El coro

La música, medicina del alma

Chico rebelde en caída libre hacia la delincuencia o el desastre endereza su camino gracias al poder reparador de la música y la influencia de un maestro de esos extraordinarios que sólo nos puede presentar el cine.

¿Cuántas veces hemos visto esta historia antes? Muchas, ¿verdad? La lista de películas de «alumno difícil y profesor enrollado» no deja de crecer. El coro, de hecho, parece a ratos una copia desacomplejada de la celebradísima Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004), pero lo cierto es que no hay nada de malo en ella. No tiene nada que verdaderamente merezca la pena criticar (cuando vamos a ver una película así ya sabemos lo que nos vamos a encontrar, ¿no? No hay espacio para la sorpresa desagradable), pero tampoco nada que se le pueda admirar, más allá de su gran reparto de ilustres secundarios. O tal vez sí… se puede admirar sin duda su honestidad, su decisión de hacer bandera de los buenos sentimientos y el toque sentimental para contarnos una bella historia de la superación de los problemas a través del arte y de la especial relación de confianza y admiración que se establece entre un maestro y un alumno. También tiene algunas escenas inspiradas, como aquella en la que Stet rompe una ventana o la conversación que tiene el chico con Carvelle sobre el pasado de este (una de esas conversaciones de cine que cambian la vida del personaje problemático).

El mayor problema de El coro es el de siempre en este tipo de cine familiar melodramático y buenrollista. Por aquello de querer contentar a todo el mundo y ofrecer una catarata de situaciones emotivas (es sin lugar a dudas una de esas cintas que se definen normalmente como «bonitas»), se queda a medias de todo. No solo no arriesga nada, sino que es morosa en la presentación y desarrollo de los personajes (el retrato inicial de Stet, con ese montaje que parece un corta pega sin sentido, o la escasísima caracterización de su padre y sus profesores) y encima no va al límite con los aspectos más interesantes de la trama (¿por qué no se explota más la rabia de Stet o ese punto de acosador escolar que tiene y queda reflejado perfectamente al principio?). Además, no hay quien entienda la actitud del padre ni por qué se empeña en mantener en secreto lo que mantiene en secreto.

Sin embargo, es absurdo pedirle peras al olmo. El coro solo quiere ser una propuesta entretenida y llena de buenos sentimientos que provoque la emoción del espectador. Y eso lo consigue de sobra. No hay nada malo en ello.

Lo mejor: Garrett Wareing, muy solvente y con buen aguante ante un monstruo de la interpretación como es Dustin Hoffman, y la honestidad de su propuesta (no hay trampa ni cartón; es lo que es y no se avergüenza de ello).
Lo peor: Dentro de su peculiar subgénero, se ve muy superada por otras propuestas, y el drama que vertebra todo no hay quien se lo crea.

Calificación: 5/10

 
 

Título original: Boychoir

Año: 2014

Duración: 106 min.

País: Estados Unidos

Director: François Girard

Guión: Ben Ripley

Música: Brian Byrne

Fotografía: David Franco

Reparto: Garrett Wareing, Dustin Hoffman, Kathy Bates, Eddie Izzard, Kevin McHale, Josh Lucas, Debra Winger, River Alexander, Erica Piccininni, Grant Venable, Mackenzie Wareing, Jordan Fargo

Productora: Informant Films / Informant Media

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