El cuento de la princesa Kaguya

Estética, tristeza y naturaleza

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Por suerte, siempre nos quedará Ghibli. No es que el resto de estudios no hagan cosas potables, más o menos digeribles (Dreamworks siempre será un digno rival); pero es que donde estén Pixar y Ghibli que se quite el resto. Estos juegan en otra liga. En un estadio en el que las emociones se muestran de forma tan natural que, ciertamente, hace que olvides el hecho de que estés ante meras cintas de animación. Guiones cuidados, personajes diseñados concienzudamente, historias (a veces nuevas y otras veces meras adaptaciones-como en el caso de hoy-) y un abanico de recursos artísticos de otro planeta sirven para sumir al espectador en auténticas obras de arte en movimiento.

 

El cuento de la princesa Kaguya tiene mucho de lo anterior. Esta nueva cinta tiene una historia más que potable, unas intenciones siempre francas y claras (la bondad y el espíritu de Ghibli quedan impregnados aquí en cada recoveco) y un acabado excelente. Ghibli lo ha vuelto a hacer, esta vez sin Miyazaki; y eso es noticia. Isao Takahata, otro de los colaboradores habituales del estudio (La tumba de las luciérnagas, Pompoko, Mis vecinos los Yamada) se ha marcado un verdadero revival de los tiempos de gloria de la firma, creando en lienzo un auténtico homenaje a la naturaleza, al amor y al inexorable y justificado paso del tiempo, marcándose un cuento fino, bellísimo y redondo de 2 horas y cuarto de duración cargado de emociones a flor de piel, drama casi lacrimógeno y personas (más que personajes) en continua evolución.

 

Princesa llega a la Tierra desde la Luna. Nace de un brote de bambú. Su padre adoptivo (un leñador) la recoge, la cría junto a su mujer y le da una vida de princesa en la gran ciudad. A ella, Kaguya, la princesa (inicialmente mera aprendiz), le gusta el campo (y sus gentes), donde ha pasado su corta niñez, pero le cortan de raíz el tallo de la felicidad. La trasladan a la gran ciudad; su padre quiere para ella lo mejor: una gran casa, ropa, la mejor educación prometiéndole un futuro inmejorable. Pero no se da cuenta. No se percata de que lo material no lleva a la felicidad y que el paso del tiempo sin disfrutar de la estancia se convierte en una tortura para su hija.

 

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Ese es el germen de Kaguya, basada en el clásico cuento japonés «El cortador de Bambú», una verdadera lección fantasiosa pero real del leve transcurrir de la vida, sin más objetivo que la búsqueda y el posterior encuentro de la felicidad plena. Una verdadera lección vital que subraya esa frase lustrosa e hiperutilizada de «no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita». Takahata crea aquí un mundo repleto de matices en el que amor, dolor y crecimiento transcurren en equilibrio durante todo el metraje como si de una poesia visual se tratase. Aquí hablamos de arte en mayúsculas, de un producto artesanal diseñado al milímetro y llevado a la pantalla para disfrute del espectador; algo que merece la pena contemplar, no tan sólo por la riqueza de sus parajes, ese aroma a bondad en cada situación o esa música embelesadora del gran Joe Hishaishi, sino por ese sentimiento tan real y enriquecedor que uno recibe tras finalizar su visionado. Indescriptible. Ese espíritu es lo que hace que a día de hoy la mayor parte de las muestras de Ghibli sean totalmente atemporales y cautivadoras.

 

Si eres de los que flipa con la obra de Miyazaki y su estudio, espero que entres tranquilo en la sala, relajado, lo que vas a ver es una continuación lógica y preciosista de lo ya mostrado en Mononoke o Chihiro. Si eres de los nuevos o de la vieja armada, puede que te sobre metraje, que la narración se te haga algo eterna desde el principio y que el aburrimiento pueda en algún momento adueñarse de tu alma. Pero esto es cine japonés chicos. Aquí la narración se toma un respiro cada poco, predominan los tiempos de carga entre escenas y se cuidan las tomas a niveles sobresalientes (y casi en «modo enfermizo»). Sorprendente y preciosa propuesta aún así chavales. El anime sigue «medio en forma».

Calificación: 8/10

 

Kaguya_Iv_MC_CartelTítulo: Kaguya-hime no Monogatari (The Tale of Princess Kaguya)

Año: 2013

Duración: 137 min.

País: Japón

Director: Isao Takahata

Guión: Isao Takahata, Riko Sakaguchi

Música: Joe Hisaishi

Fotografía: Animation

Reparto: Animation

Productora: Studio Ghibli

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