30º Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove: Día 2 (Crónica)

Sivas, Involuntary y Line of Credit

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Fotograma de ‘Sivas’

La segunda jornada del Cinema Jove comenzaba con la proyección de Sivas, premiada con el premio especial del jurado en el anterior festival de Venecia. Una de las primeras obras que hemos podido ver de la sección oficial, y con las expectativas muy altas fuimos al gran Teatro Rialto a visionarla. Sivas es la historia de Aslam, un niño de 11 años que, como todos los demás, intenta ser superior al resto y llamar la atención de la chica que le gusta. Un día cualquiera se encuentra en una batalla de perros, y acaba adoptando a Sivas, el perro que ha perdido la batalla y su dueño abandona ante la humillación que ha sufrido. A partir de ese momento comienza una lucha de egos entre él y el resto de niños del pueblo, donde acabará por conseguir una popularidad desmedida. Se trata de una historia bien rodada y que relata la búsqueda del poder siguiendo el camino ajeno al familiar, evitando la cotidianeidad de ir a clase para ganar en superioridad del grupo.

Una obra muy ágil que únicamente peca de lentitud en la zona central, pero durante escasos minutos. Una aventura sensible que, además de tratar todos los temas mencionados, se enfrasca en las peleas de perros como camino para ganar poder en la sociedad, utilizando para ello a Sivas, el cual más que luchar para ganar lo hace para defender a su dueño, Aslan. Con muchas imágenes duras de ver, de sufrimiento animal, Sivas concluye con un claro mensaje de amistad entre Aslan y el perro, al darse cuenta el humano que el animal sufre en el campo y, por tanto, no quiere darle más participación en las batallas. Resumiendo, un trabajo sobre cómo ganarse un reconocimiento en la sociedad turca, aun sabiendo que para ello se ha de actuar fuera de la legalidad, y así pues se consigue una notable película la cual da pie a una buena reflexión.

Fotograma de 'Line of Credit'

Fotograma de ‘Line of Credit’

El segundo plato del día se correspondía con el segundo trabajo de Ruben Östlund, De Ofrivilliga (Involuntary). En la crónica del primer día comentamos que el experimento no le salió del todo bien, sin embargo en este segundo trabajo se observa una evolución muy positiva y prometedora. Involuntary son cinco historias independientes que realzan el poder de la sociedad sobre uno mismo. La moraleja principal es el hecho de cómo se cambia en grupo, variando radicalmente a como es uno mismo, simplemente por el hecho de sentirse integrado y no parecer el “rarito”. Para ello, el realizador sueco se nutre del mismo estilo de la primera película, con planos fijos y donde todo ocurre dentro de él, sin mover nunca la cámara por mucho que algunos personajes no estén ahí, y solamente enfocando lo importante para él. Sin abrir el ángulo cuando habla otra persona, aunque ello resulte que le corta la cabeza en el plano, a Östlund no le importa, y así sigue en sus posteriores trabajos. Cada una de las cinco historias transmite sensaciones diferentes: El autobús, la cobardía de no confesar quien ha roto un simple enganche; las adolescentes, la inmadurez y la poca empatía; los profesores, la defensa de uno de ellos ante la ilegalidad; el grupo de treintañeros borrachos, el desfase y la falta de pudor llegando incluso a escenas homosexuales; la comida familiar con la explosión de un petardo que daña la cara del anfitrión, el creerse más que nadie al no querer ir al hospital aun estando en peligro su salud. Esto nos lleva a pensar una serie de preguntas: ¿Por qué nos comportamos de manera diferente al estar en grupo? ¿Hay que actuar ajeno a uno mismo para sentirse integrado? Involuntary, un buen estudio sobre la normalidad y sus consecuencias.

Por último, nuestro día acabó con Kreditis Limiti (Line of Credit), una producción georgiana-alemana-francesa encabezada por Nino, una mujer de cuarenta años que vive a base de deudas y créditos en la Georgia post-guerra y reciente democracia. En esta historia se observa la vida de esta mujer y cómo consigue sobrevivir ante un ruinoso negocio, vendiendo todos los bienes y solicitando préstamo tras préstamo no solamente a bancos, si no a diferentes amigos. La película resulta cargante y muy repetitiva. Intenta enseñarnos como se desahucian a familiar, lo triste que es y por qué ocurre, sin embargo el ejemplo elegido es claramente contradictorio. Nino vive el día a día con gran ostentación y derroche, incluyendo regalos caros y comidas en restaurantes de alto standing, pero luego nos quiere dar pena por no tener dinero. Bien es cierto que la guerra bajó los precios de las propiedades y bienes, pero ella también es culpable por vender la piel del oso antes de cazarlo. Una familiar con un gran patrimonio, que acaba hundida e hipotecando la pasa por no tener dinero, no me da ninguna pena ni tristeza. Tal vez se me escapó algo, pero lo que vi es eso. Como punto positivo está el ritmo y la dirección, muy fácil de seguir sin situaciones absurdas más allá de las comentadas. Un mal planteamiento en lo que destaca lo visual.

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