Entrevista a Carolina Astudillo

“La historia de Clara Pueyo era confusa, lo que fue un aliciente para mí. Quise hacerla regresar”

La realizadora chilena Carolina Astudillo

La realizadora chilena Carolina Astudillo

Antes de conocerse que el documental El gran vuelo conseguiría la Biznaga de Plata al Mejor Documental (premio dotado con 8.000 euros) en el 18 Festival de Málaga, un servidor tuvo la oportunidad de hablar con su directora, Carolina Astudillo Muñoz.

Nacida en Santiago de Chile en 1975, vive actualmente en Barcelona. Periodista y realizadora, Carolina es Diplomada en Estudios de Cine por la Universidad Católica de Chile y Máster en Documental Creativo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Ha desarrollado su trabajo en la investigación histórica, la creación documental y la escritura, teniendo como punto de referencia a las mujeres y la memoria histórica. Sus documentales De monstruos y faldas (2008), Lo indecible (2011), El deseo de la civilización (2014) y El gran vuelo (2014), se han exhibido en diversos festivales tanto nacionales como internacionales.

Nos interesa mucho conocer de sus propias palabras a Clara Pueyo Jornet, militante del Partido Comunista y protagonista de su cinta, quien en los primeros años de la dictadura franquista escapa de la prisión de Les Corts de Barcelona por la puerta principal y su huella se pierde para siempre. Había vivido en constante fuga y pretendía huir también de la rigidez de su propio partido. Su historia es también la historia de las mujeres de su época y de su lucha por la libertad en una sociedad que intentó reprimirlas. Igualmente le preguntamos por las personas con las que contactó para la elaboración del documental, por la Guerra Civil en el cine, así como del lado romántico que tiene el trabajo de investigación o de sus futuros proyectos.

En boca de la propia directora de este documental, ¿quién fue Clara Pueyo Jornet?

Es una pregunta difícil. Quizá la idealice como personaje, pero fueron sus escritos, más que los testimonios de quienes la conocieron, los que me permitieron crear una imagen de ella.  Aunque Clara fue una mujer de su época, comprometida políticamente como muchas de sus compañeras, tenía una lucidez difícil de sobrellevar en el tiempo que le tocó vivir y una gran facilidad para expresarse escribiendo. Al parecer fue bastante importante dentro de uno de los grupos del PSUC que funcionaban en la clandestinidad en 1941. Se respetaba su opinión y ella no dudaba en criticar la estructura del partido.

Sus cartas son testimonios políticos y personales que reflejan la tensión entre el sacrificio que se le exigía a todo y toda militante y la vida privada.  Clara lo expresa muy bien en varias cartas donde confiesa que está cansada de aparentar dureza y de ser el sostén emocional de muchas personas. En sus diarios íntimos se reflejan sus emociones, la transformación que supuso para ella la Guerra y las relaciones que estableció con sus compañeras y compañeros de partido.

¿Cómo llegó esta historia hasta sus manos y por qué termina decidiendo contarla?

Cuando realicé De monstruos y faldas (2008), el historiador Fernando Hernández Holgado me puso en contacto con Albert Pueyo, el sobrino de Clara (de hecho, en este cortometraje se cuenta su historia, junto a la de otras mujeres que tenían familiares en la prisión de Les Corts en Barcelona).

Clara despareció cuando tenía 27 años, pero vivió intensamente y después de protagonizar una espectacular fuga de la prisión, desapareció sin dejar rastro. Su historia era confusa y las personas que la conocieron no querían hablar de ella. Eso fue un aliciente para mí. Quise hacerla regresar…

¿Tuvo contacto directo con familiares de Clara?

Sólo con su sobrino Albert Pueyo, quien fue muy generoso al compartir su historia conmigo. Él se interesó por la vida de su tía Clara cuando ya era un hombre mayor, por lo que no pudo investigar mucho sobre ella.

Fotograma de El gran vuelo

Fotograma de El gran vuelo

Para la construcción de esta obra ha utilizado material de archivo (fotografías, vídeos de la época…), algo común si nos atenemos a su filmografía. ¿Le gusta realizar este trabajo de búsqueda e investigación? ¿Es tan arduo como parece o tiene su punto romántico?

Siento una fascinación enorme por las fotografías y las películas antiguas. Recuerdo que en la casa de mi bisabuela paterna, había dos fotos ovaladas -que tienen que haber sido de 1915- y cuando era pequeña pasaba largo tiempo mirándolas. Hace unos años que estoy recopilando el archivo familiar, porque visualizar mi árbol genealógico me sitúa.

Estuve aproximadamente dos años buscando archivos familiares en la Filmoteca de Valencia y de Cataluña. Una se va acercando a las familias que ve en las imágenes, después de un tiempo de verlas, reconoces sus gestos,  sus relaciones, comienzas a presuponer, se te hacen cercanos, en el fondo los resucitas. Es alucinante. Es un trabajo arduo y lo más difícil fue aprender a renunciar.

Sus anteriores trabajos van igualmente ligados al papel de las mujeres en periodos de represión en diferentes países ¿Por qué entiende que es necesario rescatar estas historias anónimas?

Muchas historias protagonizadas por mujeres han sido invisibilizadas por lo que creo que es necesario darlas a conocer. Mi forma de hacerlo es a través del cine, lo que no significa que todas las películas que dirija vayan a estar protagonizadas por mujeres.  Hay otros temas que me obsesionan bastante.

A pesar de tener cierta barrera el público español con las películas que retratan de alguna manera la Guerra Civil Española y/o la dictadura franquista, tampoco son abundantes las propuestas que nos han llegado en este sentido en los últimos años, y todo a pesar de la importancia que debiera tener recordar tales períodos recientes de nuestra historia. ¿A qué cree que es debido este rechazo del público?

Depende del tipo de público. Conozco gente que cree que se habla poco del tema y a personas que no quieren saber más sobre la Guerra Civil y/o el franquismo. Esto también ocurre en Chile con las películas sobre la dictadura.

Para mí recordar es fundamental, pero entiendo que haya personas a quienes no les interese hacerlo. Justamente hace unos días lo hablaba con un amigo y considero que son muchos los factores que pueden forjar este tipo de rechazo: amnesia histórica, agotamiento de las mismas fórmulas documentales, falta de información, prejuicios, etc.

¿Por qué utiliza el documental para narrar sus historias? ¿Qué posibilidades le concede que no lo haga la ficción? Y, ¿qué salud cree que tiene hoy día el cine documental?

No descarto realizar ficción, de hecho tengo dos guiones que escribí hace años y que alguna vez pienso retomar. Los he dejado en el cajón del escritorio por diversas aprensiones y también porque requieren de presupuestos bastante diferentes a los que estoy habituada. Pero espero al menos poder llevar a cabo uno de ellos pronto.

Por último desearle muchísima suerte por su paso en el Festival de Málaga y preguntarle si podría adelantarnos algo sobre su próximo proyecto, El descaro.

El descaro es un proyecto totalmente diferente a mis trabajos anteriores. Hace un tiempo la extrema derecha de mi país realizó un homenaje a Pinochet, al que acudieron representantes de distintos países, incluso de España. Logré infiltrarme en el evento haciéndome pasar por un cámara amateur (bueno, en realidad lo soy) que grababa imágenes para su familia. Así, pude acercarme a la gente y sumergirme en un mundo surrealista.

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