Entrevista a Francisco Espada

“Los ciudadanos hemos perdido la confianza en las instituciones”

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En la cafetería de la planta baja del hotel en donde se hospedan las estrellas e invitados del Festival de Málaga me cito con Francisco Espada, el director, guionista y productor de El país del miedo, película que compite en la Sección Oficial y que ayer por la mañana tuvo su pase para la prensa, a la cual, quien esto escribe, ha estado presente. Se trata de una ópera prima con un presupuesto de poco más de 900.000 euros y que se ha rodado íntegramente en Badajoz durante cinco semanas. Es una adaptación de la novela del mismo nombre que Isaac Rosa publicó en 2008. El país del miedo nos narra la apacible vida de Carlos, un hombre pacífico, que se verá alterada cuando una violenta niña de 13 años se cruza en su camino y el de su familia. Ante la extorsión y el acoso, Carlos se mostrará incapaz de defenderse y se verá envuelto en una espiral de situaciones angustiosas e incómodas de la que no sabrá escapar. En palabras de Espada en rueda de prensa, “se trata de observar cómo el miedo nos condiciona en nuestras reacciones y comportamientos en la vida».

Francisco Espada comenzó sus estudios como actor en 1982 en Madrid, donde fundó la sala teatral Cuarta Pared. Es productor, director y guionista de numerosos cortometrajes y documentales. Además, Francisco es una persona sencilla, amable, propensa a responder todas las preguntas y más, y con un amplio sentido del humor como bien podréis ratificar a continuación en la entrevista:

La cinta retrata un país en el que los miedos, los recelos, la inseguridad o la desconfianza lo envuelven todo, como una sustancia que está en el aire y nos asfixia poco a poco. ¿Cuánto de metafórico y cuánto de real se refleja en la película con respecto a la situación de España en la actualidad?

Yo creo que la película intenta ser una metáfora de la situación, no global, pero sí de una parte de España, de Europa y un poco de la sociedad occidental. Como bien dices, existe un miedo ambiental que está construido desde las instancias del poder porque de esa manera los ciudadanos son más vulnerables y más manipulables. Es un poco la tesis de la novela, que en la película es más complejo de trasladar porque eso es un concepto muy racional y yo lo que intentaba era trasladar eso pero desde la emoción. Es decir, intentando que el espectador se identifique con el personaje, que sienta lo que siente el personaje para que así entienda lo que le pasa.

En la película se nos habla del poder del miedo y de cómo este afecta a nuestro protagonista hasta transformarlo casi en un neurótico, apoderándose de él una turbia obsesión de que el mal puede intervenir contra él o contra su familia en cualquier momento. En cambio, se niega a mudarse de barrio y sigue apostando por vivir en uno humilde a pesar de disponer de suficiente dinero. ¿Por qué razón?

Se trata de subrayar la contradicción. A mí me apetecía mucho que se viera la ideología de los personajes porque es algo que normalmente no vemos en el cine. Hablamos de un personaje que tiene conciencia de clase, a pesar de ser de una clase media, pero vive en un barrio de gente trabajadora, obrera. Y podría aspirar a un estatus superior pero como tiene una conciencia de clase le gusta vivir rodeado de ese entorno y, en principio, por una construcción ideológica se niega a asumir la delincuencia, la marginalidad o la violencia como algo inevitable. Es una apuesta deliberada del personaje por vivir de acuerdo a como piensa. De hecho, hay un momento en el que su mujer le reprocha, cuando acontece el conflicto del niño, de que ponga siempre sus principios por encima de la seguridad del hijo. Es alguien que se niega a aceptar todos los códigos, como las puertas de seguridad y demás, por sus ideas.

Otro de los temas que se tratan en El país del miedo es la utilización de la mentira como falsa solución a los problemas. ¿Tanto nos sigue costando enfrentarnos a la realidad?

Sí. Yo creo que, sobre todo, cuando la realidad significa asumir delante de los demás que no eres un héroe. Asumir cada uno la parte de cobarde que llevamos dentro nos cuesta mucho reconocerlo. El personaje miente porque realmente de lo que tiene miedo es que su mujer descubra cómo es realmente, cuando probablemente su mujer lo sepa. (Risas).

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Los recortes, la crisis… siempre se encuentran presentes en el largometraje, pero también la falta de interés e incluso la negligencia por parte de las instituciones públicas hacia los ciudadanos. Los médicos, profesores, psicólogos o incluso la policía salen muy mal parados en el retrato que hace. ¿Hay mucha hipérbole o verdaderamente observa a estas instituciones de esta manera?

También es una metáfora de cómo en la sociedad contemporánea los ciudadanos hemos perdido la confianza en las instituciones, así como la incapacidad de las instituciones para resolver nuestro problemas cotidianos. Creo que por una parte hay un retrato de cómo los recortes y la crisis han afectado a las instituciones y cómo les afecta a los profesionales que están frente a ellas para poder afrontar esa realidad sin las herramientas adecuadas. Por ejemplo el caso de la psicóloga que afirma no tener tiempo, o el del director que está desbordado y que si antes tenía muchas más horas para poder dedicarla a la dirección y ahora apenas pisa el despacho solo una hora en la semana. Lo que habla un poco de cómo los recortes y la crisis han ido mermando la capacidad para dar respuesta a problemas cotidianos, que son los que realmente interesan y afectan a los ciudadanos. Efectivamente, se trata de una metáfora sobre la pérdida de confianza. Pero sobre todo esto se muestra en las fantasías del personaje.

La película está basada en la novela homónima del escritor sevillano Isaac Rosa. ¿Por qué decidió adaptarla a la gran pantalla para su ópera prima?

Primero porque me interesa mucho la reflexión que Isaac Rosa hace sobre el miedo en el ámbito de lo cotidiano, no el miedo como normalmente viene, como un suceso extraordinario, con un psicópata, etcétera. No, aquí está introducido en lo cotidiano, con personajes que se encuentran muy cercanos a nosotros y que pueden ser muy creíbles. Y luego me interesó mucho el tratamiento formal, que ya estaba apuntado en la novela y que yo he intentado potenciar en la película, y era tratarlo como un thriller. En la novela empezaba como un suspense y en la película yo quería que fuera un thriller porque considero que eso contribuía a darle dinamismo y porque yo quiero meter en un viaje emocional al espectador, conseguir que entre en la historia y se emocione con los momentos intensos, y de ese modo entenderá lo que les pasa a los personajes.

¿Cuál fue la relación que tuvo Rosa en el proceso de creación del filme?

Yo al principio le propuse si quería participar en el guion y él me dijo que no, que prefería dejarme trabajar libremente. Lo que sí ha habido es mucha complicidad en todo momento. Yo no le mandé el guion hasta que no estaba convencido de que ese iba a ser el guion que iba a rodar, y así conocer su opinión, por si había algunas diferencias notables o si existían detalles que yo no había visto, o que me dijera todo lo que le pudiera aportar. Lo que Isaac me sugirió fue que trasladara el miedo al islam, al terrorismo, al otro, por un miedo a la crisis, a los recortes o a la pérdida de empleo, que son los miedos que prevalecen hoy día. Cuando escribió Isaac la novela el fenómeno del terrorismo islámico y el miedo al islam estaban muy presentes, pero en este tiempo hemos pasado por la gripe A, por la gripe aviar, el ébola…, y sobre todo la crisis. Los catálogos del miedo van cambiado.

Hablamos de las diferencias entre la película y la novela, y existe una muy importante. Se ha cambiado el sexo del acosador y ha pasado de ser un niño en el libro a una niña en la cinta. ¿Por qué optó por esa modificación?

Sí. Antes era Javier y ahora es Marta. Primero porque me parecía que acentuaba la contradicción del personaje de Carlos, ya que enfrentarse a un niño desde el punto de vista del hombre, por los prejuicios que tenemos culturales y demás, parece que resulta más sencillo que enfrentarse a una niña violenta. Y también porque es una manera de romper con un estereotipo, pues en las películas normalmente solo vemos a niños violentos. Y una niña de 13 años es más madura que un niño y tiene otras inquietudes que ya no son las infantiles. El gran reto fue encontrar la actriz que pudiera hacer eso y Marina Recio compone un gran personaje. Ella es una chica muy dulce y fíjate la mala leche que tiene en pantalla. (Risas). Tuvo hasta un coach de defensa personal para dar puñetazos y patadas, y aprendió técnicas de pelea callejera, que yo no sabía que las peleas callejeras tenían su técnica. (Más risas de ambos).

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Un tema importante y serio que se refleja en la película y que no quería dejar de mencionar es el del acoso escolar, así como el de la impunidad que pueden tener los menores de edad ante la ley. ¿Qué se puede hacer ante estas situaciones?

(Resopla). Creo que lo que falta es, sobre todo, educación. Estos son procesos muy complejos y que responden a que se han ido acumulando durante mucho tiempo. Lo fundamental es que un buen sistema educativo se preocupe de esos menores que no están asistidos. Que se inviertan en recursos y que no se hagan cárceles de niños.

Cuéntenos algo sobre el proceso de casting. ¿Tenía pensado en José Luis García Pérez desde el principio?

Bueno, en José Luis al principio de todo lo tenía pensado más para el personaje de policía, dada las características físicas que él tiene, con esa voz imponente, que mide más de 1,80 y tal… Lo que pasa es que mi idea primera era encontrar a un director para que dirigiera la película, y José Luis me dijo que cuando encontrase al director le indicara que él quería realizar el casting del personaje principal. Y finalmente cuando tengo claro de que seré yo el guionista y el director, pues tenía claro de lo que quería hacer y para evitar tener que corregir continuamente a otros, no tuve dudas de que el protagonista sería él.

Ya para finalizar, tras esta ópera prima, ¿qué proyectos tiene en mente?

Pues aún no tenemos fecha de estreno para El país del miedo, estamos negociando con una distribuidora y no se ha cerrado aún. Aunque a mí me gustaría que fuera sobre otoño. Y tengo un par de proyectos en ciernes. Dos de ficción y un documental. Aunque prefiero no nombrarlos todavía.

Pues nada. Un placer, Francisco. Que tenga toda la suerte de cara al palmarés, que la cinta se pueda estrenar en otoño y que vaya mucha gente a verla.

Eso, eso. Muchísimas gracias.

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