Dunkerque

Nolan quiere ser Malick (pero en realidad no)

Entre los espectadores casuales y el sector puramente cinéfilo que se acercan cada semana a los cines hay un alto porcentaje de seguidores de Christopher Nolan, la mayoría de ellos con una (comprensible) buena opinión de este. El cine de Nolan se ha caracterizado por estar ligado a un gran afán de satisfacción, el sentimiento conciliador y una gran condescendencia hacia su público, haciendo un enorme hincapié en la trascendencia y los finales emotivos y cerrados. Nolan sabe lo que da y lo da realmente bien, menos en su última película.

Dunkerque (o Dunkirk) nos narra la batalla del mismo nombre ocurrida al norte de Francia durante la segunda guerra mundial, y está enfocada (acertadamente) de forma que la guerra, como concepto en sí, y los alemanes, en cada una de sus apariciones, representan un enemigo invisible y letal, que sin embargo, y a tenor de lo visto a lo largo del metraje, son menos eficaces que un traspiés en unas escaleras. Y una vez señalado ésto podemos extenderlo al resto de los elementos mostrados en pantalla, se intenta mostrar realismo y crudeza pero a la vez que sonrisas, pastas y tes, su gran fotografía te arrastra hacia el gris y peligroso cielo surcado por los aviones y lo acontecido te tranquiliza porque todo saldrá bien, porque somos los buenos, somos los buenos y somos los buenos. Y tan buenos, todos los personajes (por llamarles de alguna forma, ya que ninguno de ellos consigue erigirse como tal en ningún momento) están desprovistos tanto de motivación como de los esos claroscuros tan interesantes que afloran en la guerra, no podemos interesarnos por ellos porque sabemos que no son de verdad, son demasiado guapos, hasta el barro les sienta bien. Nolan se la jugaba al introducir su tema habitual en un entorno donde, si nos atenemos a su preciado realismo, no hay ingenuos blancos y negros, sí, obviamente los nazis eran unos genocidas y unos bárbaros, pero entre los combatientes aliados había pocos santos sin mácula, sobre todo porque todos ellos eran hombres que habían ido allí a matar a otros hombres, ambos bajo las ordenes de otros hombres que estaban muy lejos y a salvo.
Además, para rematar, Nolan se acerca sin pudor al cine de Terrence Malick, intentando que su trascendencia santurrona se enfrente al vacío, al metálico y chirriante sonido del caos, por momentos nos mueve de un lugar a otro, como si fuésemos una victima más de la guerra, e incluso se atreve (muy tímidamente) a jugar con el espacio del plano, y casi con el tiempo, pero antes de darle algo en que pensar al espectador, un mínimo estimulo intelectual, retrocede y vuelve a la orilla, nos quedamos con las ganas que habría conseguido un Nolan que aun parece guardarse mucho más de lo que enseña. Finalmente no hay cabriolas en la estructura, ni en el lenguaje usado, ni siquiera aparecen los prometidos nazis que según su prólogo les asediaban, todo ha sido un entretenido pero olvidable espejismo.
La verdad es que teniendo en cuenta lo que ha hecho y lo que tenía entre manos, y aunque me duela escribirlo, hubiera sido mejor decisión poner tras las cámaras a Michael Bay.

Calificación: 4/10

 
 

Título original: Dunkirk
 Año: 2017
Duración: 107 min.
País: Estados
Director: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy,Barry Keoghan, Harry Styles, Jack Lowden, Aneurin Barnard, James D’Arcy,Tom Glynn-Carney, Bradley Hall, Damien Bonnard, Jochum ten Haaf, Michel Biel
Productora: Warner Bros. Pictures / Syncopy
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