El francotirador

Ovejas, lobos y perros.

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Tras la tibia acogida que Jersey Boys obtuvo el año pasado por parte de crítica y público, Clint Eastwood parece no haberse amedrentado y decide volver a nuestras salas de cine con otra película de corte biográfico; aunque esta vez cambia radicalmente de tercio y pasamos de la lejanía de la Norteamérica de los años 50 y la música de Frankie Valli & The Four Seasons a otros escenarios más recientes y cercanos, como el de la guerra de Irak y los Estados Unidos post 11-S. El francotirador (American Sniper, 2014), que así se llama su última propuesta, llega a nuestras pantallas después de haber arrasado en las taquillas de su país. Sin embargo, cierto sector de público y de opinión sigue mostrándose reticente respecto al resultado de la cinta en su conjunto; recelos que en absoluto son infundados, pues una vez vista resulta evidente que el magnífico director que en su día nos entregó joyas del calibre de Gran Torino (2008) o Sin Perdón (Unforgiven, 1992) anda muy lejos de estar en forma (Nada sorprendente, por otro lado, teniendo en cuenta de que estamos hablando de alguien que ya ha cumplido los 84 años).

Sirviéndose de un guión adaptado, basado en la autobiografía escrita por el propio Chris Kyle, El francotirador nos cuenta la historia de este famoso soldado norteamericano; un miembro de los SEALS que hizo historia por batir el récord de muertes como francotirador del ejército norteamericano, lo que le permitió salvar las vidas de un buen puñado de compañeros y le permitiría más tarde disfrutar del estatus de héroe nacional. La leyenda de Chris llegó a alcanzar tales dimensiones que su fama no solo llegó a los oídos de sus compatriotas, sino que sobrepasó las fronteras, llegando a las líneas enemigas, factor que resultaría determinante para que se le pusiera precio a su cabeza en territorio hostil. American Sniper nos relata la odisea personal que Chris tuvo que soportar las cuatro veces que fue desplegado para cumplir con su misión; un relato que no se conforma con centrarse en las hostilidades que surgen en el combate y se permite plasmar las diferentes secuelas que la guerra puede dejar en la mente de un soldado. Más allá de ser una representación de la vida y obra de un ciudadano anónimo sobrevenido a héroe nacional, la película de Eastwood es una de esas obras bélicas que detrás del patriotismo que se percibe en su dimensión más superficial esconde algo nostálgico y crepuscular, un mensaje subyacente que aunque no esté implícito (pues el director no se posiciona políticamente, al menos, de manera explícita) se intuye, dejando un cierto regusto anti-belicista. Detrás del fragor de los disparos, de la tensión de las incursiones en territorio irakí, detrás del polvo de la destrucción y del conflicto «entre buenos y malos» se esconde un dilema moral que tiene que ver con otras batallas menos tangibles, pues veremos cómo ciertos valores que en tiempos de paz parecen férreos se tambalean al darse de cara con los horrores de la guerra; el patriotismo, los principios morales o la misma concepción de la justicia se resquebrajan cuando el ser humano presencia la crueldad de la muerte.

Con American Sniper queda claro que la guerra física se perpetúa en la mente del soldado y, aunque éste vuelva a casa a salvo, sus secuelas permanecen, afectando a su situación psicológica, familiar y social. Además, la elección por parte de Clint Eastwood de la figura de Chris Kyle a la hora de hacer su nueva película no es mera casualidad, pues es un caso que le sirve para hacer una sutil radiografía de ciertos valores tradicionales de su país, situándolos en un contexto real como es el del terrorismo globalizado para así revisarlos y que cada espectador pueda sacar sus propias conclusiones. El triángulo de valores conservador del yankee republicano; Dios, Patria y Familia, se hace presente en las glorias y miserias de uno de sus héroes más recientes y a su vez más malogrados. Los pilares ancestrales de la cultura norteamericana se someten casi de forma imperceptible a examen ante el nuevo contexto global mientras subyace en el aire la cuestión de hasta qué punto merece la pena luchar por ellos; algo que no deja de ser todo un acierto por parte del director y de Jason Hall. Aquello de que los perros deben cuidar de las ovejas para que no se las coman los lobos. O dicho con otras palabras, aquello de que hay que proteger a los inocentes, es un pilar moral más arraigado de lo que parece en el sentir la sociedad estadounidense (aunque dicho concepto se haya tergiversado a lo largo de la historia cientos de veces y haga de este un punto susceptible de ser discutido). Aquellos que tantas veces se han auto-proclamado los guardianes de la libertad en el mundo se empiezan a preguntar si el precio a pagar es excesivo. Sin duda, una interesantísima cuestión que se baraja en la obra de Eastwood.

En este sentido podemos decir que American Sniper tiene muchas más aristas de las que parece en un principio; es por ello que sería injusto decir que estamos ante una simple «americanada» o tacharla de obra innecesaria ya que, además, el argumento viene respaldado por varios aspectos cinematográficos interesantes. Otra cosa es que el nivel general ande lejos de alguien que hoy por hoy es una figura clave en la historia del cine, pues la verdad, que hay casi tantos logros como desaciertos.

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El principal defecto de El francotirador es que es una película tremendamente descompensada. Por un lado tenemos una cinta bélica que funciona, a veces de manera notable, la cual, sin tampoco inventar nada nuevo, entretiene. Es cuando la trama se sitúa en Irak cuando se puede atisbar el viejo Eastwood, aunque sea muy lejanamente. Con cierto regustillo a western, el ya veterano director logra puntuales momentos en los que la tensión se convierte en protagonista. Y es también durante estas escenas cuando el plantel de actores da la talla con más dignidad, sobre todo un irregular Bradley Cooper, el cual a pesar de tener algunas escenas recalcables, se encarga de echar por tierra sus logros todas y cada una de las veces en las que Eastwood sitúa su mirada en Los Estados Unidos, cosa que me atrevería a decir que ocurre con el resto de la obra, ya que, lamentablemente, cuando American Sniper se aleja de las polvorientas tierras de Oriente Medio y pone sus pies en casa, todo se viene incomprensiblemente abajo.

Y es que, si bien la película funciona como drama bélico, por su otra cara, en aquella que se nos cuenta el drama doméstico que sufre su protagonista y su familia la cosa huele (permítanme la expresión) a cagada soberana. Sorprendentemente, El francotirador tiene un gran porcentaje de minutos en los que el melodrama rancio de los que pueblan las televisiones a la hora de la siesta es el desafortunado protagonista. La metedura de pata es tal, que uno se pregunta cómo un director tan veterano se puede mostrar tan torpe y descuidado con aquello que ha construido con seriedad y oficio. Dicho sin exagerar un ápice; en estas partes tanto los diálogos, actuaciones como el ritmo se muestran a un nivel tan bajo y anodino que, si bien hubiera sido así durante todo el metraje, de seguro estaríamos hablando de la retirada forzosa del bueno de Clint. Algunas de estas escenas, de hecho, ya forman parte de la cultura pop instantánea y están sirviendo para que más de uno se mofe del bochornoso nivel de descuido mostrado.

Imagínense; estamos ante un drama bélico, de cierta carga psicológica, que aunque no innova en sus formas, pretende repasar algunos de los puntos calientes de la actualidad norteamericana, aportando un punto de vista serio y neutro. Ahora imagínese la película como un castillo de naipes que se va construyendo carta por carta, con paciencia y tacto, pero que por desgracia, se tambalea porque nuestro pulso ya no es el mismo de antes… Y cae una vez ese castillo… y cae una segunda vez… y una tercera… Pues eso es American Sniper; una cinta que se autodestruye demasiadas veces hasta el punto de quedar deslucida.

No sé lo que imaginó Clint, pero puedo intuir que lo que quiso erigir queda muy lejos del resultado que hubiera podido obtener si estuviese en sus plenas facultades. Y es que vale, El francotirador es una cinta interesante y funciona a ratos. Es más, dentro del panorama habitual del cine bélico de los últimos meses se presenta como una buena opción, pero la cosa no pasa de ahí. No se dejen engañar por su nominación a mejor película en los premios Oscars, aquí todo va a medio gas; ni siquiera Morricone parece el mismo.

No dudo que al otro del océano pueda gustar más, pero vista desde un prisma objetivo y menos emocional es imposible entusiasmarse. Hay errores que aún a días después de haberla visto me impiden valorarla mejor. Tantos descuidos juntos son difíciles de olvidar, casi tanto como el ya famoso bebé de plástico.

Calificación: 6/10

 
 

El_francotirador_GE_MC_CartelTítulo original: American Sniper

Año: 2014

Duración: 132 min.

País: Estados Unidos

Director: Clint Eastwood

Guion: Jason Hall

Música: Clint Eastwood, Ennio Morricone

Fotografía: Tom Stern

Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Jake McDorman, Kyle Gallner, Keir O’Donnell, Eric Close, Sam Jaeger, Owain Yeoman, Brian Hallisay, Marnette Patterson, Cory Hardrict, Joel Lambert, Eric Ladin, Madeleine McGraw

Productora: Warner Bros. / Village Roadshow / 22 & Indiana Pictures / Malpaso Productions / Mad Chance Productions

 

 

 

 

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