Blue Ruin

Talión

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Aquello del “ojo por ojo, diente por diente”, o lo que viene a ser lo mismo, el castigo de un crimen con una pena idéntica en cuanto a proporciones del daño ejercido es un postulado tan antiguo como conocido por todos. Tanto se remonta a tiempos pretéritos que ya aparece reflejado en el Éxodo del Antiguo Testamento bajo el nombre de Ley del Talión. Dicha ley trataba de conseguir una proporcionalidad íntegra entre el perjuicio producido por el criminal y la sanción que el mismo recibiría para expiar sus culpas con la sociedad a la que ha dañado. Sin duda, en principio, se trata de un código bienintencionado y parcial, y seguro que a quien lo ideó le parecería que era una manera justa de impartir justicia. Pero, como todos sabemos, a veces lo que parece perfecto en teoría hace aguas en la práctica. Y es que, ya lo dice nuestro refranero, “ojo por ojo… y al final todos ciegos”.

La venganza es un concepto que encaja perfectamente como ejemplo de lo que advierte el refrán. Tomarse la ley por cuenta propia suele traer consecuencias nefastas. Y es que la violencia es como una especie de boomerang; siempre acaba volviéndose contra quien la ejerce sean cuales sean sus intenciones.

La historia del último largometraje de Jeremy Saulnier, Blue Ruin (2013), se cimenta sobre uno de esos ajustes de cuentas. En ella, Dwight, un outsider de vida aparentemente tranquila que vive en su Pontiac azul, decide resarcir la muerte de sus padres cobrándose la vida de su asesino. Tras esperar mucho tiempo a que saliera de la cárcel decide seguirlo de cerca para ejecutar sus macabros planes. Por tanto, quien se preguntara qué tipo de película era Blue Ruin ya tiene su duda resuelta. Es una historia de venganza. A lo que algunos dirán “¿Otra?. Pero si el cine está intoxicado de historias de vendettas». Es cierto, pero la cinta tiene una serie de particularidades que compensan lo manido de su argumento. De hecho ha recibido varios galardones en festivales que van desde Cannes hasta Chicago, pasando por Gijón o Marrakech; así que algo tendrá que justifique tal acogida.

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Más allá de que las historias sobre venganzas sean tan antiguas como la misma Ley del Talión y más allá de que tanto el cine como la literatura rebose de tramas en las que sus personajes tienen como objetivo tomarse la ley por su mano, si algo resulta evidente es que, por muy trilladas que puedan parecer, siempre funcionan a la hora de atraer al público. Blue Ruin no es de las obras que atraen en primera instancia ya que su distribución comercial es más bien de esencia independiente, por lo que, por lo general, el espectador que decide acercarse a ella lo hace con las expectativas vírgenes. Es ésta sin duda la mejor forma de visionar la cinta protagonizada por Macon Blair, ya que estamos ante una de esas películas que funcionan mejor cuando el espectador está libre de prejuicios.

La trama de la misma es tan minimalista como lo relatado anteriormente. No hay más. Estamos ante una historia en la que un individuo quiere matar a la persona que destrozó su vida para siempre para ajustar cuentas. En serio que no hay mucho más aparte de lo que todos sabemos por el refranero. Estamos ante uno de esos guiones parcos en giros argumentales y templado en cuanto a diálogos. Aquí la apuesta es por el minimalismo rítmico y por la narrativa visual, son las imágenes las que llevan el peso de los acontecimientos, el motor todo lo que deberá ocurrir. En Blue Ruin la trama va de un punto ‘A’ a un punto ‘B’ casi sin desviarse de los márgenes previsibles, casi como lo haría en la realidad de una ciudad cualquiera de los Estados Unidos. De hecho, este afán por contarnos la historia desde un prisma realista sin muchos alardes ni una excesiva dramatización es la clave de la propuesta de Jeremy Saulnier, quien por cierto, además de dirigir firma el libreto de la película y demuestra una notable labor en cuanto a la fotografía de la misma.

Habiendo dicho esto muchos habrán pensado que estamos ante una película poco atractiva. Ni mucho menos. Si hay algo que no se le puede echar en cara a Blue Ruin es que sea aburrida. Su notable uso de la tensión, la cual está presente casi en un tercio de su metraje y su negativa a frivolizar con un tema tan peliagudo como el que trata son bazas a su favor y factores que la hacen subir enteros en cuanto a efectividad. En Blue Ruin no veremos al típico antihéroe que resuelve sus planes de venganza de manera impecable. Aquí el protagonista es una persona que parece actuar impulsivamente y casi de manera improvisada. De hecho, resulta un poco chocante darse cuenta que durante tantos años el pobre diablo de Dwight no se las ha arreglado para trazar uno de esos planes perfectos a los que el cine de este género nos tiene acostumbrados. Aquí las cosas transcurren como transcurrirían si alguno de nosotros tratase de ponerse manos a la obra con esto de la venganza. Entre momentos de duda, de asco, repulsión, e incluso de autocuestionamiento. Es quizás por este ya mencionado afán de realismo por el que la cinta sale ganando, y es que se agradece que se quiera dar una vuelta de tuerca en cuanto a la forma de tratar un tema como éste, tan reutilizado y a veces tan manipulado a la ligera. Se agradece que su protagonista tenga unas dimensiones creíbles y verosímiles, que lo veamos sufrir y dudar de sus actos, que lo veamos caer en las trampas de su improvisación, y que en definitiva nos podamos sentir identificados con él. Esto es algo que ocurre pocas veces cuando el cine nos habla de venganza. Aquí los personajes se parecen más a nosotros de lo que pueden parecerse los que interpretaron en su día Clint Eastwood y Uma Thurman. ¿Es eso algo bueno?. Simplemente no es mejor ni peor, sino distinto.

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Poco trasfondo se puede extraer de la cinta que no se embarren entre lo evidente. Ya saben… aquello de que la violencia engendra más violencia, un poco de crítica subyacente en cuanto al fácil acceso que los norteamericanos tienen a las armas y poco más. Como ya hemos dicho Blue Ruin no destaca por su trama ni por su desarrollo, de hecho peca de una resolución muy traicionera con su propuesta formal ya que su desenlace rompe la verosimilitud mostrada hasta entonces al optarse por un final casi de western. La película más bien debe ser tomada como un ejercicio de estilo interesante y como una vuelta de tuerca atractiva en cuanto al tono con que las historias de venganza son tratadas. La cinta de Saulnier se acerca más a los cánones del neo-noir y el cine independiente que a los de superproducciones como la magnífica Kill Bill, por poner un ejemplo. Olvidémonos de aquellas historias de planes perfectos y espectaculares estrellas dándolo todo. Aquí la cosa va de otro palo. Actores desconocidos (aunque muy bien seleccionados, en especial Macon Blair), titubeos, malas decisiones, tensión y mucha sangre. Pero de esa sangre que te duele porque te crees lo que ves, esa sangre que nos choca mucho más que la de otras historias más vitaminadas por antojársenos verosímil y posible. Y es que lo que ocurre en Blue Ruin podría ocurrirle perfectamente a cualquiera. De hecho nunca deja de ocurrir… Si el refranero habla de ello, será por algo. ¿No?

Calificación: 6,5/10

 
 

Blue_Ruin_GE_MCcartelTítulo original: Blue Ruin

Año: 2013

Duración: 92 min.

País: Estados Unidos

Director: Jeremy Saulnier

Guion: Jeremy Saulnier

Música: Brooke Blair, Will Blair

Fotografía: Jeremy Saulnier

Reparto: Macon Blair, Eve Plumb, Devin Ratray, Amy Hargreaves, David W. Thompson, Bonnie Johnson, Stacy Rock, Kevin Kolack

Productora: The Lab of Madness / Film Science / Neighborhood Watch

 

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