Entrevista a Carlos Álvarez-Nóvoa

“Mi estrategia fue confiar en la palabra de Juan Ramón Jiménez”

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Carlos Álvarez-Nóvoa encarnando a Juan Ramón Jiménez en una secuencia del filme

Elegante, imponente, y con la cordialidad que le caracteriza, Carlos Álvarez-Nóvoa asistía al preestreno de La luz con el tiempo dentro, cinta dirigida por Antonio Gonzalo y que se estrenó el pasado viernes en las carteleras españolas. Junto a él, el propio director del largometraje, los también actores Marc Clotet y Ana Fernández, así como algunos miembros del equipo de la película.

Con 74 años muy bien llevados, siempre con una energía poderosa, un gesto de cariño para todos y una voz imperante, de esas que los oídos agradecen escuchar, este actor de cine y teatro, director teatral, profesor de literatura y licenciado en Derecho, Filología Románica y otras muchas cosas más, nacido en La Felguera (Asturias) y afincado desde hace tiempo en Sevilla, es conocido por su trabajo en Solas (1999, Benito Zambrano), por el cual obtuvo el premio Goya al mejor actor revolución. Luego llegaron cintas como ¿Por qué se frotan las patitas? (Álvaro Begines, 2006), o Las olas (Alberto Morais, 2011). Sus trabajos han sido reconocidos, aparte del Goya, con importantes premios.

Siempre es un placer conversar con Carlos y más aún lo es si se trata de dialogar sobre su último trabajo, nada más ni nada menos que encarnar al mismísimo Juan Ramón Jiménez. Una hazaña de la que sale airoso, pues el actor nos entrega una interpretación muy cuidada y repleta de matices, encarnando con mimo y al detalle una complejísima personalidad como es la del poeta de Moguer. Sin obviar, por supuesto, el gran parecido físico que hay entre el premio nobel y nuestro entrevistado, y es justamente por este punto por el que comienza la entrevista, después de, claro está, felicitarle justamente por su dificultoso papel.

Guarda un cierto parecido físico con el propio Juan Ramón Jiménez, ¿se lo habían comentado antes en alguna ocasión?

Bueno, yo creo que el mérito realmente es de Jorge Hernández, el maquillador. Magnífico, por cierto. Y aprovechando que había algún rasgo parecido al de Juan Ramón, ha realizado un gran trabajo de caracterización.

¿Cómo ha sido el camino que ha seguido para encarnar al premio nobel español? ¿Le costó mucho? He leído que enfrentarse a tal personaje le provocó “riesgo y temor”.

Sí. Siempre que te enfrentas a un personaje el actor tiene ese reto de construirlo, pero hay veces que el reto es más arriesgado. El que sea una persona real, en principio, te facilita poder usar muchos datos complementarios que desentrañar para ir construyendo tu personaje. Luego, también cuentas con uno mismo, tus vivencias, tus conocimientos, tus características… todo eso es la mezcla que tú haces para la construcción de un personaje. Pero cuando ese personaje además de ser real, es histórico y asimismo escritor, existe otra fuente más de información que son sus escritos. Yo además había sido profesor de Literatura y de Historia del teatro, y como profesor y estudioso me había acercado a la figura de Juan Ramón, como es lógico, hace muchos años, e igualmente como lector de poesía había disfrutado con él. Pero el acercamiento del actor al personaje es otra cosa, tienes que convertirlo en algo tuyo, le prestas tu cuerpo, le prestas tus sentimientos.

En el caso de Juan Ramón, la dificultad era además mayor por tratarse de un hombre con un carácter muy complejo. Es decir, no es un personaje de un trazo, que tenga unas características muy claras, muy definidas, que puedas apoyarte en ellas. Juan Ramón era un hombre con mucha complejidad psicológica y en el que además sus biógrafos dan versiones de él muy opuestas, de los que insisten excesivamente en la acritud de su carácter, en su bipolaridad, en su pesimismo, a otros que sin embargo quieren edulcorar demasiado su imagen. Entonces, cuando yo me enfrenté con el personaje, verdaderamente no tomé ninguna decisión previa para querer construirlo por un camino específico, sino que mi estrategia o mi camino fue confiar en la palabra de Juan Ramón Jiménez. Tenía un magnífico guion, de Teresa Calo, en donde los textos de los personajes están repletos de palabras de Juan Ramón. Y con todo esto que tenía yo me dije: “cierro los ojos, me meto en este mundo de palabras, y con lo que yo sienta y piense construiré el personaje”.

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Álvarez-Nóvoa junto a Ana Fernández y Marc Clotet en el preestreno que tuvo lugar en Sevilla

La luz con el tiempo dentro se trata de la primera película de ficción sobre Juan Ramón Jiménez. Al contrario de otros países como Estados Unidos o Francia, parece que a nosotros nos cuesta bastante realizar biopics sobre grandes artistas de nuestro país ¿A qué cree que es debido?

La verdad es que no lo sé. Yo creo que es un mal endémico, no digo de Andalucía sino de España, de no valorar suficientemente lo nuestro. De vez en cuando ves a alguien que parece ser que sí, que considera que lo tenemos cerca es tan valioso o más, muchísimo más, que lo que está lejos, pero existen pocos. Históricamente hay una actitud un poco de papanatismo, de sobrevaloración de todo lo de fuera y de menosprecio a lo de dentro. En este caso concreto de Juan Ramón Jiménez, también influye que fue un personaje durante muchos años no valorado oficialmente. Tanto es así que cuando le otorgan en 1956 el premio Nobel no es porque España le haya apoyado, ni muchísimo menos, fue la Universidad puertorriqueña quien ayudó a esa concesión, así como desde Nueva York, etcétera. Pero el gobierno español no hizo absolutamente nada, porque Juan Ramón había apoyado públicamente a la República, y eso que el poeta no era un hombre político ni que llevara una actividad militante. Como pasó con Federico (García Lorca) o con tantos otros. Yo creo que eso influye. Pero pasa la dictadura y entramos ya en la democracia y opino que se podría haber hecho un esfuerzo mayor, cierto es que hay muchas iniciativas, fundaciones… pero a la hora de manifestarlo artísticamente, construir un biopic, quizás haya falta de interés.

Siguiendo al hilo de la anterior pregunta, usted que es una persona muy ligada al teatro y ha sido profesor de Literatura, ¿qué poeta o escritor cree que debería tener su biopic? ¿Qué cinta sobre un artista nacional le gustaría ver en la gran pantalla?

Pues como tú antes muy bien decías, es que se ha hecho muy poco. A mí me parece que hay personajes apasionantes, con vidas apasionantes, de los que no se ha reparado. Y estoy pensando no ya en rescatar el valor de una personalidad porque yo la valore, sino en el interés cinematográfico, el interés narrativo que pueda tener para el gran público. Y hacer por ejemplo la historia de Lope de Vega, que algo se hizo, o de Ramón María del Valle-Inclán, que es una vida muy fascinante. Por ejemplo sobre la Universidad, que en este país no se ha hecho cine, y es un foco de cultura, de creación, de arte, de literatura. Una película en la que se recoja la vida de la Universidad no se ha hecho. Y sobre la figura de Clarín, por poner otro ejemplo, que se trata de una figura también muy interesante.

¿Qué se va a encontrar el espectador en la película sobre Juan Ramón Jiménez que cree es más desconocido por el público en general?

Pues mira, el espectador se encontrará con una película hermosa, honesta, fiel a la realidad, y a pesar de no haber recibido los apoyos suficientes. Canal Sur sí entró al final para apoyarla, pero por parte de la Junta de Andalucía, por ejemplo, no ha habido el apoyo que sería esperable. Sin duda es un cinta que si hubiera tenido más medios se hubiese podido hacer con más financiación, con más presencia de exteriores, etc. Como digo, a pesar de todo ello, esta es una película ambiciosa que intenta conseguir una fidelidad lo mejor aderezada posible. También gracias a un reparto magnífico, con un descubrimiento como es la actriz sevillana que vive en Los Ángeles, Tamara Arias, que posee una frescura, una verdad, tanto que yo ya no me puedo imaginar a Zenobia Camprubí con otra cara diferente a la de Tamara. Para el público esta actriz será una sorpresa. Hablar también del espléndido actor Mar Clotet, que tiene un atractivo especial, una atracción en su mirada. Y por no alargarme mucho destacar el papel maravilloso de Ana Fernández y una larga lista de grandes intérpretes, hasta treinta y tantos actores andaluces. Y volviendo a la pregunta, el espectador va a recibir información para muchos desconocida sobre cómo fue Juan Ramón, con una vida emocionante y que fue un hombre enamorado. Y, por ejemplo, a través de pinceladas vemos esas historias amorosas suyas con distintas mujeres. En definitiva, el espectador se encuentra ante una película entretenida, que le ilustra y que al mismo tiempo y sobre todo le hace sentir, gracias a las palabras de Juan Ramón.

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Carlos Álvarez-Nóvoa en otro fotograma de ‘La luz con el tiempo dentro’

Retomando que hablábamos sobre Zenobia Camprubí, ¿cuán de importante fue esta figura para Juan Ramón Jiménez y su obra?

Pues no te puedes imaginar hasta qué punto la considero esencial. Yo creo que todos tenemos una deuda muy alta con Zenobia, una deuda impagable. Zenobia podría haber sido una mujer valiosísima en una época además en donde la mujer tenía tan pocas oportunidades para formarse intelectualmente y en diferentes trabajos. Zenobia hubiera podido ser una primerísima figura de la creación en muchos terrenos. Sin embargo, ella tuvo la intuición de que Juan Ramón era especial, pues hay muchas personas valiosas, personas que hacemos nuestro trabajo con rigor, con seriedad, con honestidad, pero genios hay bastantes pocos. Y entonces, yo creo que Zenobia tuvo la conciencia de que estaba casada con un genio, y por ello ella pensó que le había tocado a ella sacrificarse. Gracias a que Zenobia se ocupó de Juan Ramón, primero resolviéndole los problemas inmediatos de su día a día, ella se ocupaba de todos los temas económicos, de idear cómo conseguir dinero para que Juan Ramón no tuviera que preocuparse, de su estancia en el exilio, etc. Y después, sobre todo, ese apoyo y ayuda que le brindaba a Juan Ramón ante su desánimo en los que muchas veces caía ante ese afán de abarcar lo inabarcable, y se hundía. Entonces, estoy convencido de que si Juan Ramón no hubiera tenido a Zenobia a su lado no habría llegado ni el 60% o el 70% de las obras que el poeta escribió.

En 1999 ganó usted el Goya al mejor actor revelación por la célebre Solas, venciendo a actores de la talla de Eduard Fernández o Luis Tosar, que competían en la misma categoría. ¿Qué supuso ese Goya en su carrera? En general, ¿qué opinión le merece los premios?

¿A quién no le agrada que le hagan un reconocimiento de cualquier tipo y más si se trata de un reconocimiento tan prestigioso como es el Goya? Ese fue el año en que también nos dieron en Tokio el premio a María (Galiana) y a mí. También en el Festival de Moscú por Las olas (Alberto Morais, 2011). Pero hay uno muy especial para mí y al que le tengo un especial afecto como es el premio que me dieron en Ponferrada como apoyo a los nuevos realizadores, porque yo soy “el niño de los cortos”, de hecho ahora, dentro de un rato, salgo para Zaragoza para rodar un corto allí y creo que será el número 76. Y como decía, los premios siempre te estimulan y te gratifican, pero el Goya por Solas, es para mí una deuda impagable que tengo con Benito Zambrano. Cuando entonces iba a cumplir 60 años, mi opción había sido vivir en Sevilla y ya tenía mi vida abierta desde hace años en el mundo del teatro y recorría varias ciudades pero habría sido un actor de teatros para siempre. Y Solas me abre un camino que yo, estando en Sevilla, no había pensado en recorrer. Y claro, cuando estás a punto de cumplir 60 años y empieces un camino, y además que ese camino sea tan hermoso como es el del cine, pues ese fue el gran regalo, la gran lotería que a mí me cayó con Solas. Gracias al éxito de esta película he podido hacer 30 largometrajes y 75 cortos. Solas me dio una pequeña popularidad, a mí antes no me conocía ni saludaba nadie, y todavía, 15 años después, como la película se repone por televisión con cierta frecuencia, la gente me conoce por la calle por el papel de Solas, a pesar de haberme visto en otros trabajos en series o películas. Para mí es un orgullo muy grande.

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El actor junto a Maria Galiana en la aplaudida ‘Solas’

Parece que el buen momento que está atravesando el cine español, al menos en cuanto a taquilla y popularidad se refiere, también lo está siendo para usted. Tiene pendiente de estreno un puñado de obras, entre las que se encuentran La novia, de Paula Ortiz, Asesinos inocentes, de Gonzalo Bendala o El violín de piedra, de Emilio Barrachina. ¿Cómo está encontrando al sector actualmente?

Con un ingenio importantísimo. Y sí, yo la verdad es que no me puedo quejar. En mi tramo de edad hay menos competencia y menos actores, pero tengo la fortuna de que se están haciendo películas hermosas. Tú citabas, por ejemplo, La novia, de Paula Ortiz.

Sí, además es uno de los largometrajes nacionales más esperados de este 2015.

Y además no va a defraudar. Las expectativas que se puedan tener con esta película se van a cumplir. Yo con Paula ya había hecho hace unos años De tu ventana a la mía (2011), y años antes había hecho dos cortos. Paula y yo somos muy amigos, yo la quiero mucho, al igual que a su familia, que son como hermanos para mí. Y resulta que Paula vino a ver, cuando yo estaba en el Teatro María Guerrero con el montaje de José Carlos Plaza de Bodas de sangre, la función y luego fuimos a cenar juntos y me dijo: “Carlos, yo algún día tengo que hacer una película sobre Bodas de sangre”. Y 5 años después la ha hecho. Y es Lorca. Lorca por los cuatro costados. Pero está pasado por la sensibilidad tan especial que tiene Paula. Es una película que no va a defraudar a la gente y que va a emocionar, no solamente por el sentimiento que existe en la obra de esta historia real que se narra, sino por la emoción estética ante un producto hermoso y bien hecho.

 
 

Y con este buen sabor de boca nos despedimos, deseándole mucha suerte con todos estos estrenos que tiene pendientes, para que funcionen estupendamente en la taquilla. Igualmente felicitarle de nuevo por su trabajo y desearle que siga trabajando tanto o más como lo está haciendo en la actualidad. Carlos se despide, no sin antes volver a remarcar el enorme esfuerzo que ha hecho el equipo, mayoritariamente andaluz, vuelve a repetirme, de la cinta que hoy nos ocupa, La luz con el tiempo dentro. Tiene palabras de elogio para todos y no se olvida de citar a ningún miembro del equipo.

Un hombre honesto, buen compañero, gran persona, sabio y un magnífico actor. Carlos Álvarez-Nóvoa. Un placer dialogar con él. Hasta pronto.

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