Abierto toda la noche

No hay nada más lindo que la familia unida

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Con su nueva novela recién sacada del horno, la número cinco, y de título Tierra de campos, me aventuro a introducirme en el universo literario de este autor de imponente apellido, reconocido principalmente por sus trabajos como director o guionista, con tres goyas en su haber por Vivir es fácil con los ojos cerrados además de otras tantas nominaciones, así como poseedor del Premio Nacional de la Crítica por su novela Saber perder. Su nombre completo es David Rodríguez Trueba, es el menor de ocho hermanos y uno de ellos ha ganado un Oscar. Tras el verano se cumplirán exactamente veinte y dos años de la publicación de Abierto toda la noche, primera novela de David Trueba y de la cual me dispongo a tratar ahora.

Editada por Anagrama, la novela nos sumerge en las vidas de los miembros de una singular y muy excéntrica familia: los Belitre. Como reza al principio de la obra, «no puede decirse que conozcas a una familia porque conozcas a sus miembros. Es la conjunción de todos ellos, su sociedad, lo que les otorga un sentido». El árbol genealógico de esta lo integran un abuelo, una abuela, un tío que vive en Nueva York desinteresado por las cuestiones familiares, una madre, un padre, y sus seis hijos, todos ellos varones y de disímiles edades: el mayor es Felisín, de 28 años, y el menor es Lucas, de 9. Entre ellos se encuentra Basilio, Nacho, Gaspar y Matías.

Presentemos, escuetamente, a cada uno de estos miembros: Felisín es el mayor de los hermanos, le encanta el cine y realiza críticas cinematográficas para un periódico. Se enamora perdidamente de una francesa mientras se encuentra como enviado especial al Festival de Cannes. Basilio, de 22 años, es un chico acomplejado por su denominado en la novela «acné histérico», además de no ser en absoluto agraciado físicamente, sí lo es, en cambio, con el arte de la pintura. A la edad de 20 años encontramos a Nacho, el ligón de la casa, aficionado a la guitarra y con un espíritu impulsivo de rebelde sin causa. A Gaspar, de 14, le encanta la literatura y escribe relatos frecuentemente. Comienza a tener sus primeros contactos importantes con las chicas y, por consiguiente, con el sexo. 12 años tiene Matías, que sufre el síndrome Latimer, una enfermedad en la que el enfermo suplanta otras identidades de personas cercanas y trata de ocupar el lugar de estas pero sin renunciar a su propia identidad. En el caso de Matías, se trata de la identidad de su padre. Al explicarse exactamente en la novela de qué se trataba tal enfermedad me vino de manera inmediata a la memoria Abel, la irregular ópera prima del mexicano Diego Luna. Posteriormente, indagando por Internet, me topo con que la idea de Luna para el protagonista de su película, la cogió, efectivamente, de la novela de Trueba. Y por último, nos encontramos con Lucas, el menor de los hermanos, un niño extremadamente locuaz que adora a sus peces de colores que tiene metidos en una pecera.

Ya por otra parte hallamos al abuelo Abelardo, un claro caso de demencia senil que ocupa sus días escribiendo poesía y hablando con Dios. La abuela Alma, en cambio, sí posee una gran lucidez. Intelectual, anticlerical, fumadora, gran lectora, reivindicativa y muy crítica con su marido, al que dirige muy frecuentemente graves insultos. Lleva diecisiete años postrada en la cama, en cuya cabecera preside un retrato de André Breton, y ello a pesar de que puede caminar perfectamente. La abuela, además, posee un intrigante pasado entre escritores y artistas de su época. Para finalizar, encontramos a un padre enamorado de Francia, cansado de la rutina familiar así como de las peculiaridades tan extrañas de sus hijos. Le pesa la losa de ser desplazado como figura paternal en la familia, y no solo por la suplantación de identidad de su hijo Matías, dada su enfermedad. Pero ante todo, Félix Belitre no rechista. Se levanta temprano para trabajar todas las mañanas y no se queja en absoluto. Como tampoco lo hace la madre, Paula, que pasa los días como puede entre la cocina, el cuidado de sus hijos, el hogar, y la desgastada relación con su esposo.

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David Trueba

Junto a ellos aparecerán durante el transcurso de la obra variopintos personajes en los que se destacan dos testigos de Jehová poseedores de un muy mediocre español, un doctor que trata de unificar la psiquiatría, la psicopatología y la psicología para curar a Basilio de su timidez y rechazo a los demás, aunque terminará por intentar ayudar a alguno más, o Sara, la nueva ayudante de la abuela Alma que tanto hará tambalear los ya de por sí inestables cimientos de la familia Belitre.

El estreno en la novela de David Trueba transcurre durante el verano de 1986 en la nueva casa a la que se muda esta pintoresca familia, y tiene como virtudes la frescura y el encanto de quien sabe observar los entresijos de una familia española en aquellos tiempos. Sus cuitas y alegrías. Sus preocupaciones y sus esperanzas. Rafael Azcona aparece en la memoria muy a menudo al leer algunos pasajes del libro. Esa rutina de familia, esas singularidades que caracterizan a cada una de ellas y que se retratan con naturalidad, porque como se recoge en la novela, «en las familias predomina esa virtud de abrazar la extravagancia cotidiana como normalidad». Pero posee también otros tantos defectos, y de grandísima consideración. Entre estos se encuentra una figura del narrador altamente desacertada. Un amigo de Nacho, del que no sabemos prácticamente nada, es quien se encarga de tal función, y resulta imposible que este pueda conocer los detalles que cuenta. Para el lector, este narrador resultará confuso y nada creíble. A mí parecer, una decisión errónea de Trueba, quien podría haber optado por un narrador omnisciente o incluso por uno de los seis hermanos. Otro gran defecto que encuentro es la cantidad de ocasiones en la que la historia cae en una apabullante inverosimilitud. Ciertas partes se las podría haber ahorrado o, mejor, rebajarle espectacularidad. Resulta difícil comprender la evolución que toman ciertos personajes en la novela, sobre todo en los pasajes dramáticos, ya que en los cómicos, con la hipérbole, la ampulosidad, se digieren bastante mejor. Igualmente, no me satisface en absoluto la manera con la que Trueba se desprende de algunos personajes secundarios.

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Fotograma de La sirena del Mississipi (François Truffaut, 1969)

Los temas que se tratan en la novela son varios, aunque siempre con la familia como telón de fondo. Estos vienen a ser los complejos adolescentes y sus inseguridades, la crisis de los 50, la figura paternal y maternal en la familia, la identidad, el despertar sexual, las relaciones de amor, la ruptura, la infidelidad, la aceptación de los nuestros, los que no elegimos, es decir, de la familia. Por otro lado, el cine se encuentra muy presente durante toda la novela, así como la literatura. Y el sexo también hace acto de presencia de varias formas, desde lo más sugerente y sensual hasta caer en lo indecente, en lo más obsceno, cuando por ejemplo se trata de contar los detalles sexuales de la vida de Basilio, el del acné histérico.

Una vez concluida la lectura de Abierto toda la noche, que debe su título a una cita del escritor y periodista estadounidense Ambrose Bierce que dice que «el hogar es el único local abierto toda la noche», me deja varias sensaciones: por una parte reconozco que me ha hecho reír, algunas veces hasta con carcajadas, lo cual ya es un logro. Que se trata de una lectura amena es indudable, pero que con mucho, se trata de una historia inverosímil en muchos aspectos y que juega más a ser un mero entretenimiento, comedia ligera, agradable, con su escueto análisis sobre la familia, pero sin llegar a ahondar más, con poca profundidad como para poder escarbar en ella. Funciona como un ligero pasatiempo, muy divertido y apacible, eso sí. Veremos qué me deparan las siguientes obras de Trueba. Os lo voy contando. De momento, os dejo un párrafo de la novela que rescata muy bien la esencia de la misma.

«Cuando una familia reunida en torno a la mesa permanece silenciosa, no cabe duda de que algo grave sucede. Si nadie grita, llora, pide silencio, da golpes sobre el mantel o discute enrabietado con algún personaje aparecido en el televisor, sólo puede ser por razones de suma importancia».

 
 

Abierto_toda_la_noche_David_Trueba_portada_libro_original_MCTítulo original: Abierto toda la noche

Autor: David Trueba

Año: 1995

Páginas: 240

País: España

Idioma original: Español

Editorial: Anagrama

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