El lobo de Wall Street

Abran paso a los putos amos del universo

Buenas noticias, Martin Scorsese ha vuelto. Bueno… en realidad no se puede decir que nunca se fuese del todo, él siempre ha ocupado su lugar en el Olimpo de los grandes del cine, siempre ha estado ahí. Y si acaso alguna vez se marchó, su sombra ha sido tan alargada que ha terminado manchando trabajos de otros autores, cayendo en muchas ocasiones objeto de la imitación más o menos desafortunada. Martin Scorsese es un estilo de cine en sí mismo, un hito indiscutible. ¿Podríamos entender el cine contemporáneo, tal cual, sin la obra de éste?, de ninguna manera.

Pero, ¡ey!. Que si tus obras favoritas del director de Queens son la ya mítica Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990), o Casino (Casino, 1995), la cosa ya es para darte la enhorabuena, pues Scorsese nos ha vuelto a entregar una cinta con la misma mordiente, descaro y frescura que sus predecesoras, y ojo… con la misma calidad. No te miento, si eres de los que aman el inconfundible sello del director de neoyorkino, esta cinta es de lo mejor que te va a pasar este año 2014 en una sala de cine.

El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, Martin Scorsese, 2013), es uno de los ejercicios cinematográficos más excitantes (y excitados) que he tenido la oportunidad de ver nunca en la gran pantalla. De hecho, me ha impactado enormemente que una obra de espíritu tan joven, frenético y excesivo venga de la mano de un director que cuenta ya 71 años. Será eso de que “los viejos rockeros” nunca mueren.

Te cuento de qué va esto. Tenemos a Leonardo DiCaprio interpretando a Jordan Belfort, un controvertido corredor de bolsa de Nueva York, propietario de una poderosa compañía del sector, que pasó a la fama por llevar un ambicioso y excesivo tren de vida alejado de toda moral, y por verse involucrado en una serie de estafas de fraude de valores a gran escala. Aquí todo gira en torno al dinero, “la droga más poderosa que existe” según el propio protagonista de la película, las consideraciones éticas sobre los medios que se usan para obtenerlo se quedan aparte, eso te va a tocar a ti una vez acabe el show, ni se te ocurra que nadie más vaya a pensar en el bien ni en el mal, salvo los agentes del FBI y la justicia que husmean los chanchullos de estos lobos de las finanzas, pues ya están demasiado ocupados en ganar un millones en una hora o en tirarse a las prostitutas más cotizadas de la ciudad.

Y no te dejes despistar por lo surrealista o exagerado que pueda ser todo lo que veas en pantalla, Jordan Belfort es un personaje de la vida real; existe, y la película está basada en su autobiografía. La película de Scorsese es sólo una sátira, un retrato. Pero un retrato distorsionado por una mirada ahogada en el frenesí del lujo, las drogas y el sexo. Una caricatura gamberra, divertidísima y muy pasada de rosca que da en el clavo precisamente por eso mismo, por ser en sí misma una portentosa extensión del delirio continuo que es el mundo de muchos de los yuppies de Wall Street.      

A medida que vemos el lujoso estilo de vida del protagonista y vamos vislumbrando su falta de valores y empatía por el resto de la sociedad, resulta inevitable acordarse de la extraordinaria obra literaria de Tom Wolfe, La hoguera de las vanidades, pues en ella, aparecía un personaje, Sherman McCoy, que era la viva encarnación del prototipo del corredor de bolsa forrado de dinero que se sentía más allá de todo juicio moral. De hecho, McCoy usaba continuamente una expresión que se llega a oír en la película en boca del personaje que adoctrina a nuestro protagonista cuando empieza en el negocio de la especulación financiera. McCoy solía autoproclamarse “ The Master of the Universe”, y así se autoproclama el ya citado mentor de Belfort, haciendo clara referencia a la ácida novela del afamado escritor norteamericano.

No es de extrañar que alguien que maneja millones de dólares en tan solo unos minutos se sienta en la cima del mundo, o más bien en un mundo aparte del que habita el resto, ese triste mundo en el que sobrevivir pagando las facturas es la aventura más excitante que nos brinda lo cotidiano. Por eso, el universo de Jordan Belfort es distinto, en él las leyes del matrimonio, del amor, o de la amistad son relativas. El lucro es el único mantra que se puede escuchar en esta selva de animales de las finanzas. Así que básicamente, El lobo de Wall Street se limita a contarnos cómo de bien se lo pasan y cómo se la sudamos a un colectivo, que se sabe por encima de la justicia y la ley, porque la única ley que impera en el mundo tiene el color verde del papel moneda. Así pues, durante sus casi 180 minutos de duración, pasaremos por una montaña rusa de sensaciones que pasarán del frenesí y la fiesta más desenfrenada a los problemas en cuestión de segundos. Pero vamos, nada que no “arreglen” las drogas o el talonario por supuesto… veremos una continua celebración del lujo y el exceso, formando así parte de una fiesta que por lo general suele ser privada, pues los elegidos del mundo real para estar en ella son un porcentaje mínimo de la población mundial.

Una vez acaba todo, se nos viene irremediablemente una pregunta a la cabeza. ¿Es una glorificación del estilo de vida y la persona de Jordan Belfort?. Podría darse una interpretación similar si uno sólo se queda en la superficie. Además, ¿qué autobiografía no peca en maquillar positivamente parte de su contenido?. Pero ya lo habíamos dicho antes, Scorsese no se para a juzgar, ni para bien, ni para mal, sólo retrata, y ahí es donde recae el mayor acierto de la cinta. En El lobo de Wall Street todo es tan surrealista y tan infinitamente exagerado, que acaba cayendo en el terreno de lo absurdo. Su trasfondo es tan jodidamente serio y decadente, que no nos queda otra que tratarlo mediante la comedia. Puede parecer un sinsentido, pero al fin y al cabo es el mismo sinsentido que supone que toda la economía mundial esté en las manos de unos personajes tan monstruosamente egocéntricos y ambiciosos como estos.

Definitivamente, es la película más eléctrica y veladamente mordaz que llevo vista en mucho tiempo. Un montaje originalísimo, una música enérgica y deliciosa, y un conjunto de actores (sobre todo Jonah Hill) que ejercen de complemento perfecto a un excéntrico y soberbio DiCaprio. Y lo mejor, sin apenas bajones de ritmo.

Mi favorita a postularse como mejor película en los Oscars, de largo.

Bienvenido de nuevo, Martin. Quédate por mucho tiempo.

Calificación: 9/10

 
 

El_lobo_de_Wall_Street-cartelTítulo original: The Wolf of Wall Street

Año: 2013

Duración: 179 min.

País: Estados Unidos

Director: Martin Scorsese

Guion: Terence Winter (Libro: Jordan Belfort)

Música: Howard Shore

Fotografía: Rodrigo Prieto

Reparto: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Jean Dujardin, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Bernthal, Jon Favreau, Ethan Suplee, Cristin Milioti, Katarina Cas, Joanna Lumley, Spike Jonze, Chris Kerson, Shea Whigham

Productora: Paramount Pictures / Red Granite Pictures / Appian Way

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