento a generar algún tipo de interés ante lo que se está contando, primero porque es una historia más o menos ya conocida (la llegada del hombre a la Luna) y segundo porque está contada con tal lentitud que llega en ocasiones a ser francamente aburrida. No ayuda para nada la interpretación de Ryan Gosling que, o acataba órdenes del director y su interpretación debía ser vacía de expresiones, o le ha venido grande el papel, ya que da la sensación que no se está creyendo su personaje. Y si el protagonista de la película no funciona se diluye con ello gran parte de la base del filme.

Siguiendo en la sección de Perlas se ha proyectado Girl, primer largometraje del joven realizador belga Lukas Dhont, que en el pasado festival de Cannes se llevó la Caméra d’Or a la mejor ópera prima y la Queer Palm, así como el premio FIPRESCI de la crítica internacional y el Premio del Jurado a la mejor interpetación masculina (para Victor Polster) en la sección Un Certain Regard. Narra la historia de Lara, que con 15 años quiere convertirse en bailarina y con el apoyo de su padre deberá afrontar también uno de los pasos más importante de su vida: llevar a cabo un cambio de sexo.  Consigue el director crear un clima tranquilo y coherente para entender en todo momento los comportamientos de los dos protagonistas, Lara y su padre. En momentos tan adversos es lógico cualquier tipo de actitud y de reacción, y acierta por completo el cineasta en no autocensurarse en ningún tipo de situación, como mostrar la relación de la chica con el psicólogo, el acoso en el instituto por parte de los alumnos (y de algunos profesores), el sufrimiento interno que se lleva por una situación tan difícil, el apoyo familiar tan lógico y necesario. Todos estos factores convierten a Girl en un ejemplo ideal para entender a todas estas personas que sufren en silencio y en familia un procedimiento tan doloroso, traumático y a la vez feliz como es el cambio de sexo. Puede servir este filme para abrir la mente y entender que es un problema grave que puede causar serios problemas en la personalidad de los afectados y consecuencias dolorosas en el futuro. Pero uno de los aspectos más importantes -y originales- es que la protagonista de la historia es, en la vida real, una chica transexual que está sufriendo lo mismo que está interpretando, quizás una solución más ideal hubiera sido realizar una especie de Boyhood a lo Richard Linklater para así entender cuál es el procedimiento de principio a fin pero, de momento, con esta película se aporta luz a una cuestión que concierne a muchas personas en la actualidad.

Y si la primera película de la tarde trataba el tema de la transexualidad y lo problemático que puede llegar a ser, no menos polémico es la temática de lo nuevo del también belga Felix Van Groeningen, Beautiful Boy, donde se pone el foco en el problema de las adicciones. La obra está protagonizada por Thimothée Chalamet, que interpreta a un joven de 18 años que se ve sumergido en el mundo de las drogas. Con la ayuda de su padre (Steve Carrell) intentará salir de ese agujero negro, lleno de metanfetaminas, heroína y demás sustancias. Lo interesante de la propuesta es plantearse cuál debe ser la postura de los padres ante un hijo drogadicto, ¿ayudarle o no en la lucha contra su adicción? Puede ser muy criticable la actitud paternal que aquí se muestra, e incluso se podría sugerir que no parece la más correcta, pero es interesante analizar y atender las pautas que sugiere Groeningen en este filme, cuyo guion está escrito por él mismo junto a Luke Davies. Sin duda, Beautiful Boy es una película de personajes, donde las interpretaciones de los dos protagonistas son dignas de reconocer, no es fácil interpretar a una persona adicta y se puede caer fácilmente en la parodia. Chalamet hace creíble en todo momento su actitud y llena a su personaje de verdad, llegando a generar cierta empatía con el espectador. En definitiva, me atrevo a afirmar que, por polémico que pueda parecer, esta es una de las apuestas más interesantes que se han visto hasta ahora dentro de la Sección Oficial.

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