Adaptation: El ladrón de orquídeas

Cuando el guion es el prota

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No es ninguna casualidad que hayamos elegido dedicarle nuestro primer ciclo de críticas desde que nuestra web existe. Lo confesamos: Admiramos a este director. Y tenemos nuestras razones, porque si por algo destaca Spike Jonze es por ser un artista abierto a los proyectos creativos más excéntricos y atípicos que cualquiera puede llegar a imaginar. Ya sea como productor, realizador de videoclips o director de largometrajes, su nombre va siempre unido a producciones que son concebidas para romper las barreras de lo convencional y lo cinematográficamente aceptado. Además, el estadounidense posee una versatilidad inaudita, siendo capaz de trabajar con los tremendos cafres de Jackass para después aclimatarse a gente que también gusta de romper moldes en lo musical (The Beastie Boys, Sonic Youth, Daft Punk…), o bien ponerse al servicio de otros genios vinculados al mundo del cine, como pueden ser Michel Gondry o el inclasificable guionista Charlie Kaufman. Es por ello que podemos decir sin reparos que Spike Jonze es uno de los mayores exponentes en cuanto a cine moderno y arriesgado se refiere. Muchos catalogarán su obra como “cine Indie”, o “cine de culto”; qué más da… al fin y al cabo sólo son diferentes formas de llamar a lo mismo; a una valentía creativa y una personalidad contracultural que se antepone radicalmente a los dogmas que Hollywood suele imponer.

Su película del 2002, El ladrón de orquídeas (de título original Adaptation) es el ejemplo perfecto de lo que venimos diciendo, ya que la cinta es quizás una de las más enrevesadas, rompedoras y originales, no sólo ya de su cine, sino de la industria cinematográfica en general. La culpa de todo, o si no de gran parte, la tiene el anteriormente mencionado Charlie Kaufman, un auténtico extraterrestre en esto de la narrativa cinematográfica, padre de tremendos guiones como Olvídate de (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michel Gondry, 2004) o Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich, 1999), cinta con la que el propio Spike Jonze daría un puñetazo en la mesa marcando los límites primarios de su intrincado territorio como autor.

En esta ocasión, con El ladrón de orquídeas, la dupla Jonze/Kaufman expande sus propias fronteras creativas aún más allá, dando como resultado una auténtica (y única) obra de arte en la que el proceso creativo de un guionista y su propio guión son los protagonistas de la película. Llámalo cine dentro del cine, comedia psicodramática, brainstorming audiovisual, o como sea, el caso es que pocas veces vas a ver nada mínimamente parecido a Adaptation.

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Hay quienes arremeten en contra de la película, tachándola de vacía y ególatra. Otros dirán que es confusa y ni siquiera ella misma sabe hacia dónde ir. Pero la verdad es que, contra toda apariencia, si la película deambula por momentos bajo las brumas de su propia duda es porque el trasfondo argumental lo requiere. Cualquier bache narrativo involuntario queda lejos de la realidad; más bien al contrario, si la película se vuelve farragosa en momentos puntuales es precisamente porque hay una intención clara de expresar el caos que puede suponer el proceso creativo de un escritor que anda inmerso en una de sus nuevas obras. Porque El ladrón de orquídeas, (entre casi innumerables cosas) trata precisamente sobre eso; sobre el tormentoso trance por el que todo artista debe pasar para dar a luz una obra fiel a su forma de ver la vida.

Como ya se señaló con anterioridad, aquí el propio guionista es “el prota”, y cuando decimos esto es literal. El actor encargado de meterse en la piel de Charlie Kaufman y su némesis, Donald, es Nicholas Cage, quien por cierto da la cara con dignidad interpretando al apocado guionista, lejos de las bochornosas actuaciones a las que nos tiene acostumbrados.

Ya desde los créditos de inicio, la voz en off nos sumerge de lleno en el infierno que es la mente del escritor norteamericano, un aquelarre personal donde los complejos y la inseguridad reinan sin compasión alguna. Charlie Kaufman se pinta a sí mismo como un personaje que, a pesar de su éxito creativo, es víctima agónica de sus miedos e inseguridades. Un tenebroso mantra interior de reproches y recriminaciones resuena por los rincones de su pensamiento sin cesar, por lo que Kaufman es incapaz de vivir con normalidad las situaciones más cotidianas que a cualquier persona se le presentan en la vida, ya sea relacionarse con el entorno de su propio trabajo o entablar relaciones amorosas y de amistad satisfactorias. Kaufman es a ojos de Kaufman un acobardado hombrecillo, hipocondríaco y patético que ve en el mundo real un mar donde puede ahogarse fácilmente. Aunque hay que decir que todo ello es una visión distorsionada sin razón alguna, ya que el mundo lo trata como a cualquiera de nosotros. Pero claro, es difícil ser feliz cuando se tiene a tu mayor enemigo en uno mismo.

El único subterfugio que tiene nuestro protagonista para sobrevivir a su eterna crisis existencial es la escritura. Si hay un terreno donde Charlie sabe desenvolverse, es en el de la creación de guiones para el cine. Ahí suele ser férreo en sus convicciones, inamovible. Charlie es un escritor que no tiene otra pretensión que plasmar en sus obras su verdad, su visión del mundo,  no las burdas y estereotipadas historias que la industria cinematográfica suele vender. Charlie es un artesano, no un fabricante de películas. Y esta vez se ha propuesto adaptar para la gran pantalla un guión sobre un libro que le encanta, que habla sobre orquídeas. “¿Por qué no puede haber una película que hable sólo de flores?. Las flores son fascinantes…”. Charlie parece resignarse a caer en los clichés de las historias de Hollywood, en el fondo es un romántico rebelde que vive por y para su arte. Un extraterrestre acomplejado de los que ya no quedan en el duro negocio cinematográfico. Aunque claro, ser romántico en estos tiempos tan pragmáticos no es lo más recomendable para alguien que pretenda conservar su salud mental. Pues bien, Charlie se acaba de meter en la adaptación imposible de un libro que le apasiona, pero que no da de sí, un proyecto que casi todo el mundo ve como una cruzada digna de un lunático Don Quijote.

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La antítesis directa de Charlie es su compañero de piso, Donald Kaufman, su hermano gemelo, un personaje que no existe en la vida real pero que aparece en los fotogramas de la película solamente para recalcar el conflicto de valores que Charlie Kaufman tiene respecto a los cánones hollywoodienses (su lado romántico contrastado con su lado pragmático). Así pues, Donald es un mero (y genial) recurso narrativo; un personaje imaginario que, al contrario que Charlie, acata cada dogma de la religión del Blockbuster. Donald es la personificación del escritor que cede a las convenciones de la industria cinematográfica en pos de conseguir el éxito de su vida y forrarse de dinero. Un hombre seguro de sí mismo, fanfarrón en ocasiones y más bien corto de miras, que sin embargo consigue que se le abran todas las puertas de las productoras fácilmente a base de escribir historias trilladas y llenas de tópicos. Ah… y para colmo, tiene éxito con las mujeres.

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Dicho todo esto, e intentando no desvelar demasiado de la trama para los que aún no se hayan acercado a la película de Spike Jonze, hay que señalar que Charlie Kaufman y el director de la película usan todos estos ingredientes para perfilar la que es una de las obras más imaginativas, afiladas e impresionantes de lo que llevamos de historia del cine. Las cabriolas narrativas son de tal magnitud, que para sorpresa nuestra nos daremos cuenta puntualmente de que estamos ante una película que se escribe a sí misma y nos cuenta igualmente cómo se construyó hasta desembocar en el resto de la trama. Parece una excentricidad sin parangón, y la verdad es que lo es. Pero, ¡qué deliciosa excentricidad!. Además, por si fuera poco, su actitud crítica ante el conformismo creativo por parte de autores y espectadores, y su protesta ante el cine visto como un mero producto es tan salvaje y afilada como fina, ya que la cinta en su tramo final termina “sucumbiendo” bajo los clichés más usados del cine comercial; a saber, intriga y tensión impostada, giro inverosímil, tragedia puntual y moralina incluida con frase bonita para rematar. Adaptation acaba cediendo intencionadamente ante todo lo que su guionista rechaza en un principio, por lo que al final caeremos en la cuenta de que, ni hemos asistido a una película de flores, ni a una adaptación fiel al libro de Susan Orlean, ni siquiera a la película que Charlie Kaufman tenía en mente antes de plantarse frente a su máquina de escribir. Aunque, ¿qué mejor manera hay de criticar la decadencia del arte si no es convirtiendo lo que iba a ser una obra única y personal en una historia fortuita e improbable que todos hemos visto cientos de veces?.

Desafortunadamente, hay que adaptarse al entorno… es ley natural… Aunque a los humanos nos atormente porque la mayoría de las veces el cambio es involuntario y su dificultad nos acarrea traumas, el cambio y la adaptación son inevitables. La vida de hecho es una constante sucesión de cambios y nuestra felicidad depende en gran medida de nuestra capacidad de adaptarnos a ellos, por traumático que pueda resultarnos.

Quizás el secreto está en hacerlo tratando siempre de no perder de vista lo que nos apasiona. Quien no tiene una pasión es un esclavo de la vida. Y ya sea a base de encontrarla en el arte, en el amor, el riesgo, la naturaleza o donde quiera que sea, alcanzarla es todo un milagro terrenal. El ladrón de orquídeas nos habla en definitiva de lo difícil que es mantenerse fiel a uno mismo, de lo complicado que nos resulta vivir fieles nuestros sentimientos, valores y pasiones en un mundo que nos exige constantemente que, por mera supervivencia, nos adaptemos a él.

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Termino a sabiendas que me dejo muchas cosas en el tintero, por ejemplo hablar de la siempre maravillosa Meryl Streep, o del genial Chris Cooper y su impagable personaje… dejo muchas reflexiones sobre otros temas diferentes que se me vienen a la cabeza y de los que no hablo por no extenderme más de lo que ya he hecho. Igualmente ignoro a propósito el potencial de sus subtramas para dejar que cada uno las descubra por sí solo. Mi crítica podría ser infinita, y tal vez esté escribiendo ahora mismo desde la más franca devoción. Pero háganme caso, si de verdad os gusta el cine arriesgado y diferente, no deberíais dejar pasar esta cinta. Te apasione o no, Adaptation es una experiencia digna de ser vista al menos una vez en la vida.

Calificación: 9,5/10.

 
 

Adaptation_Ge_MCcartelTítulo original: Adaptation

Año: 2002

Duración: 114 min.

País: Estados Unidos

Director: Spike Jonze

Guión: Charlie Kaufman, Donald Kaufman (Novela: Susan Orlean)

Música: Carter Burwell

Fotografía: Lance Acord

Reparto: Nicolas Cage, Meryl Streep, Chris Cooper, Tilda Swinton, Maggie Gyllenhaal, Cara Seymour, Brian Cox, Judy Greer, Stephen Tobolowsky, Jim Beaver, Ron Livingston

 

Productora: Columbia Pictures / Intermedia

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3 thoughts on “Adaptation: El ladrón de orquídeas

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