12 filmes para entender la nueva ola griega

Lanthimos, Avranas o Tsangari son algunos de los nombres clave

Ante el estreno el próximo viernes 1 de diciembre de la esperadísima y muy recomendable El sacrificio de un ciervo sagrado, última película del realizador griego Yorgos Lanthimos, impregnada de la perversión y perturbación características de su director, hemos querido hacer balance de las obras cinematográficas que nos han llegado desde Grecia en la última década, que han creado debate, expectación y aplausos entre crítica y público, que se han paseado por festivales de cine de todo el planeta recibiendo numerosos premios y vítores, y que han marcado lo que ahora se denomina como “nueva ola de cine griego”. Factores como la tremenda crisis económica que azotó gravemente al país heleno o las ansias de querer sacudir una cinematografía un poco estancada fueron claves para este éxito actual.

  • Canino (Yorgos Lanthimos, 2009)

Sin duda alguna esta obra marcó un antes y un después en la cinematografía griega contemporánea. La tercera película como director de Yorgos Lanthimos recorrió el mundo por festivales y certámenes siendo muy celebrada allí por donde pasó, no sin dejar boquiabiertos y muy desconcertados a todos aquellos que se acercaban a visionarla. De boca en boca ha estado entre los cinéfilos hasta hace muy poco (concretamente hasta que Lanthimos se convirtió en un referente del cine independiente) y hoy día Canino es considerada como una obra de culto. El novedoso filme retrata la insólita cotidianeidad de una peculiar familia en donde nadie puede salir a salvedad del padre, quien además ha ideado todo un universo paralelo para sus tres hijos, a quienes les enseña un nuevo lenguaje y distintas maneras de relacionarse alejadas de lo convencional. Sin ninguna influencia del mundo exterior, estos tres vástagos viven en una auténtica caverna de Platón.

  • Attenberg (Athina Rachel Tsangari, 2010)

Athina Rachel Tsangari, productora de Canino, se lanzaba un año después a escribir y dirigir Attenberg, una historia de dos chicas jóvenes que viven en una pequeña ciudad industrial cercana a la costa. Bebiendo mucho de la obra que produjo, Tsangari introduce en su particular microcosmos de extrañeza y desconcierto documentales de David Attenborough, canciones de Françoise Hardy o clases de educación sexual, todo envuelto en una malsana atmósfera en la que resulta harto complicado comprender a los protagonistas, quienes intentan imitar a los gatos o sueltan sentencias como que “el siglo XX está sobrevalorado”.

  • Alps (Yorgos Lanthimos, 2011)

Tras el acontecimiento cinéfilo que supuso Canino, existía bastante expectación por ver lo nuevo de su realizador, quien volvió a impactar con Alps, donde nos narra el día a día de los trabajadores de una empresa que se dedican a reemplazar a los muertos para que la familia de estos no los eche de menos. Escrita junto a su coguionista habitual, Efthymis Filippou, este drama psicológico sobre la soledad, la pérdida o el sentido de la existencia se alzó con el premio al mejor guion en el Festival de Venecia. En España tuvo su estreno en el Festival de cine europeo de Sevilla.

  • Boy Eating the Bird’s Food (Ektoras Lygizos, 2012)

Con ecos de Bresson, y muy marcada por la crisis económica mundial, nos llegaba esta cinta griega que también hizo su aparición en nuestro país en el Festival de Sevilla, donde se alzó con el Giraldillo de Plata y el premio al mejor actor, para un inquietante y desolador Yiannis Papadopoulos, quien interpreta a un joven contratenor sin empleo, que vive sin apenas muebles en un pequeño piso y que no tiene nada para llevarse a la boca. Los desahucios, el desamparo de los políticos hacia las clases más pobres o la pérdida de cualquier atisbo de ilusión en la población son pilares esenciales en una durísima película que hay que entenderla como una obra alegórica más que como una de corte naturalista. Desagradables escenas como en las que interfieren el alpiste de su pájaro o su propio semen quedan grabadas a fuego en todos aquellos que la hayan visionado.

  • Miss Violence (Alexandros Avranas, 2013)

“Una patada en la retina. La sensación que deja es perfectamente física: la boca seca y un agudo dolor de huesos”, esto es lo que el crítico de cine Luis Martínez escribía para El Mundo una vez salió de sala en el Festival de Venecia, donde la película recogió los galardones a la mejor dirección y al mejor actor. Y como él, la mayoría de espectadores quedaron igual de sofocados y aturdidos con un sórdido y tensísimo relato que comienza con el suicidio de una niña el día de su undécimo cumpleaños. Posteriormente nos adentraremos en su familia y seremos testigos de las mayores miserias y crueldad posibles. Una ópera prima memorable.

  • Stratos (Yannis Economides, 2014)

El tercer largometraje de Economides nos conduce hasta Stratos, un asesino a sueldo que pretende sacar de la cárcel a Leonidas, quien otrora le salvara la vida. Panadero de profesión, Stratos se va sumergiendo en el turbio y peligroso mundo de la mafia, en el cual entra en un espiral de violencia difícil de escapar. Muy marcada durante todo su excesivo metraje por la crisis económica que golpeaba a Grecia en esos años, la película, que se lee igualmente como metáfora de un tiempo sin ideales ante la pérdida de todo lo que nos rodeaba y de un terreno sólido por el que pisar, tuvo su estreno mundial en la Sección Oficial de la Berlinale.

  • Xenia (Panos H. Koutras, 2014)

Alejándose un tanto de lo perverso y lo siniestro de las propuestas citadas hasta ahora, la cuarta obra de Panos H. Koutras (denominado por muchos como el Almodóvar griego) es una conmovedora historia de dos jóvenes hermanos que emprenden un viaje desde Atenas hasta Tesalónica  para buscar a su desconocido progenitor. Una road movie alocada, intensa y desinhibida sobre la condición de ser extranjero, de ser extraños para los que te rodean, y que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Gijón. Las italianas Patty Pravo y Raffaella Carrà seguro que aún resuenan en la memoria de los espectadores que han podido disfrutar de esta emotiva cinta que contiene, además,  una de las escenas metafóricas sobre el paso de la infancia hacia la madurez más hermosas que ha dado el cine recientemente.

  • A Blast (Syllas Tzoumerkas, 2014)

Nuevamente la crisis económica que se originó a partir del año 2009 sirve como contexto para esta cruel y despiadada película que sigue a Maria, una griega casada con un marinero siempre ausente y con tres hijos a los que cuidar y que la situación familiar y financiera le está asfixiando paulatinamente y provocando una depresión. Una avara madre en silla de ruedas, un abstraído padre, una hermana con problemas psíquicos considerables y un cuñado de pocas luces y afiliado a Amanecer Dorado componen parte de este desestructurado núcleo familiar. Muy recomendable esta segunda obra de Tzoumerkas para hallarnos en una irrespirable época que ha marcado tanto a Grecia como a Europa.

  • Chevalier (Athina Rachel Tsangari, 2015)

Utilizando el humor absurdo, la directora Athina Rachel Tsangari compone en Chevalier una radiografía del sistema patriarcal en el que vivimos y de un mundo en donde todos sus habitantes quieren quedar por encima del resto, triunfar a toda costa y teniendo incluso a los amigos como rivales. Para ellos nos introduce a los espectadores en el interior de un barco que navega por el mar Egeo, donde hallamos a seis hombres que además de pescar juegan a un siniestro y al mismo tiempo ridículo juego que consta de varias pruebas y que sirve para testificar al final cuál de ellos es “el mejor hombre”. Para la escritura del guion, Tsangari se sirve esta vez de la ayuda de Efthymis Filippou.

  • The Lobster (Yorgos Lanthimos, 2015)

Lanthimos se atreve ahora a rodar en inglés y con actores de la talla de Colin Farrell, Rachel Weisz, John C. Reilly o Ben Whishaw para su quinto largometraje, que es coproducida por hasta cinco países europeos. The Lobster es quizás la obra que más controversia ha creado entre sus seguidores, que bien la terminan amando o por el contrario considerándola fallida. Un servidor se agrupa entre los primeros, afirmando que se trata del mayor logro del realizador griego hasta la fecha. Utilizando el thriller, la ciencia ficción, el género romántico y la comedia dramática, la película está dividida en dos partes bien diferenciadas, la primera en un hotel donde según las leyes establecidas deben ser recluidos todos los solteros para que en un plazo máximo de 45 días encuentren pareja o de lo contrario serán convertidos en un animal que ellos escojan, y la segunda fuera del hotel, donde un grupo de sublevados que intentan hacer frente al gobierno tendrán que apañárselas entre ellos para sobrevivir como buenamente puedan. La existencia o no de lo que llamamos amor, la soledad, las relaciones humanas, la vida en pareja, el miedo a morir solo o acompañado y el peligro ante la elaboración de polémicas leyes para el supuesto beneficio de la humanidad son temas que aquí se abordan de forma sublime. Un guion que se ha llevado infinitud de premios y reconocimientos, incluida la nominación en los Premios Oscar. Hablamos sin tapujos de una obra maestra del cine heleno.

  • Love Me Not (Alexandros Avranas, 2017)

La segunda película de Avranas como director es una de las últimas apuestas de esta nueva ola de cine griego, que pudo degustarse en la Sección Oficial del pasado Festival de San Sebastián, y donde un jurado poco osado permitió que se fuera de vacío de tierras vascas. Love Me Not es una inmisericorde y retorcida historia que deja la piel de gallina sobre un despiadado matrimonio que contrata a una joven inmigrante como vientre de alquiler. Pero lo que en un principio parecía una cosa, más tarde descubrimos que se trata de otra. Planos fríos, miradas sibilinas, silencios demoledores y mucho sufrimiento en un notable filme sobre la miseria humana, sobre nuestro egoísmo más ancestral y radical. Avranas consigue sacar lo peor del ser humano y nos entrega escenas de una violencia e indecencia que rayan lo pornográfico. De quirúrgica puesta en escena y atmósfera de terror psicológico que nos hace recordar a Haneke y Lanthimos, es una verdadera lástima que todavía ni se haya estrenado en España ni tenga fecha para hacerlo.

  • El sacrificio de un ciervo sagrado (Yorgos Lanthimos, 2017)

Ya ni hablan en griego sus personajes ni la producción es griega, pero el alma y el espíritu de la obra de Lanthimos quedan intactos. Es decir, la perversidad, el desasosiego y las ganas de remover al espectador de su butaca siguen estando muy presentes, al igual que una brillante puesta en escena. En esta ocasión vuelve a atacar a la burguesía occidental con un cuento macabro sobre una enigmática familia compuesta por Steven, un respetado cirujano (Colin Farrell), su mujer Anna, de profesión oftalmóloga (Nicole Kidman), y sus dos hijos, Kim y Bob. Todos ellos de extraños modales y turbadoras costumbres (véase, por ejemplo, la forma en la que la esposa provoca erotismo a su marido). Si ya la familia produce incertidumbre, todo se tornará más oscuro cuando un joven de dieciséis años penetra en la vida de sus miembros, primero manteniendo una dudosa amistad con Steven y posteriormente lanzando una horrible maldición que les afectará a los cuatro. Ante toda esta malignidad y espanto la familia apenas trasmite preocupación, no dejan aflorar sus sentimientos, el padre sigue estando en ocasiones más preocupado por sacar al perro o regar las plantas que de la condena que les asola, perfecta metáfora de una clase alta de Occidente que disimula ante los acontecimientos desoladores que suceden a su alrededor. Como es habitual en el cine de este genial cineasta, la película nos ofrece varias lecturas y puede ser entendida esta de varias maneras. Para que las negligencias médicas no queden en saco roto, para que tengamos en cuenta que las decisiones que tomamos en nuestro día a día pueden generar nefastas consecuencias para otras personas, para nuestros allegados y hasta para nosotros mismos, o para confrontar los complejos conceptos de justicia y venganza. Para estas cuestiones y muchas más (todas las que sepamos extraer) nos sirve la presente cinta. Premiada por su guion en el Festival de Cannes y nominada hasta en tres candidaturas para los inminentes premios del cine europeo, The Killing of a Sacred Deer es otra obra espléndida, remarcable de Lanthimos, que sigue con paso firme labrándose una filmografía única, de sello propio. Somos muchos ya los que lo consideramos como uno de los autores imprescindibles de este siglo XXI. ¿Para cuándo la Palma de Oro?

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