Dos vidas

Vive o muere

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La vida es cruel y, habitualmente, no es justa. En determinadas ocasiones pensamos que el mundo es caprichoso, que actúa en nuestra contra, que intenta darnos por culo a la mínima de cambio; así es como normalmente funciona todo, sin equilibrio, sin racionalidad. En otras ocasiones parece que el peso de la justicia y la memoria sensitiva de esta vida tan puta en la que vivimos nos castiga a base de bien, llegando a la frustración y a la infelicidad a pasos agigantados. Si haces algo malo, puede que el castigo llegue tarde o que, incluso, nunca llegue; pero cuando te toque sufrir, sufrirás. Horrible pero cierto.

La historia contemporánea nos ha brindado la ocasión, con el paso del tiempo, de vivir en primera persona el por que el ser humano es castigado por la naturaleza de sus actos. Atentados, conflictos bélicos, guerras, revueltas, odio elevado a odio. A medida que el tiempo ha ido avanzando, parece que muchos no han avanzado con el, que no han evolucionado de forma grata haciendo barbaridades horribles, brutalidades sangrientas y totalmente excesivas que han ensalzado la maldad de la raza humana y de sus actos. ¿Por que las personas tienden a odiarse?, ¿Por que siempre intentamos limitar a otros?, ¿Por que no existe libertad?; todas esas cuestiones se le pasan a uno por la cabeza a medida que va creciendo, a medida que va madurando. Esas 3 preguntas son el eje de todo el sufrimiento humano y el punto de partida de la película objeto de análisis. Vamos allá.

Dos vidas intenta responder las preguntas realizadas con anterioridad, intenta mostrarnos el sufrimiento humano y la redención. Plantea la disyuntiva vital que se le plantea a la persona cuando tiene que elegir, cuando tiene que tomar una ruta u otra soportando el peso de las decisiones tomadas y de sus posibles consecuencias. Siempre hay que elegir, pero se puede o no acertar. Todo parte de ahí.

La historia se centra en Katrine (alemana de nacimiento, noruega de adopción), mujer fuerte y dedicada a su familia que será objeto de un proceso judicial abierto para la recuperación y expatriación de aquellos niños huérfanos de padre y madre nacidos durante la Segunda Guerra Mundial, fruto de las relaciones surgidas entre soldados nazis y mujeres noruegas. Katrine deberá de elegir ayudar y ser parte de la investigación o renegar de ella. Deberá de ser fiel a sus principios o prescindir de ellos. Deberá de elegir entre hurgar en la herida que supuso su pasado o seguir viviendo felizmente con su familia solamente pensando en el presente y en el futuro, olvidando lo que ocurrió años atrás durante su infancia. Malditas decisiones.

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Real y directa, el film consigue transmitir y convencer. Dos vidas nos ofrece una visión más del sufrimiento humano y de las consecuencias directas de un conflicto bélico de las proporciones de una Guerra Mundial, de la destrucción y regeneración de un pueblo, de las heridas que se curan y de las que nunca suturan. Consigue en todo momento hacer partícipe al espectador del sufrimiento de una mujer que contrariada por su propia situación e influenciada por su pasado se encuentra ante una disyuntiva fundamental para el resto de su vida, de una decisión a tomar que podría cambiar todo su mundo, todo su universo. Es como si, en todo momento formaras parte de ese sufrimiento, entendiendo en primera persona lo complicado que es tener una vida placentera tras haber pasado por tanto, tras haber sufrido durante tanto tiempo. Es complicado saber caer, pero más complicado es poder levantarse y saber reaccionar ante las dificultades que plantea nuestra existencia.

La interpretación tanto de la actriz protagonista, Juliane Kohler (Edén al oeste,2003) como el de su madre en la ficción, la gran Liv Ullman (Gritos y susurros,1972), muestran una naturalidad en escena digna de elogio, mostrando una relación en pantalla tan real como tensa, no necesitando apenas palabras entre ellas para transmitir sentimientos con miradas, con gestos. Cabe destacar además, que tanto la labor en la dirección como el papel de la fotografía ayudan más si cabe a que el desarrollo de la película sea en ocasiones delicioso y sencillo, teniendo momentos realmente prodigiosos (padre e hija hablando en el acantilado por ejemplo), consiguiendo ser una herramienta de lujo para favorecer la naturalidad en la  narración resultando un producto llevadero y cercano. Probablemente, el único pero reprochable a la cinta sea la pérdida de tensión a medida que avanzan los minutos, diluyéndose poco a poco, perdiendo la fuerza y las intenciones mostradas al principio para, finalmente, desembocar en un último bloque algo más descafeinado y típico. Si hubiera logrado mantener el nivel mostrado en la primera media hora el resultado podría haber sido extraordinario. Resultado aceptable y sincero aún así.

Si os gustó Good bye Lenin! (Wolfgang Becker,2003) o, la oscarizada, La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck,2006), Dos vidas supone una continuación natural de ambas, una propuesta más que correcta aunque alejada de la calidad mostrada en las dos primeras. Buena película, mejorable en algunos aspectos, inmejorable en cuanto a intención. Si cogen el puente aéreo Alemania-Noruega no se arrepentirán.

Calificación: 6,5/10

 
 

Dos vidas_MC_cartelTítulo original: Zwei Leben (Two Lives)

Año: 2012

Duración: 97 min.

País: Alemania

Director: Georg Maas, Judith Kaufmann

Guión: Georg Maas, Christoph Tölle, Ståle Stein Berg, Judith Kaufmann (Novela: Hannelore Hippe)

Música: Christoph Kaiser, Julian MaasFotografíaJudith Kaufmann

Reparto: Juliane Köhler, Ken Duken, Liv Ullmann, Sven Nordin, Julia Bache-Wiig, Rainer Bock, Thomas Lawincky, Klara Manzel, Vicky Krieps, Dennis Storhøi, Ursula Werner

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