12 años de esclavitud

La odisea de Solomon Northup

No vamos a engañarnos. Si a día de hoy existe un asunto que aún resulta moralmente espinoso para la sociedad norteamericana en su conjunto, ése es la esclavitud.

Irónicamente, la nación que hoy se autoproclama baluarte de la democracia y la libertad ante los ojos del resto del mundo, fue un país que se erigió sobre las bases del conflicto racial, contando en los inicios de su historia con pasajes verdaderamente oscuros e indignos para el recuerdo, no solo de sus ciudadanos, sino de toda la humanidad. Tanto es así, que si Alemania aún se estremece pensando en las barbaridades que cometieron sus antepasados a raíz del auge del Nazismo, los jóvenes y no tan jóvenes norteamericanos tienen el equivalente trauma moral con los problemas raciales que derivaron del Colonialismo salvaje perpetrado en siglos pasados.

La industria de Hollywood, por supuesto, ha retratado en numerosas ocasiones esta opaca faceta de los Estados Unidos. Por ejemplo, Quentin Tarantino lo hizo recientemente desde su particular prisma con la genial Django Desencadenado (Django Unchained, 2012); pero si hay una obra verdaderamente representativa de la problemática en cuestión, ésa es la miniserie de 8 capítulos que en 1977 se llevó a la televisión, Raíces (Roots, Marvin J. Chomsky, John Erman, David Greene, Gilbert Moses, 1977), una obra que tendría el honor de pasar a la memoria colectiva como una de las grandes historias sobre la esclavitud en América en el medio audiovisual. A pesar de todo, y de otros ejemplos que serían también dignos de mención, se puede decir que a Hollywood le faltaba su “Gran película sobre la esclavitud”. E, irónicamente de nuevo, ha tenido que venir un británico, Steve McQueen, para hacer el retrato más realista, dramático y doloroso que se recuerda en la gran pantalla sobre el tema.

12 años de esclavitud (12 Years a Slave, 2013), está cimentada en un guión adaptado de la biografía de Solomon Northup, un músico culto de raza negra, que a mediados del siglo XIX vivía cómodamente en Nueva York en condición de ciudadano libre, pero que por mala fortuna caería bajo esclavitud. El caso de Solomon es tan real como particular, pues desgraciadamente, le tocó ser uno de los “daños colaterales” de la política que su país mantenía respecto a otros ciudadanos de su misma raza, cayendo en 1850, víctima de una artimaña en la que dos secuestradores acabaron por venderlo como esclavo a otros compatriotas del sur. La existencia de Solomon como esclavo, duró exactamente doce años. En todo ese tiempo, la vida de una persona que antes disfrutaba de los derechos de un estadounidense cualquiera, daría un vuelco para pasar a ser una mera propiedad en manos ajenas, sin derecho alguno como ser humano y sujeto al capricho y el eventual abuso de muchos de los que serían sus amos.

Steve McQueen, que ya dirigió anteriormente la implacable Shame (2011), no se corta ni un pelo a la hora de mostrar la crueldad, la violencia y el sufrimiento a los que los esclavos fueron sometidos por parte de sus amos, según  el testimonio de Solomon en su tremenda biografía. De hecho, más de un espectador puede quedar impactado por lo gráfico de algunas de sus escenas y la vileza que se respira en toda la película, pues quizá la característica más destacable en 12 años de esclavitud es esa misma, la férrea voluntad de retratar el agónico drama con un hiperrealismo que no deje lugar a concesiones y que duela como la punta de los látigos que continuamente oímos restallar en las sufridas espaldas de los personajes. Por supuesto, aquí la violencia no sólo es gráfica y física, también las vejaciones psicológicas desfilarán por la pantalla con el mismo rigor, especialmente en la parte de la trama que protagoniza un despreciable villano encarnado por Michael Fassbender,  por lo que, además de sobrecogernos, nos veremos irremediablemente obligados a reflexionar hasta qué punto el ser humano es capaz de despojar a otro de sus derechos más básicos en pos de su propio provecho.

Como contraste a lo tremebundo de la historia y a lo tenebroso de los sucesos que se nos narran, tenemos un uso de la fotografía preciosista y brillante en el más amplio sentido de la palabra. Éste es otro es los aspectos claves de la cinta de Steve McQueen. Su aspecto visual es impresionante, tanto que cada plano de la película destaca por su cuidadísima composición y por su estética visual (hay una secuencia con una soga de por medio que me tiene enamorado sin remedio). La historia es oscura, pero los colores cálidos de la luz que se derrama sobre el suelo y la naturaleza americana contrastan brutalmente. Parece que se nos quisiera sugerir así, que bajo todo el esplendor de la nación norteamericana subyace un pozo moral oscuro como el infierno que no se capta a simple vista. Sin duda, Sean Bobbitt, el director de fotografía de la película, ha sido injustamente obviado por la academia de los Oscars, ya que su enorme trabajo para la película no ha recibido ninguna nominación para llevarse la estatuilla, y la verdad es que es una auténtica obra maestra.

Vamos a otra de sus virtudes. 12 años de esclavitud reune en sus filas a un conocidísimo reparto de actores. En él destacan un impresionante y “desquiciado” Michael Fassbender, un elegantísimo Benedict Cumberbatch, o un Paul Dano que hace tan bien su papel de negrero despreciable, que despierta unas ganas enormes de que alguien lo infle a tortas de una vez. El plantel femenino es lo que me chirría un poco más, pero sin duda me parece que su gran acierto está en haber elegido a un muy eficiente Chiwetel Ejiofor como protagonista, pues su relativa poca fama ayuda a que el espectador empatice más con el personaje que si lo hubiese encarnado otra cara mucho más conocida. De todas formas hay muchísimas caras famosas que desfilan por pantalla, desde Paul Giamatti a Brad Pitt.

Pero hasta aquí llegan las virtudes de la película de McQueen. Su estética, su plantel y su tono realista son sin dudas sus puntos fuertes, todo esto refuerza con acierto la tremenda Odisea que Solomon Northup sufre ante nuestro asombro y estupor como espectadores. Pero hay un punto clave que hace que lo que podría haber sido una obra maestra, se haya quedado en una cinta “solamente” notable; y esa cosa no es otra que el tremendo empeño que pone en transmitir su discurso. Me explico, 12 años de esclavitud es tan autoconsciente de querer ser esa “Gran cinta sobre la esclavitud” americana, que tiene una obsesión cuasi enfermiza en posicionarse de una forma políticamente correcta ante los visos tenebrosos de su historia; a cada instante se expresan en voz alta teorías y juicios sobre la esclavitud y la libertad, se nos dice de mil formas “Todo esto era vergonzoso”. Ya sabemos que era vergonzoso y que no debió pasar, resulta evidente, no hay más que ver lo que ocurre en pantalla… no es necesario que se nos taladre la cabeza y se nos dé tan mascado el mensaje. En definitiva, su afán por quedar patente como una enérgica denuncia es tan enfermizo, que uno termina por preguntarse si en realidad no lo están tomando por borrego.

¿Es todo eso una estrategia para quedar bien ante público y crítica?. Quizás.

De momento acapara 9 nominaciones en los Premios Oscar y apunta a ser una de las grandes triunfadoras. Si termina siéndolo, no será injusto, pues es una muy buena película (sobre todo su primera mitad, que es sublime, impecable…), pero que tampoco se obvie que gran parte de la culpa de su triunfo lo puede tener su peso como “película que salda una deuda moral histórica”. Eso sí, poniendo el dedo en la llaga.

Calificación: 8/10

 
 

12_anos_de_esclavitud-cartelTítulo original: 12 Years a Slave

Año: 2013

Duración: 133 min.

País: Estados Unidos

Director: Steve McQueen

Guion: John Ridley. (Biografía: Solomon Northup)

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Sean Bobbitt

Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis

Productora: Summit Entertainment / Plan B / River Road Entertainment / New Regency Pictures / Film4

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