Festival de San Sebastián 2017 (Día 5)

Matthew Porterfield y Fernando Franco destacan en una floja jornada

La mañana comenzaba bien con Sollers Point, cinta estadounidense de 101 minutos que dirige y escribe en solitario Matthew Porterfield y que compite dentro de la Sección Oficial. En ella descubriremos la vida de Keith, un joven de Baltimore que acaba de salir de la prisión y que intentará, ayudado por su entorno más cercano (familia y amigos), direccionar nuevamente su vida hacia un camino más saludable que por el que transitaba antes. No lo tendrá fácil, pues pronto se advertirá el carácter brusco y violento de este chico, que a pesar de mostrar cariño y afecto con algunos allegados, su incapacidad de control en momentos tensos le pasará mala factura una y otra vez. Los personajes secundarios que conoceremos durante el metraje se encuentran bien dibujados y ayudan bastante a comprender la psicología de nuestro joven protagonista.

Sollers Point es sencilla pero efectiva. Se deja ver, aunque uno en todo momento de su visionado tiene la sensación de que esta película ya la ha visionado en anteriores ocasiones. Con todo, Portefield resuelve con mucho acierto esta historia sobre las segundas oportunidades, el intento de cambiar el rumbo, dejar atrás el pasado y afrontar el presente con fuerza y firmeza.

Dentro de Perlas se vio Wonderstruck, la última obra del estadounidense Todd Haynes, director de las notables Lejos del cielo (2002) y Carol (2015). Se trata de un drama que transcurre paralelamente en dos épocas diferentes. Por un lado en los años 20 con una niña obsesionada con una actriz y por otro en los años 70 con un chico que busca desesperadamente a su desconocido padre. Un museo será el espacio común de ambos. Al principio no me ubico en la historia, y cuando ya lo voy haciendo es quizás demasiado tarde. No me termina de convencer el lenguaje utilizado para su narración, la cual me produce cierta somnolencia en algunos pasajes del filme.

En el reparto se encuentran grandes actores como Julianne Moore o Michelle Williams, pero los verdades protagonistas son los dos críos. En resumidas cuentas, me llevo una ligera decepción con Haynes. Aunque es innegable que posee algunas virtudes, como su banda sonora, a cargo de Carter Burwell. O la fotografía, responsabilidad de Edward Lachman. Ya tiene fecha de estreno en nuestro país. El tres de marzo del próximo año. Hay que darle una oportunidad.

Fuera de concurso pero en Sección Oficial se proyectaba una de las apuestas de Mediaset España para este invierno: El secreto de Marrowbone, dirigida por Sergio G. Sánchez. La trama gira en torno a cuatro hermanos que tras la muerte de su madre deberán mantenerse unidos, escondidos en una apartada mansión y alejados de un espeluznante pasado que no desean remover. La película se mantiene en pie durante su primera media hora, generando suspense e intriga gracias fundamentalmente a su factura técnica. A partir de aquí los clichés se solapan, el guion hace aguas por todos lados, los giros narrativos son cada vez más ridículos e irrisorios y las interpretaciones dejan mucho que desear. Lamento que el responsable de guiones como los de El orfanato (2007) o Lo imposible (2012) haya realizado una escritura tan mediocre y poco inteligente para su debut en el largometraje. En la dirección tampoco es que le haya ido muy bien que digamos. La intención era dar terror, pero la sala se ha desternillado.

Cerré el día con la esperada Morir, segunda obra del realizador y montador sevillano Fernando Franco. Aquí sigue la estela de su ópera prima, La herida (ganadora del Premio Especial del Jurado y del Premio a la mejor Actriz en San Sebastián hace cuatro ediciones), donde la enfermedad, el dolor y el sufrimiento interno son pilares claves. En la breve pero intensa y filmografía de Franco es más importante lo que no se ve que lo que se muestra. Lo que callan los personajes que lo que dicen. En Morir, Luis y Marta son una pareja que se verá afectada por la enfermedad terminal de él. Una vez abierto el conflicto, toca observar a los personajes, sus gestos, sus miradas, sus suspiros. Brevísimas son las apariciones de los secundarios (algunos muy interesantes como esa señora binguera que pide un cigarrillo), lo que hace que la cinta sea entera para Andrés Gertrudix y, sobre todo, para una estupenda Marian Álvarez, pareja también en la vida real.

Si de algo peca Morir es de ser demasiado sencilla, lineal. Sin giros, sin sorpresas. Pero también sin trampas. Se trata de la agonía y el desasosiego de una persona que sabe que va a morir y de su pareja que la cuida a toda costa renunciando a todo lo demás. Durísima. Como la vida misma.

De la china He ri jun zai lai (From Where We’ve Fallen en su título internacional) poco se puede comentar, pues resultaba harto complicado seguir una trama tan confusa y desalmada como torpe y enmarañada su narración. El problema principal es cuando te deja de interesar lo que está ocurriendo en pantalla por falta de empatía con los personajes y con las decisiones formales del director, en este caso Feifei Wang. Al menos nos dejó unas cuantas bellas secuencias.

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