El cine latinoamericano en el 68º Zinemaldia

‘Sin señas particulares’, ‘Las mil y una’ o ‘Fauna’ son algunos de los títulos destacados

Sin señas particulares

Tras el Festival de La Habana a finales de 2019, la impresión que dejaba el cine latinoamericano, bien recogido en su conjunto en la cita habanera, es que a pesar de todas las recientes convulsiones políticas (los casos de Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Chile, Colombia y los nuevos gobiernos en Brasil y Argentina) las nuevas tendencias detectadas se iban por el momento consolidando: presentación menos directa de la problemática política-social, mayor presencia del cine histórico, más cine de género, concentración en problemas individuales. En el 68º Zinemaldia esa dirección se ha confirmado aunque hay que reconocer que a causa de la pandemia la presencia del cine latinoamericano ha sido mucho más débil y no resultó, por tanto, muy significativa.

MÉXICO

En Horizontes Latinos, el máximo galardón fue para Sin señas particulares, de Fernanda Valadez, que recibió también el Premio Cooperación Española. La película aborda un tema recurrente como es el de la frontera del Norte, unido a la corrupción y a la violencia generalizada en el país. Una madre no se resigna a dejar de averiguar el paradero de su joven hijo, desaparecido en el viaje que ha emprendido con un amigo a Estados Unidos. La película acabará centrándose en la tragedia de la relación con la mafia mexicana de todos los que tratan de cruzar la frontera (y de los que, tras pasarla, son luego deportados). La búsqueda de la madre es narrada con emotividad y suspense. La película posee una excelente fotografía de Claudia Becerril, que se abre a los impresionantes paisajes de Guanajuato (y no de la frontera). El diablo de Reygadas en Post Tenebras Lux (2012)aparecerá al final para presentar el mal, dejando en el aire las explicaciones.

Selva trágica, de Yulene Olaizola (Premio del Público en el Festival de Biarritz y presentada con éxito en Venecia) es una conseguida película de acción situada en 1920 en la selva maya, situada en la frontera entre México y Belice. Se trata de una obra de trasfondo histórico que describe el colonialismo británico en el universo chiclero de la zona. El tema se combina con el  realismo mágico a través de los delirios y fantasías que provoca la selva. El encuentro de un grupo chiclero mexicano con una hermosa joven beliceña, que huye de los británicos, despierta la antigua leyenda de Xtabay, la diosa que  seduce y hace morir a todos los que dan con ella.

Fuera de Horizontes Latinos, figuraron las dos películas mexicanas que fueron a Toronto y que posiblemente constituyeran la aportación más atractiva del  cine latinoamericano en San Sebastián: Fauna y Nuevo orden. Fauna, presentada en Zabaltegi-Tabakalera, fue muy bien acogida. Nicolás Pereda consigue una excelente película que combina originalidad, misterio, poesía y humor. A la brillante dirección se suma la notable interpretación de Lázaro Gabino Rodríguez y Luisa Pardo. El filme entrelaza una historia real de la visita de Luisa y Gabino a sus padres en el campo con otra historia, esta sí fantástica, inventada por Gabino y basada precisamente en una serie de elementos que han aparecido en la realidad: cigarrillos que escasean, motoristas, un hombre desaparecido hace dos años -líder minero llamado Rosendo Mendieta- y el amigo de los hermanos que ha interpretado un breve papel en Narcos (escena memorable en que la familia de los hermanos le pide que interprete este papel y que improvise los diálogos). La historia inventada apunta a la peligrosa búsqueda que emprende Gabino para encontrar a un Rosendo que ha sido eliminado al parecer por mafiosos locales y sobre cuya desaparición se ha establecido un silencio generalizado. Es, desde luego, el reino de la ficción, misteriosa y llena de humor (las hermanas se llaman Flora y Fauna, etc.) que evoca a Historias extraordinarias y La flor de Mariano Llinás.

Nuevo orden

Más discutible, en cambio, es Nuevo orden, de Michel Franco, que ganó el Premio especial del Jurado en Venecia y que se presentó en la sección Perlas. La película pone de manifiesto la indiscutible maestría del director mexicano (espléndida primera parte con la boda en el seno de una familia de la clase alta) pero aborda, en la primera incursión de Franco en un cine propiamente político, el levantamiento popular en el país de un modo muy polémico. La supuesta revolución descrita en la película es un movimiento de las clases trabajadoras para hacerse con las posesiones de los ricos, quienes despiertan la envidia y la codicia de los más pobres. No hay ninguna articulación política por no hablar de ideales o de programas entre los que se alzan y es precisamente el Ejército el que se aprovecha con la mayor hipocresía de la situación (reflejando las críticas actuales al papel cada vez más protagonista del Ejército y la reciente detención por la DEA del general en jefe de Peña Nieto, Gabriel Cienfuegos). Franco presenta en términos fríos y crueles la distopía (la imagen, por ejemplo, de la destrucción en la avenida Reforma hace pensar en una intervención de los extraterrestres). La crueldad de las escenas, a las que tan proclive ha sido el director a lo largo de su filmografía, se asocia a un “nuevo orden” nazi, con campos de concentración tipo Auschwitz. En definitiva, el rigor con el que se describe la desigualdad en Parásitos (Bong Joon-ho, 2019)o la parábola de la desvirtuación de unos ideales igualitarios en Mano de obra (David Zonana, 2019), película mexicana que concurrió el año pasado en San Sebastián, está aquí ausente y se ha llegado incluso a describir este film como una radiografía del miedo de las clases altas mexicanas a un levantamiento popular.

BRASIL

Todos os Mortos, tras su pase en la Berlinale, representó a Brasil en Horizontes Latinos. La película es obra de Caetano Gotardo y Marco Dutra, quien junto a Juliana Rojas, dirigió Los buenos modales (2017). El excelente guión se basa en el recorrido histórico de dos familias a partir de 1898 en Sao Paulo, pocos años después de la abolición de la esclavitud hasta la actualidad. Por un lado, la familia Soares, tres terratenientes que se trasladan a la ciudad y por otro, la familia Nascimiento, esclavos en la finca de los Soares que se trasladan también a la ciudad. A través de estas dos familias, el filme va describiendo las dificultades de supervivencia, adaptación e integración de las razas y de las clases en el país. Lástima que el tema no se refleje adecuadamente en el desarrollo cinematográfico, que encuentra dificultades para articular personajes y situaciones.

Casa de Antiguidadades, de João Paulo Miranda María, es una película que figuraba en la selección de Cannes y pasó en San Sebastián a Nuevos Directores. En la misma línea que Bacurau (Kleber Mendoça Filho, Juliano Dornelles, 2019), se trata de una nueva incursión en la denuncia cruenta del imperialismo extranjero en Brasil. Cristovam, un negro del Norte rural (interpretado por Antonio Pitanga, actor del Cinema Novo Brasileño en una película con Glauber Rocha) trabaja en el Sur en una fábrica de leche, con tecnología avanzada y regentada por blancos austríacos, los cuales quieren independizarse y eliminar a los antiguos habitantes brasileños. El protagonista encuentra una casa abandonada, en la que hay mil objetos y disfraces que son los restos de la cultura profunda del país que él encarna y trata de defender. Unos niños austríacos, que son los que han sustituido ahora a los mercenarios norteamericanos y locales de Bacurau, disparan contra el protagonista y la casa en la que se ha refugiado.

Las mil y una

ARGENTINA

Las mil y una, de Clarisa Navas, obtuvo la Mención del Jurado en Horizontes Latinos y se presentó en la pasada Berlinale. Cine duro, rodado en los barrios marginales de la región de Corrientes. Película LGTB que describe los amores de dos jóvenes lesbianas: Iris, expulsada de la escuela, y Renata, una chica más experimentada. Ambas se encuentran en un ambiente hostil donde las amistades y los afectos son los que permiten sobrevivir a los protagonistas. La frescura y la autenticidad de la película ganan al espectador. Como se ha señalado justamente, el film, con ecos de la estética de José Celestino Campusano, recuerda la irrupción en el cine argentino de Pizza, birra, faso (Bruno Stagnaro, Israel Adrián Caetano, 1997) y a los clásicos del “nuevo cine argentino” en ese período que se extiende a comienzos de siglo (Israel Adrián Caetano, Martin Rejtman, Lisandro Alonso, Lucrecia Martel…) lo que augura un futuro prometedor a Clarisa Navas entre las conocidas directoras argentinas de la actualidad.

Sol Berruezo Pichón-Riviére presentó Mamá, mamá, mamá, un film breve que, acercándose al máximo a los personajes, llega a describir con gran a cierto la pubertad en el mundo femenino. Cleo, de 12 años, que acaba de perder a su hermana menor, ahogada en una piscina, convive con sus primas de 6 a 15 años y se enfrenta, abandonada temporalmente por su madre, a la tragedia de la muerte. Ella comienza a descubrir  su cuerpo, se angustia ante los estereotipos marcados de belleza y experimenta su primera menstruación. Nosotros nunca moriremos, de Eduardo Crespo, participó en la Sección Oficial. El director trata de construir una obra que penetre sutilmente en el mundo y mentalidades de provincias, a través del viaje de una madre y su hijo menor para recoger a su hermano muerto y trasladarlo a su pueblo. Película con muchos elementos autobiográficos que en su loable intento de evitar toda estridencia acaba quedándose en un nivel excesivamente plano.

El prófugo, de Natalia Meta, enlaza acertadamente con la tradición de literatura y cine fantástico de su país. Tras un episodio traumático, la protagonista (Erica Rivas) se ve rodeada de seres extraños que provienen de sus sueños y a los que ella misma tendrá que eliminar. La también argentina Edición ilimitada reúne a cuatro directores/escritores (Edgardo Cozarinsky, Santiago Loza, Virginia Cosin y Romina Paula) y va elaborando situaciones que  tratan de indagar sobre el proceso creativo, la relación entre escritura y cine y teatro, la vinculación entre literatura y vida…. En ocasiones, se impone una cierta banalidad, a pesar de la calidad de los cuatro directores que acometen esta obra colectiva, como siempre muy difíciles de acertar plenamente.

CHILE

La Verónica, de Leonardo Medel, se centra en una modelo muy popular en el país, la cual está casada con un famoso futbolista. La imagen exterior se contrapone a la realidad de una mujer desquiciada y egoísta. Ella es sospechosa del asesinato de su primera hija, ocurrida años atrás, su matrimonio está a punto de romperse y se encuentra celosa de su hija recién nacida. Solo está preocupada por su aparición en los medios y concentra todos sus esfuerzos en llegar a ser quien represente a una marca de lápiz de labios de primer orden. Medel, en un alarde técnico, monta la película con cincuenta y tres planos-secuencia, en que aparece en primer plano la excelente Mariana di Girolamo (vista en la pasada edición en Emma de Pablo Larraín), cambiando de tono según aparezcan cerca de ella o fuera de campo  su marido, sus amigas, su asistenta o la periodista que escribe sobre ella. La película destaca el predominio en la sociedad contemporánea de las redes sociales y la preocupación por la imagen más allá de la personalidad auténtica. Visión nocturna, de Carolina Moscoso, se centra en el impacto que durante ocho años de silencio tuvo en su directora una violación por un compañero de estudios. La vivencia se describe a través de videos-diario, procesos judiciales, etcétera. El dolor es asociado a visión oscura, con utilización de material fuera de foco y sobreexpuesto.

Los conductos

COLOMBIA

Camilo Restrepo presentó en Zabaltegi un film original, Los conductos, que describe de un modo abstracto y experimental la historia de Pinky, liberado de una secta religiosa que en realidad encubre a un grupo mafioso. La violencia colombiana en Medellín y Bogotá es descrita en esta ocasión sobre la base de una voz en off y la fijación, en muchas ocasiones, en  primeros planos de objetos (revólver, linterna que cae al suelo, agujero de bala por el que brota la sangre, faro de un vehículo). El festival de San Sebastián se clausuró con división de opiniones con la película colombiana de Fernando Trueba El olvido que seremos, protagonizada por Javier Cámara y basada en la novela de Héctor Abad Faciolince sobre la figura de su padre, médico de una gran generosidad y entregado totalmente a la causa de la salud pública en su país que terminó siendo asesinado por los paramilitares.

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