30º Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove: Día 1 (Crónica)

Radiator, The Guitar Mongoloid y Felices 140

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Tom Browne, director de Radiator

El primer día del Cinema Jove nos ha deparado muchas sorpresas. Muchas películas pudieron disfrutar los espectadores, y diversos espectáculos presididos por la gran gala de inauguración, sin embargo solamente pudimos observar tres de ellas ante la masificación de eventos paralelos que hubo. Tres películas muy diferentes pero con muchas peculiaridades y grandes virtudes que extraer de todas ellas. La primera de ellas fue Radiator, correspondiente también a la película proyectada en la gala de inauguración, y sin ninguna duda es lo mejor que hemos podido ver hasta este momento. Una obra que comienza con la llamada de una madre a su hijo Daniel, en la cual le cuenta que su padre Leonard no quiere levantarse del sofá y que, por favor, acuda a casa e intente ayudarla para convencer a su padre que debe levantarse. A partir de ahí comienza una aventura hermosísima sobre la vida y el avance de la edad en cada uno, amparado por una batalla entre la juventud y la vejez.

El anciano tiene superioridad moral sobre el joven, sin embargo en este momento los tornos están cambiados. El hijo manda directamente al padre, con cero comprensiones por parte de este y, ante todo, pasando de todo lo que le diga el hijo. La cabezonería del hombre acaba saturando al hijo que, en un ataque de arrebato, abandona el hogar. Y toda esta situación está siendo absorbida por la madre, sufriendo en silencio ante la pasividad de su marido y el impotente intento del hijo. Una historia preciosa sobre la comprensión de la vida, con muchos recuerdos pasados que acaban saliendo y analizas como se vivía antiguamente, siendo infeliz pero había que cuidar del hogar y del marido. Un camino muy tierno durante los noventa rapidísimos minutos que no podía tener un final más triste, con esa mirada perdida del anciano y el hijo sonriendo al haber cumplido el deber en su trabajo. Emocionante y tierno trabajo que, sin duda, merece más de un reconocimiento, aunque podría pesarle el parecido con Amour de Haneke. La actuación del personaje de Leonard es de lo mejor que he visto en años.

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Gonzalo Suárez, Ana Álvarez, Gracia Querejeta, Rafael Maluenda (director del Festival) y Paco Plaza

El siguiente trabajo que pudimos ver fue The Guitar Mongoloid, la ópera prima de Ruben Östlund. Este director sueco ha recibido un reconocimiento en forma de premio en el 30 Festival Cinema Jove, obsequiándole con la Luna de Valencia por su trabajo a lo largo de los años. Aun siendo un director joven, Ruben ha conseguido afianzarse en el cine, sobre todo a partir de Turist (Force Majeure), su último trabajo multipremiado y nominado en gran cantidad de festivales y premios. En la primera jornada del Cinema Jove pudimos ver su primera obra, en la cual se observaron muchas carencias y errores de bulto, lo cual denota todavía más la evolución que ha tenido a día de hoy. The Guitar Mongoloid es un concatenado de escenas grabadas todas en un plano fijo, que carecen de todo sentido cinéfilo y, ante todo, sentido argumental. Cuando pareces entender algo, te cambian completamente de tercio y te pierdes aún más. Existe mucha suciedad en el montaje, lo cual obviamente está hecho a propósito, pero entrelazar las cinco historias que aparecen es complicado, y lo forzado de su desarrollo es lo que llega a aborrecer. Se puede observar ya por donde va a ir su estilo, amante del plano fijo y de los comienzos con un plano muy abierto donde lo importante está en cualquier esquina que no ves, y tras una serie de eternos minutos cambia de escena. Un atrevido trabajo que flojea constantemente, lo cual al día siguiente en el visionado de su segundo trabajo quedó bastante más arreglado.

Tras este bajón, la siguiente película era Felices 140. Presentada por la directora Gracia Querejeta, el guionista Santos Mercero y el actor Ginés García Millán, tras unos minutos de aplausos y de darnos a conocer la obra, dio comienzo el visionado. Felices 140 puede resumirse de manera muy sencilla: Un comienzo potente da lugar a pólvora mojada. Una idea original acaba siendo destruida por una mal evolución. Elia, interpretada por Maribel Verdú, decide celebrar su cuarenta aniversario por todo lo alto, y confiesa a sus amigos en la misma fiesta que ha sido ganadora del Euromillones de 140 millones de euros. Tras esta confesión, una lucha de todos contra ella da comienzo, hasta que todo llega a un punto donde hay que tomar una decisión. El comienzo y gran parte de la obra están bastante bien, sobre todo cuando se van conociendo poco a poco los personajes y empiezas a lanzarte tus teorías. Pero todo tiene un fin, y es cuando se produce un giro de 180º tras un suceso inesperado. A partir de ese momento todo se viene abajo, una irrealidad inunda tus sentimientos, nadie se cree lo que está pasando. Pero no porque sea una mala o buena idea, sino porque es totalmente inútil, y así continuará hasta el cartel de fin. No es una mala obra, pero tampoco es la gran película que podría haber llegado a ser si hubiera sido mucho más creíble. A destacar una siempre notable Maribel Verdú, y dos personajes masculinos, Eduard Fernández y Ginés García Millán, que resuelven sus secundarios también notablemente. El resto pasa por ahí, ni bien ni mal. Y con este visionado acabó nuestro primer día, nos vemos en la crónica del segundo día.

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