Festival de San Sebastián 2017 (Día 7)

Zvyagintsev brilla, Suwa agrada, Kuo-An sorprende y Cobeaga entretiene

La antepenúltima jornada del 65SSIFF tuvo como protagonistas a James Franco y a Zvyagintsev, pero no fueron los únicos. En la Sección Oficial se exhibía la francesa Le lion est mort ce soir (El león duerme esta noche, en su título español) dirigida por el japonés Nobuhiro Suwa. Dice Jean, personaje que interpreta formidablemente el veterano actor Jean-Pierre Léaud (bien posicionado en las quinielas para la Concha de Plata) que la mejor etapa de la vida es la que va desde los 70 hasta los 80 años. Porque vas preparándote para “el encuentro”. Y sobre este asunto irá rondando la obra de Suwa. Ya saben: la vejez, la muerte, el amor, la nostalgia, el pasado, hacer recuento de la vida de uno cuando sabe que su existencia se agota.

Se utiliza el recurso de cine dentro de cine, ya que se ruedan dos películas en la propia película. Ficción y no ficción se entrecruzan y se abordan las posibles vidas paralelas del intérprete. Porque el filme sirve además como un precioso homenaje al séptimo arte, al amor por hacer cine, así como a la profesión del actor. Es simpática, es amable. Disfruté viéndola. Y contiene un estupendo final.

Curiosísima cinta que nos ha venido desde Taiwán. Una muy estimulante propuesta que nos llega desde Asia de un director novel. Hablamos de Shang an de yu (A Fish Out of Water en su título internacional), dirigida por Lai Kuo-An. Me sumergí en el microcosmos que me propone el realizador desde los primeros minutos del filme, cuando observamos a un crío que posee unos recuerdos que no se corresponden con la realidad. Los padres, quienes discuten tanto que terminarán viviendo por separado, deciden no prestarle mucha atención y dejarlo pasar pero paulatinamente la cuestión se irá agravando y deberán hacerle frente.

Posee algunas inquietantes secuencias y se visiona con muchísimo interés hasta el precioso cierre. Shang an de yu nos habla de eso tan acogedor como extraño, característico y único como es la familia, el hogar. Notable. Otra joyita que me encuentro en la sección Nuev@s Director@s. Y ya van unas cuantas.

En la sesión de las 16:00 horas y en la sección Perlas le llegaba el turno a Loveless (Sin amor) del ruso Andrei Zvyagintsev, que tras sus estupendas Elena (2011) y Leviatán (2014) regresa ahora con la que considero es su mejor obra hasta la fecha. Ganadora del Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes, la película nos traslada hasta el Moscú contemporáneo, donde un matrimonio en plenos trámites de separación discuten por la custodia de su hijo. Pero no para quedárselo, si no para que se haga cargo la otra parte, ya que, sorprendentemente, no quieren hacerse responsables de su retoño.

Zvyagintsev demuestra ser un perfecto narrador de la Rusia del siglo XXI, un magnífico observador de la decadencia de Occidente, con un incisivo pulso para radiografiar personajes y sus perversiones morales. El egoísmo y la superficialidad occidentales son pilares básicos aquí. Profundísima y dura en su contenido como fría en su estética. Es lenta, como viene siendo habitual en su cine, pero sus poderosas dotes narrativas, una preciosa y desgarradora fotografía y una eficaz precisión en el uso de la música hace que sus 128 minutos se diluyan en un santiamén. Zvyagintsev es una de las miradas más importantes del cine europeo.

Para concluir el día la esperada Fe de etarras, del donostiarra Borja Cobeaga, quien estrenaba en su tierra el que es su cuarto largometraje. Netflix también se cuela en San Sebastián, quien produce esta comedia que estrenará el próximo 12 de octubre. Cobeaga y su guionista habitual, Diego San José, introducen en un piso franco de una provincia española a cuatro peculiares etarras durante el transcurso del Mundial de Futbol de 2010 que aconteció en Sudáfrica y a pocos meses de que se inicie por parte de ETA el proceso que culminará con el cese definitivo de la actividad armada. Escondidos en la vivienda y a la espera de una llamada, tendrán que aguantarse unos a otros y saber matar el tiempo de la mejor manera posible. Como se espera, las adversidades harán su aparición y tendrán que inventarse un oficio de construcciones para no hacer sospechar a sus vecinos. La trama me recuerda a aquella genial historia que ideó el maestro Allen para su Granujas de medio pelo (2000). Fe de etarras es un producto blanco ante un tema muy espinoso como es el del terrorismo de ETA. Yo me pregunto, ¿se podría realizar una comedia sobre el holocausto judío? Ahí la dejo.

Con buenas interpretaciones (destacándose al siempre genial Javier Cámara y a un efectivo Julián López que vuelve a hacer de Julián López) y alguna que otra secuencia muy divertida (como la de la bandera), el filme se deja ver con entretenimiento y distracción. Sus gags son similares a los de Vaya semanita, que por separado funcionan bastante bien pero que en un largometraje quedan un poco deslavazados.

Como no podía ser de otra manera, esta crónica va dedicada a todas y cada una de las víctimas del terrorismo etarra. Que nuestra memoria siempre esté junto a ellas.

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