El cuento de los cuentos

No es lugar para hadas

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Hasta hace muy poco el trabajo de Matteo Garrone se había caracterizado por apelar a la realidad de una forma casi religiosa a la hora de componer sus obras. Muestras perfectas de ello son Gomorra (2008) y Reality (2002), dos cintas que a pesar de no guardar prácticamente parecido alguno en su temática y trasfondo, sí que estaban unidas por esa esencia realista que prácticamente se había convertido en un sello característico del autor. Por supuesto, de todo esto estamos hablando en pasado porque parece que el italiano ha querido dar un giro de 180 grados a su tendencia habitual, ya que su última película se aparta radicalmente de lo que estábamos acostumbrados a ver en su cine.

Es cierto que, en ocasiones, Garrone simplemente se apoyaba en la realidad para distorsionarla. Su reconocible estilo a veces ha dejado entrever influencias de otros directores que a veces utilizaban recursos bastante similares. Sin ir más lejos, la ya mencionada Reality demostraba unos tics que a más de uno le remitían al maestro Fellini. Un fenómeno que, aunque fuese puntual, hacía intuir que el director, inconscientemente o no, deseaba romper las propias barreras de su implacable tono neorrealista para adentrarse en otros terrenos. Un deseo que en su última obra, El cuento de los cuentos (Il racconto dei racconti, 2015), se convierte en un dogma y una ruptura estilística; pues si por algo destaca su propuesta es por ser un derroche de fantasía tan sugestivo como desatado.

Vamos a tener que remitir de nuevo a Fellini para proseguir nuestra crítica. También al genio de Pasolini. Pues Garrone parece haber tenido la voluntad de seguir la «tradición» establecida por sus predecesores a la hora de adaptar grandes obras clásicas al celuloide. Si bien aquellos se atrevieron con Las mil y una noches (1974), Los cuentos de Canterbury (1972) o el Satiricón (Satyricon, 1969), éste ha elegido recrear en la gran pantalla tres relatos del libro homónimo de Giambattista Basile, un célebre autor napolitano de relatos cortos del siglo XVII. Una opción tan atractiva como difícil de trasladar al lenguaje cinematográfico, y es que, las grandes obras clásicas siempre imponen respeto y suponen un desafío; por lo que, de antemano, cabe reconocerle a Garrone la valentía que ha demostrado al adentrarse en un proyecto de estas características.

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Ambientado en un Barroco de tintes fantásticos y realidades imprevisibles, El cuento de los cuentos narra tres historias en la que los monarcas de tres reinos vecinos se enfrentarán a las consecuencias que se derivan de sus obsesiones, vicios, anhelos y miedos. Tres relatos que, por cierto, no están narrados de forma episódica, sino que transcurren paralelamente y se entrecruzan en algún punto de su transcurso. En ellos veremos a la Reina de Longtrellis (Salma Hayek) y su marido (John C. Reilly) vender su destino por conseguir el ansiado vástago que nunca parece llegar, al Rey de Highhills (Toby Jones) caer en una particular obsesión que le hará descuidar el destino de su hija y al Rey de Strongcliff (Vincent Cassel) sucumbir a los peligros de una lujuria desmedida. Pero este trío de cuentos, y esto es importante, poco o nada tiene que ver con los que nos vende la factoría Disney o con la dulzura y amabilidad imaginativa que muchos asocian a este tipo de literatura a día de hoy. De hecho, no podía ser de otra forma sabiendo sus fuentes literarias ya que, a diferencia de la concepción contemporánea que tenemos de este género, en el pasado estas historias no hacían ascos a mostrar la dimensión más oscura del la psique humana. Ya había hechizos, duendes y monstruos de los que renegar, pero por entonces la linea que separaba lo dulce de lo trágico era infinitamente más fina que ahora. Todo esto ha sido captado con excelencia por el director de Gomorra, y es esta esencia folclórica arriesgada y respetuosa con el espíritu de antaño la que personalmente me enamora y me parece más digna de subrayar. Olviden las princesas y los finales felices por definición, olviden las reglas dulcificadas a las que hemos acostumbrado a nuestros hijos; aquí las princesas sufren y los deseos más íntimos te arrastran a infiernos indescriptibles. Aquí la fantasía, por fantasía que siga siendo, no deja de mirar al sentido trágico de la vida. El universo adaptado por Matteo Garrone no deja lugar a dudas, sigue habiendo lugar para la moraleja, para las bestias feroces y la magia desatada, pero al mismo tiempo parece que aquí no cupiesen las hadas, al menos en el sentido estricto de su definición moderna. Aquí los deseos los conceden entidades mucho más similares al diablo, las brujas o la misma muerte que a esas chicas con alitas y agradables que siempre imaginamos cuando nos van a contar un cuento.

El otro pilar sobre el que se sostiene la propuesta del italiano es en su apabullante apartado técnico. Su producción es exótica y majestuosa. Su foto es sugerente y feísta al mismo tiempo. Su factura bella y repulsiva. Esta continua polarización de sensaciones es la tónica habitual durante todo el metraje y encaja a la perfección con el tono conceptual de la misma obra que adapta. Y tanto me gusta lo que veo en El cuento de los cuentos, que casi provoca que todo lo demás me deje de importar. El deleite visual que nos regala Garrone se enmarca sin duda entre lo mejor visto este año y lo mejor visto del propio género fantástico en bastantes meses. Y no… no hablo de efectos especiales. La concepción visual y su propia ejecución va mucho más allá de eso.

Lamentablemente, hay que decir que quizás su principal punto flaco sea el no conseguir emocionarnos lo suficiente. Hay algo que estorba en su narración, ya sean sus bajones de ritmo o su propia y extraña mezcla de tonos y registros. Pasar de lo trágico a lo cómico en cuestión de segundos o acostumbrarnos a que todo ello confluya no es algo que nos termine de cuadrar. Quizás porque, como ya hemos sugerido más arriba, incluso en estas convenciones Garrone tiene más intención de prestar fidelidad a sus historias que a sus espectadores. Con todo, es difícil que nadie se aburra con esta película, aunque sea comprensible que muchos no sientan la pasión que una obra tan cuidada formalmente y facturada por alguien de la capacidad de un autor como el que nos ocupa podrían despertar.

A todo esto hay que sumar (como ya hemos intuido) un reparto repleto de caras conocidas y una partitura de Alexandre Desplat, como siempre, maravillosa. Teniendo todo esto en cuenta, sinceramente, no creo que importe demasiado que la crítica se dividiese en su recepción, ni historias similares. Háganme caso, El cuento de los cuentos nos brinda la oportunidad de adentrarnos en una sala de cine en esos mundos fantásticos que creíamos extintos y falseados por las necesidades de marketing y nuestra visión moderna del mundo. Tan solo por ello, haya cintas más o menos emotivas, merece la pena de prestarle dos horas. Sin duda, una joya única digna para disfrutar y tener en cuenta a lo que puede darnos el futuro de Garrone como director.

Calificación: 7’5/10

 
 

El_cuento_de_los_cuentos_Ge_cartel_MCTítulo original: Il racconto dei racconti

Año: 2015

Duración: 125 min.

País: Italia

Director: Matteo Garrone

Guion: Matteo Garrone, Edoardo Albinati, Ugo Chiti, Massimo Gaudioso (Libro: Giambattista Basile)

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Peter Suschitzky

Reparto: Salma Hayek, Vincent Cassel, Toby Jones, John C. Reilly, Alba Rohrwacher, Bebe Cave, Shirley Henderson, Hayley Carmichael, Stacy Martin, Jessie Cave

Productora: Coproducción Italia-Francia; Archimede / Le Pacte

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