29º Festival de cine de Biarritz (2020)

Intimismo y regreso a la historia en la Sección Oficial

La Sección Oficial de la última edición del Festival de Biarritz, celebrada del 28 de septiembre al 4 de octubre, confirmó de un modo contundente algunas de las nuevas tendencias del cine latinoamericano. Muy en especial la muestra ofrecida por el nuevo programador del Festival, el excrítico de Cahiers du Cinéma Nicolas Azalbert, que puso de manifiesto la capacidad de apertura internacional del cine latinoamericano y su alejamiento de unos estereotipos de politización ensimismada y orientado, muy al contrario, en esta ocasión, a una concentración intimista.

El primer premio fue para la ópera prima del argentino Juan Mónaco Cagni, Ofrenda, un poema elegíaco muy personal rodada con mínimos recursos y sin ninguna intención de acudir a circuitos comerciales. La película sigue a dos jóvenes mujeres que se pasean por la periferia de una pequeña ciudad provincial de la Pampa, con almacenes abandonados y edificios en ruinas, evocando el deambular y los juegos de ellas mismas en verano cuando eran niñas. Las dos vivencias separadas en el tiempo conviven indistintamente en la obra, la cual renuncia a diálogos, a historias, a la psicología de los personajes. Ofrenda se concentra en su poder de evocación y nostalgia y consigue de un modo sobresaliente recuperar en muchos momentos la pulsión de la infancia, que se siente habitar en varios de los lugares recorridos. Como el mismo Mónaco ha reconocido, es clara la influencia de Tarkovsky, aunque también de Angelopoulos, Ceylan o Kiarostami. Los bordes redondeados de la pantalla de Jauja (Lisandro Alonso, 2014) reaparecen aquí.

El Premio Especial del Jurado fue para La fortaleza, del venezolano Jorge Thielen Armand. Se trata de la segunda entrega tras La soledad (2016) de una trilogía (la tercera película se llamará La cercanía) y que entrelaza la historia de la Venezuela contemporánea y de su familia. En plena crisis económica y caos en Caracas, el protagonista, Roque (interpretado por el propio padre del director), se ve obligado a marchar al Amazonas, en concreto a un campamento turístico que empezó a construir hace unos años y que ahora quisiera completar (ésa sería La Fortaleza del título). Dominado por sus problemas de alcoholismo y psicopatías personales, reencuentra su pasado en la Naturaleza salvaje pero no logra superar los problemas que le asolaban en Caracas. En realidad, su huída se va convirtiendo en un verdadero viaje al “corazón de las tinieblas”, en una zona situada en el “arco minero del Orinoco”, en donde se practica la minería ilegal de oro. El Gobierno de Maduro actúa en complicidad con el ELN colombiano, resultando de ello la destrucción de la selva, el desplazamiento de pueblos indígenas, etcétera. Roque tiene que volver a la capital y prometer a su hijo, quien hace cine en Canadá, que tratará de reunirse con él. Lo que llama poderosamente la atención en La Fortaleza, como en general en la obra de Thielen Armand, es cómo se traza la catástrofe social del chavismo al comprobar su incrustación en la peripecia y vivencia individual de los personajes.

La fortaleza

El Premio del Público fue para la mexicana Selva trágica, de Yulene Olaizola, película que pudo verse en el Festival de San Sebastián. El film combina el género de acción y de aventuras en la selva maya entre México y Belice con el trasfondo histórico de la explotación colonialista británica del chicle en 1920, y con el cine fantástico a través de las leyendas indias de la selva, en este caso de la diosa Xtabay. La influencia del cine de Weerasethakul en este aspecto ha sido justamente señalada.

Cine fantástico es también el que ofrece el primer largometraje del uruguayo Alex Piperno, Chico ventana también quisiera tener un submarino, que conecta un crucero en los mares de Patagonia al piso de una joven en una ciudad sudamericana y a un refugio que encuentran unos campesinos en Filipinas. Puro divertimento que enlaza con una visión globalizadora.

El mexicano Julio Hernández Cordón, lejos de las apocalípticas imágenes de películas anteriores, se dedica en Se escuchan aullidos a confeccionar una sencilla película en la que su hija Fabiana es la protagonista, acompañada de su padre (que le va contando anécdotas de su infancia), de un fantasma y de una mujer lobo que toca el piano. Fabiana recorre los parajes familiares a la búsqueda imposible del lago Texcoco.

La Verónica, de Leonardo Medel, también se presentó ya en el Festival de San Sebastián. A través de cincuenta y tres planos-secuencia y con Mariana di Girolamo (protagonista de Ema de Pablo Larraín) en primeros planos sostenidos durante toda la película, el director chileno subraya el predominio de las redes sociales y la preocupación obsesiva por la imagen más allá de la personalidad auténtica.

Lina de Lima, primer largometraje de ficción de la documentalista chilena María Paz González, constituye un gran acierto, combinando crítica social, comedia y musical. Una emigrante peruana en Santiago, interpretada magníficamente por Magaly Solier, prepara sus vacaciones navideñas en Lima y al darse cuenta de que pocos le esperan allí trata de vivir sus propias aventuras en Chile. La protagonista tiene frecuentes ensoñaciones musicales a lo Tsai Ming-liang, muy bien realizadas, que la directora sabe intercalar perfectamente dentro de una historia que no renuncia, por otro lado, a presentar con crudeza la realidad de la emigración.

Lina de Lima

En Los fantasmas, el guatemalteco Sebastián Lojo lleva a cabo una dura crítica de las condiciones de vida de la juventud en la capital y de la crisis que vive el país. Como en otras películas latinoamericanas contemporáneas, la crítica se refleja sobre todo a través de las experiencias propias de sus protagonistas. Koki, guía turístico que vende sus servicios sexuales a sus clientes trabaja en complicidad con su amigo Carlos, recepcionista de hotel y profesional de la lucha libre. Tras robar a uno de sus clientes, ser objeto de una paliza por parte de sus compañeros y ser abandonado por parte de Carlos, Koki deja la capital. Todo el peso de  la denuncia de las realidades sociales parece concentrarse en la visión que la película ofrece de una ciudad en la que reina la asfixia, la alienación, la falta de conexión y un ambiente fantasmal.

Um Animal Amarelo, del brasileño Felipe Bragança, recoge las preocupaciones actuales por la indagación histórica en el cine latinoamericano. Como en Todos os Mortos (Marco Dutra, Caetano Gotardo, 2020), el director pone en primer lugar la presencia de la esclavitud en la historia brasileña. Bragança se concentra de forma surrealista en una historia del pasado colonial de su país que le lleva a Mozambique y a Portugal. El resultado resulta confuso, en gran parte por las concesiones a un esteticismo colorista que ha querido que acompañe a su incursión histórica.

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