Entrevista con Víctor Clavijo

“Sicarivs es una película que aborda el cine negro sin complejos”

Hace falta ser un héroe para ir andando desde la Plaza de Colón hasta el céntrico barrio de La Latina en medio del asfixiante calor madrileño de una tarde de junio.

Sin embargo, el personaje protagonista de Sicarivs, la noche y el silencio no es ni mucho menos tan heroico como el actor que lo interpreta, Víctor Clavijo, que llega a su entrevista con Mundo Crítica sonriente a pesar de la caminata bajo el fuerte sol de la capital. De hecho, dicho rol es el de un despiadado asesino a sueldo que, después de incumplir un encargo por primera vez en su “carrera”, se embarca en un sangriento periplo de investigación y carretera durante una noche para descubrir a quienes le encargaron el trabajo y salvar así su vida, en peligro desde el momento en que decide no matar a quien era su objetivo.

El encargado de dar vida a tan peculiar hombre es Víctor Clavijo (Algeciras, 1973). Graduado en la RESAD, es un intérprete curtido en todos los medios cuya carrera está a punto de alcanzar los veinte años de duración. En cine lo hemos podido ver en películas como El regalo de Silvia (Dionisio Pérez, 2003), por la que fue nominado al Goya como Mejor Actor Revelación,  La vida que te espera (Manuel Gutiérrez Aragón, 2004), Oviedo Express (Gonzalo Suárez, 2007), Verbo (Eduardo Chapero-Jackson, 2011) o la muy premiada 3 días (Francisco Javier Gutiérrez, 2008), gran triunfadora del Festival de Málaga 2008.  En televisión lo hemos visto en series tan conocidas y recordadas como Al salir de clase, Policías,  Gran Reserva, 14 de abril. La República (dela que aún espera el estreno de su segunda temporada, cuatro años después de la emisión de la primera) y más recientemente El Ministerio del Tiempo, donde dio vida al mismísimo Lope de Vega.

Mientras da buena cuenta de un café con hielo, Víctor contagia su pasión por su trabajo a quien lo escucha y su orgullo por el trabajo tan bien hecho en Sicarivs. No se muerde la lengua en sus respuestas, se extiende generosamente en sus argumentaciones y trata al entrevistador con una cercanía y amabilidad excepcionales, interesándose no sólo por su opinión sobre la película en la que él trabaja sino también por lo que el entrevistador tenga que decir acerca de otras producciones patrias recientes.

Ha sido un auténtico placer poder entrevistar a Víctor y esperamos que disfrutéis leyendo sus palabras en esta entrevista.

¿Cómo llegaste al proyecto de Sicarivs?

Había terminado de rodar Holmes y Watson. Madrid Days  (J. L. Garci, 2012), y antes del estreno José Alberto Sánchez, que es productor de Sicarivs y ha sido mano derecha de Garci durante muchos años, me habló de un amigo suyo que quería hacerme una prueba para un proyecto. Conocí a Javier Muñoz, el director de Sicarivs,  el día del estreno y me convocó para la prueba unas semanas después. Le gustó, me comunicó que me había escogido y desde entonces estoy en el proyecto. Después todavía pasó un año hasta que pudimos rodar.

¿Qué fue lo que más te interesó del personaje?

Todo. Tenía un punto peligroso que a mí me preocupaba un poco, que era el nivel poético de la narración en off. No estaba muy seguro de cómo iba a funcionar eso, pero Javi me convenció de que era parte del estilo de la película, y estoy de acuerdo. Sin eso la película es otra cosa, evidentemente. Me encantó todo del personaje, enseguida me di cuenta de que era un bombón.

Viendo el enorme dominio que tiene Javier Muñoz nadie diría que es su primera película. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de él?

Me sorprendió ver que era un tío que lo tenía todo muy claro desde el principio. Durante el proceso de ensayos, cuando yo ya estaba trabajando el guión e investigando mucho en Internet sobre asesinos a sueldo, yo intentaba a veces proponerle cosas, y algunas las aceptaba pero otras no. Me sorprendió lo claro que lo tenía. En el rodaje me sorprendió la seguridad y el aplomo con el que lo afrontaba, porque parecía que era su película número 10 en vez de la primera. Viendo el resultado, además, se confirma lo que vi yo en el rodaje. Hay un aplomo, una seguridad, una intención en todo lo que hace, una intencionalidad en cada plano. Tiene un estilo muy personal, ¡y además tiene gusto! Y sorprende mucho todo eso en un director debutante.

 ¿Cómo preparaste este personaje? ¿Cómo fue esa investigación?

Empecé a mirar por Internet. No tenía muy claro qué tipo de asesino quería Javier. Él me dejó claro desde el principio que quería que fuera un tipo muy normal y corriente (y por eso me había escogido a mí, entre otras cosas, porque no quería al típico héroe de acción cachas), que pudiera ser tu vecino o cualquiera. Es el número 1, además, porque no llama la atención. Una vez que esto estuvo claro, el trabajo consistió en investigar sobre asesinos a sueldo. Asesores de la Policía nos informaron sobre sicarios y a partir de ahí empezamos a construir un poco su psicología. Vi algunos vídeos de sicarios muy torpes, latinoamericanos que son muy novatos y se dejan grabar por cámaras de seguridad cuando matan a alguien en una terraza de un bar y se dan a la fuga. Y mi personaje en la película precisamente actúa en la noche, el silencio, y jamás se dejaría grabar por una cámara. Por el modus operandi y por sus contactos en la Policía, llegamos a la conclusión de que el personaje seguramente había sido policía en otros tiempos, había sido expulsado por alguna acción en la que había matado a alguien sin tener que hacerlo y desde entonces trabajaba como sicario y sabía muy bien lo que había que hacer para no dejar huellas. Javi y yo decidimos que tenía que tener algún tipo de psicopatía para poder operar con esa frialdad. Es un tío que no siente el menor asomo de culpa o arrepentimiento. Es alguien tan frío que sin duda es muy inteligente y tiene un cierto grado de psicopatía. No disfruta especialmente con su trabajo, porque además él dice incluso que la violencia le repugna, pero tiene la capacidad de anular la empatía. A partir de ahí di con un sicario llamado Richard Kuklinski, sobre quien se han hecho un documental y una película (The Iceman, 2012), y me inspiré un poco en él para presentar al personaje como un psicópata capaz de no sentir culpa ni empatía, expulsado de la Policía, que ha convertido esa psicopatía en su herramienta de trabajo y ha hecho de todo ello una profesión.

La película, además, no juzga en ningún momento al personaje…

Eso era lo más importante. Es un punto a favor que la película se meta en la cabeza de un sicario, y que el protagonista se dedique a esto. Era importante que la película no fuese moralista. Eso es lo interesante, bucear en la psicología del sicario, ver qué piensa, cómo afronta sus “trabajos”, qué siente cuando mata, cómo se expresa en la voz en off… algunas veces lo hace con humor y sarcasmo, seguramente para protegerse. En otras hace una reflexión poética y a veces también se expresa con sinceridad absoluta. Él se justifica, da una serie de explicaciones, pero desde luego que la película no es moral, no arroja ninguna conclusión al respecto. Él es el paradigma del hombre del siglo XXI, como dice en un momento de la película, porque es un hombre práctico, egoísta y amoral, y en el siglo XXI la moral brilla por su ausencia.

Además es un personaje absolutamente anónimo.

En el guión sí tenía un nombre para poder identificarlo fácilmente entre los miembros del equipo, pero sí, esa textura anónima era muy importante. Puede ser cualquiera, y eso es lo que quería Javier desde el principio.

Aunque la película no sea moralista, sí se dan unos datos muy precisos sobre la corrupción policial y el trabajo de los sicarios en España.

Sí, y son datos reales contrastados por la Policía, y gente experta le ha dicho a Javier que se ha quedado incluso corto en algunas de las cifras que aportamos. No es una película moralista pero arroja esos datos para que el público sepa que eso existe. Además, Javi decía en broma que el telediario es nuestra mayor promoción, y es verdad, porque vemos casos de corrupción todos los días, aunque la película se escribió mucho antes de que empezasen a salir tantos casos.

Sicarivs es una película muy valiente y original. ¿Crees que de alguna manera el cine español cada vez se está atreviendo más a dar pasos hacia el cine de género o un cine más arriesgado?

Sí, yo creo que sí. Y además cada vez lo hace mejor. Una de las virtudes de esta película es que no tiene complejos. Hasta ahora yo creo que en este país hemos tenido cierto complejo con el cine negro, como si pensáramos que no nos corresponde y es más para los americanos. Javier es fiel a las claves del cine negro y lo homenajea, y solemos pensar que estas claves del cine negro o policiaco no son posibles en España porque  corresponde más a un universo anglosajón. Pero en España también hay mucha corrupción y se tira también de pistola, aunque la situación no sea como en Estados Unidos. La película aborda este género sin complejos y no pide perdón por hacerlo. No renuncia a su sabor hispano, no pretende parecer una película americana, pero al mismo tiempo podría desarrollarse en cualquier país. Es una película muy exportable, nada localista.

¿Cómo ves la situación del cine español? 

Mal. Goza de muy buena salud artística, pero muy mala en lo económico. No solo se trata de las dificultades para levantar un proyecto sino también de las de rentabilizarlo después en la taquilla. Las películas duran muy poco en cartel, y o tienes una gran campaña de publicidad en televisión y en cartelería en la calle, o tu película pasa desapercibida. A Sicarivs le ha pasado un poco esto. Estamos muy expuestos y muy desamparados. Creo que la solución pasa por un apoyo gubernamental y que haya salas de exhibición públicas que no estén sometidas a la ley de la oferta y la demanda donde se pueda ver más cine español. Sería una manera de que la gente fuera más al cine y poder rentabilizar las películas más a largo plazo.

¿Tienes alguna intención de producir, dirigir o escribir en el futuro tus propias películas?

No me lo planteo porque económicamente es muy difícil, es inviable. Me encanta escribir, se me ocurren ideas y algunas las desarrollo, pero producir es muy difícil y cuesta jugarse el dinero. No hay garantías de poder rentabilizar después ese dinero. Sí me gusta mucho la dirección de actores y me gusta pensar ideas, pero no es algo que me apetezca mucho a corto plazo.

Después de tantos años de carrera, ¿qué le diría el Víctor de ahora al Víctor de, por ejemplo, Al salir de clase?

Que hiciera menos capítulos de Al salir de clase para que no le siguieran preguntando por ello dieciséis años después (risas) No, no le diría nada… ¿qué le podría decir? Sí, que hiciera menos capítulos de Al salir de clase (risas) Me siento muy orgulloso, por supuesto, pero me sorprende que a día de hoy todavía me sigan preguntando por ese personaje y por la serie. Le diría seguramente que se haga notar menos en Al salir de clase, que haga menos capítulos y pase más desapercibido (risas)

¿Qué personaje le apetece interpretar a Víctor Clavijo que aún no haya interpretado?

Me gustaría interpretar a un transexual o un travesti. Me parece muy interesante descubrir el lado femenino de uno y lanzarse con todas las de la ley a ese universo, que es algo que aun no he tocado. Y por supuesto cualquier buen personaje. Me gustan mucho los malos, por ejemplo, pero los malos con enjundia.

¿En qué proyectos te vamos a poder ver?

Estoy rodando Carlos V para TVE, tengo algunas ofertas de teatro que tengo que estudiar a ver si las puedo encajar con otras cosas y tengo pendiente de estreno dos películas: Gernika, de Koldo Serra, en la que tengo un personaje pequeñito que terminé de rodar hace muy poco, y Unamuno en Fuerteventura con José Luis Gómez. También está pendiente todavía de estreno la segunda temporada de 14 de abril. La República.

Víctor, muchísimas gracias por hablar con Mundo Crítica. Estaremos atentos a tus próximos estrenos.

Gracias a vosotros.

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2 thoughts on “Entrevista con Víctor Clavijo

    • Alba Viñallonga 21 septiembre, 2016 at 8:53 am - Respuesta Author

      Nos complace que te haya gustado la entrevista, Ana. Es una de nuestras favoritas también. Fue un placer hablar con Víctor. Esperamos poder repetir en otra ocasión.

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